No hay ninguna duda que, frente a los países desarrollados y los potenciales inversores extranjeros, Argentina está pagando el alto precio de sus vaivenes políticos y la falta de estabilidad y, por lo tanto, de previsibilidad económica.
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Una confesión que preocupa
Lo ha comprobado en carne propia esta semana el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, quien viajó a España con el objetivo de “vender” Argentina a los empresarios que buscan destinos para sus inversiones. Porque en lugar de buenas señales se encontró con dudas lógicas en torno a la inflación, el alto nivel de endeudamiento y hostilidad social. Lo último podría resumirse más bien en conflictividad gremial y resistencia a los cambios.
Pero Dujovne no solo no logró seducir a los empresarios españoles sino que además generó aún más preocupación a los argentinos con su confesión respecto a la inflación, que representa hoy uno de los puntos más críticos del país y de la propia gestión Macri.
"La inflación está bajando y seguirá bajando. Nadie en el Gobierno lo duda. Cuesta mucho más porque, a diferencia de otras ocasiones en el pasado, no estamos apelando a atajos. No estamos congelando precios, ni tarifas, ni fijando el tipo de cambio. Es un camino más difícil, pero de mejores resultados. Somos optimistas", dijo el Ministro en contacto con la prensa.
"Tardaremos un año más en llegar, pero nadie duda de que el resultado será exitoso. Ratificamos el 15 por ciento para este año, el 10 para el próximo y el 5 para el 2020. No retrocedemos un centímetro y seremos exitosos", concluyó.
El optimismo del ministro Dujovne es, claramente, una estrategia política del Gobierno. Porque, en los hechos, la confianza de la gente sobre el rumbo económico del país ha empezado a decrecer en forma notoria en las últimas semanas.
Un sondeo realizado por la consultora Opinaia indica que las expectativas sobre la evolución de la economía cayeron cinco puntos desde noviembre de 2017 (47%) y se ubican ahora en un 42%, si bien llegaron a bajar al 38% en enero.
Para Juan Mayol, director de esa consultora, eso se puede explicar por los siguientes factores: "Desde diciembre las noticias fueron los aumentos de tarifas, combustibles, prepagas, dólar y todo el arrastre inflacionario que eso implica. Hasta marzo y abril, la gente no sabe cuánto serán sus ajustes de ingresos en el año. Todo esto en un contexto en el cual el Gobierno fija como objetivo el 15% y la sensación de que los salarios serán ancla inflacionaria".
Por su lado, Lucas Romero, director de Synopsis, consultora que registró una caída de expectativas a futuro del 43,2% en noviembre de 2017 al 29,7% en febrero, señala que "la gente ve que lo que hace el Gobierno en materia económica aún está carente de resultados, especialmente por la persistencia de la inflación".
Si bien el nivel de popularidad o de buena imagen del presidente Macri se mantiene en niveles aceptables –para el Gobierno, son más que alentadores-, para el ciudadano común la situación de la economía es, cada vez más, un problema central que la administración nacional no consigue resolver.
El riesgo es que la inflación aumente –o incluso no ceda- en los próximos meses y el poder adquisitivo de la población se deteriore aún más. En este contexto, la admisión del ministro de Hacienda de que no tiene herramientas para combatir la escalada de precios agrega un elemento de peso más al creciente pesimismo social.