lunes 6 de abril de 2026
EDITORIAL

Las otras víctimas

Por Redacción El Ancasti

En los casos de violencia machista, y sobre todo, en su expresión más cruel y extrema, el femicidio, las mujeres no son las únicas víctimas. En la gran mayoría de los casos, entre las secuelas del crimen quedan huérfanos, niños que perdieron a su madre asesinada y a su padre victimario y que padecen los efectos traumáticos de la violencia que vivieron de cerca.

El Estado parece haber reaccionado tarde en el reconocimiento de esta dolorosa realidad. Durante muchos años los hijos de las víctimas de femicidios fueron prácticamente abandonados a su suerte, atendidos y contenidos, a duras penas, por familiares.

Una publicación de El Ancasti en su edición de ayer revela que los tres pequeños hijos de Julieta Celina Herrera, asesinada el lunes 9 de octubre de 2017 en su casa en Sumalao, Valle Viejo, no recibieron hasta el momento asistencia y contención psicológica. El asesino de Julieta es el padre de los tres chicos, que desde aquella fatídica mañana se encuentran al cuidado de la abuela materna.
Son muchos los casos similares en todo el país. En promedio, cada año alrededor de 300 mujeres son asesinadas en un contexto de violencia de género. Entre 2012 y 2016, según las estadísticas elaboradas por la ONG La Casa del Encuentro, al menos 1815 quedaron huérfanos por este tipo de casos. El 64 por ciento son menores de edad, lo que agrava la situación.

Los especialistas sostienen que los chicos en estas circunstancias suelen padecer, luego del trauma, problemas físicos, emocionales, cognitivos y de conducta. Pero también ira, ansiedad, baja autoestima, depresión, alteraciones en el sueño y trastornos alimenticios, además de retrasos en el crecimiento, en las habilidades motoras, déficits de atención y de habilidades sociales. Es probable también que caigan en adicciones a las drogas o al alcohol.

Debe entenderse, al mismo tiempo, que habitualmente las pequeñas víctimas, que presenciaron el crimen o estuvieron muy cerca de él, también vivieron un historial de violencia previo al desenlace fatal.

La buena noticia es que en Catamarca rige desde hace pocos meses la Ley Nº 5528 que garantiza el bienestar integral de los Niños, Niñas y Adolescentes Hijos de Madres Víctimas de Femicidio. Se trata de una reparación económica para los hijos de madre fallecida a causa de este delito, que se traduce en el derecho a percibir una remuneración económica mensual inembargable. El monto será igual al de una pensión mínima, de unos $6.000 en la actualidad.

La norma debe de ser perfeccionada, porque hay otros menores, hijos de mujeres asesinadas, que quedan afuera del beneficio solo porque el asesino no fue condenado por el delito de femicidio, aunque sea la pareja o ex pareja de la víctima.

Pero más allá de la compensación económica, los pequeños que han vivido, y lo seguirán haciendo, un verdadero calvario, lo más importante es que reciban la contención psicológica y afectiva que les permita seguir viviendo, y superando progresivamente las secuelas que les dejó un episodio que les cambió la vida para siempre.

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