Afianzadas las restricciones impuestas a las pretensiones de Axel Kicillof, el ultrakirchnerismo reanudó sus ataques a los gobernadores que se han desmarcado de su rígida férula.
Afianzadas las restricciones impuestas a las pretensiones de Axel Kicillof, el ultrakirchnerismo reanudó sus ataques a los gobernadores que se han desmarcado de su rígida férula.
Es una táctica en la que insiste pese a los magros resultados que ha arrojado para "La Cámpora" en términos electorales y los evidentes perjuicios que le acarrea en el terreno de la representación institucional, pero que se entiende en función de un objetivo adecuado para la gestión del revanchismo: impedir la construcción de cualquier alternativa que amenace con desplazarlo como antagonista principal de Javier Milei. Si retener el control del peronismo metropolitano demanda someter a Kicillof, la neutralización de las expresiones peronistas con anclaje territorial en el interior es indispensable para abortar eventuales embriones de renovación.
El episodio más difundido de esta escalada ocurrió durante la declaración de Cristina Kirchner en la "Causa Cuadernos". La expresidenta, condenada y presa por la "Causa Vialidad", dio a entender que, según unos diálogos telefónicos entre el empresario Pedro Etchebest y el falso abogado Marcelo D'Alessio, una persona a la que se referían como "Gustavo" era el gobernador de Salta Gustavo Sáenz. D'Alessio, aseveró, gestionaba ante Etchebest una coima para el fiscal Carlos Stornelli, instructor del expediente. Las tratativas habrían sido en un parador de Pinamar en enero de 2019, en presencia de Sáenz, que por entonces era intendente de Salta y oficiaba de "valijero".
Sáenz, lógicamente, salió al cruce de estas "mentiras y difamaciones". Además, difundió un video con declaraciones del juez federal Alejo Ramos Padilla durante una exposición que hizo en la Cámara de Diputados en marzo de 2019, en el marco de la investigación por el caso D'Alessio. En ese testimonio, informó que Sáenz se había presentado voluntariamente, aportado su teléfono celular y colaborado con la investigación, lo que permitió descartar cualquier sospecha en su contra.
"No espero que pidan disculpas, pero sí que tenga la grandeza de dar un paso al costado del PJ. No puede ser el juguete de su hijo y sus amigos", sugirió Sáenz, que también había sido blanco de las críticas de la ex intendenta de Quilmes y actual diputada provincial en Buenos Aires, Mayra Mendoza.
Menos notoriedad alcanzaron unas declaraciones de Máximo Kirchner en las que cuestionó las relaciones de los gobernadores con Milei y señaló específicamente al catamarqueño Raúl Jalil. A esta altura puede considerarse que Máximo le ganó a Kicillof el sucesorio de legado político de Cristina, pero parece haber adoptado también la propensión a las inexactitudes. Le reprochó a Jalil, por ejemplo, no haber correspondido los esfuerzos de Néstor y Cristina a terminar en Catamarca con "20 años de Brizuela del Moral". Debe inferirse que habla de Eduardo, que no fue gobernador de la Provincia 20 años sino ocho, en gran medida gracias al matrimonio Kirchner.
Convenientemente, el heredero omitió el papel que jugó Cristina en 2003 para impedir que Luis Barrionuevo compitiera contra Brizuela del Moral y que en 2007 la irreprochable cristinista Lucía Corpacci fue electa vicegobernadora del mismo Brizuela del Moral, defenestrado por alinearse del lado incorrecto en el conflicto con el campo en 2008. Tal vez Máximo no se enteró porque su tío Armando "Bombón" Mercado falleció antes de poder contárselo, pero no faltaron peronistas catamarqueños que comentaron los posteos en las redes y le recordaron que los Kirchner contribuyeron a extender ocho años el ciclo del poder del FCS en Catamarca, en contra del peronismo. No es cuestión de alimentar rencores inconducentes. Fue Máximo el que trajo a colación la fantástica historia de los 20 años de Brizuela del Moral, que en paz descanse.
Máximo y su madre acusan a los referentes del interior que no se les subordinan de colaborar con una estrategia de "balcanización" del peronismo, sin asumir ninguna responsabilidad sobre tal proceso y tratando de colectivizar sus culpas. Resulta entonces que Daniel Scioli y Alberto Fernández fueron candidatos a la Presidencia por decisión del peronismo y los gobernadores, no de ellos, que desistieron generosamente de sus legítimas aspiraciones y acataron la voluntad del conjunto.
Lo cierto es que el peronismo, fenómeno político que ha adoptado diferentes rostros a lo largo de su fascinante historia, experimentó una declinación sin precedentes bajo la conducción de Cristina Kirchner, quien no se privó de "balcanizarlo" en 2017 con "Unidad Ciudadana" porque le convenía. La caída registró un amesetamiento en 2019, debido a que CFK absolvió a Alberto Fernández y Sergio Massa. Es decir: debido a que Cristina revirtió circunstancialmente la "balcanización" inducida por su propia conducción facciosa, expresada en la multiplicación de desdoblamientos de elecciones provinciales operadas por los gobernadores para sustraerse de la toxicidad metropolitana.
El experimento de la "máscara de Alberto" fue tan virtuoso electoralmente como breve en la gestión. Para las elecciones de medio término de 2021, ya la entonces vicepresidenta y "La Cámpora" empeñaban toda su inteligencia en demoler la autoridad del mediocre Fernández, que no supo, no pudo o no quiso aprovechar el respaldo de los gobernadores para emanciparse. Las maniobras alcanzaron su cúspide destructiva al año siguiente, con el rechazo en el Congreso al acuerdo con el FMI, la salida de Martín Guzmán como ministro de Economía y su reemplazo por Massa.
El problema del kirchnerismo es que se ha quedado sin naipes para seguir condicionando a las tribus peronistas y anda en busca de un nuevo Alberto. Dados los antecedentes, difícil que aparezca. Entre tantos torpedeos desde el eclipse ¿se animará Máximo a la candidatura presidencial?. También dijo que "jamás" se "montó arriba de nadie para llegar a algún lugar". ¿Tu quoque Brute, fili mi? Cuánta ingratitud.