miércoles 1 de febrero de 2023

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EDITORIAL

Juego de adivinación

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Por Redacción El Ancasti

Las negociaciones paritarias se han convertido en un “juego” donde compiten adivinadores: de un lado la patronal, que puede ser el Estado o un sector privado, que apuesta a que la inflación anual rondará el 15 por ciento y en torno a esa proyección presunta ofrece un aumento salarial acorde; del otro, los sindicatos, que aseguran que el incremento general de los precios será superior al 20 por ciento, y en base a ese criterio piden un incremento más cercano a ese nivel hipotético que a los cálculos patronales, que por cierto son similares a los del Gobierno nacional.

Entre los gremialistas que negocian son muchos los que han aceptado sin demasiado pataleo un porcentaje “patronal”, lo que ha generado malestar en sus bases y solo se explica por la vigencia de otros acuerdos, cuyo contenido obviamente se desconoce.

Vaticinan que en el primer semestre, la inflación será del 12 por ciento

En realidad, el porcentaje que alcanzará la inflación anual es un ejercicio de adivinación, porque está sujeto a múltiples variables, la mayoría de ellas difíciles de anticipar y/o controlar. De todos modos, hay algunas pistas que deben tenerse en cuenta al momento de calcular proyecciones: por ejemplo, hay bastantes coincidencias entre las consultoras y economistas que durante el primer cuatrimestre la inflación será algo superior al 8 por ciento. 

Proyectando esos números, el incremento general de precios a fin de año estará cerca del 25 por ciento. Probablemente sea inferior, considerando que el grueso de los aumentos de las tarifas de los servicios públicos se dio en el primer trimestre, y eso posibilitaría que la inflación en los meses de los dos trimestres restantes esté más cerca del 1,5 por ciento que del 2 por ciento. En ese caso, rondaría el 20 por ciento anual en diciembre, con lo cual las paritarias del 15 por ciento implicarían una pérdida considerable del poder adquisitivo.

Pero los porcentajes mencionados, como ya se apuntó, son meras probabilidades, y no hay garantía alguna de que se terminen cumpliendo. De modo que cuando hay diferencias en este tipo de negociaciones por cuestiones vinculadas a la marcha de la evolución futura de los precios, lo más aconsejable es apelar a una herramienta que ha dado buenos resultados el año pasado, cuando se aplicó luego de la debacle de los salarios de 2016. Nos referimos a la denominada “cláusula gatillo”, que consiste en un acuerdo para que en caso de que la inflación supere el acuerdo paritario, los salarios se actualicen de acuerdo con el nivel inflacionario anual.

Es curioso, pero el Gobierno nacional se opone a que los acuerdos para los aumentos salariales se den con este tipo de cláusula, mientras que la aceptó para los bonos de deuda que emitió a los fines de garantizarles rentabilidad a los inversores financieros.

La aplicación de la cláusula gatillo en las negociaciones paritarias, además de otorgar previsibilidad, evitaría que mengue el poder adquisitivo de los asalariados, acentuando el fenómeno preocupante de caída del consumo que viene registrándose en la economía argentina desde fines de 2015.

No parece, sin embargo, ser la voluntad de las patronales públicas y privadas, con lo que seguramente el 2018 se parecerá más al 2016 que al año pasado. 

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