EDITORIAL

Luces del Primer Mundo

domingo, 02 de diciembre de 2018 · 04:09

El presidente Mauricio Macri y su equipo esperan encontrar en el G20 el suficiente oxígeno político para encarar sin tantos sobresaltos el último tramo de su mandato. La apuesta es consecuente con un estilo de gobierno que le da exagerada entidad a la imagen por sobre los datos duros de la realidad.
Consideran en Casa Rosada que el hecho de que el Gobierno argentino haya sido anfitrión en un evento al que asistieron los líderes políticos de las principales potencias mundiales es un golpe de efecto positivo, que contribuye a reinstalar al país en la consideración internacional y razón de peso para que los inversores recuperen la confianza perdida.

La realidad, sin embargo, ha demostrado que análisis de este tipo, propio de una mirada ingenua y simplista respecto del funcionamiento de la economía y la política, no suelen corresponderse con lo que luego efectivamente sucede.
El Gobierno debería abandonar cierta pasividad exasperante, fundamentada en su creencia de que el mercado todo lo resuelve, y tener mayor proactividad en la resolución de los problemas que se observan en la economía, restricciones severas que no se irán mágicamente por las fotografías tomadas estos días que muestran al Presidente con los gobernantes de los países más poderosos de la tierra.

Mientras el G20 acontecía se conocieron datos oficiales que corroboran la profundización de la crisis. Los salarios registraron en los últimos doce meses una mejora del 23,7 por ciento. En el mismo período, la inflación fue del 40,5 por ciento. El cálculo no es complicado: los trabajadores en relación de dependencia perdieron en promedio casi 17 puntos porcentuales respecto del incremento de los precios. El deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores no registrados ha sido aún mayor.

La caída de los salarios, a su vez, profundiza la recesión porque impacta inmediatamente en el consumo privado. Y la baja notable de las ventas provoca el cierre de comercios y fábricas. Según datos oficiales, en los primeros nueve meses de 2018 se destruyeron más de 200.000 puestos de trabajo registrados. 

El sector más afectado por la política económica del actual Gobierno es sin duda la industria. Desde diciembre de 2015 hasta septiembre de este año se perdieron poco más de 107.000 empleos manufactureros y en lo que va de 2018, 42.200.
La caída del PBI de este año se repetirá en 2019 según todos los análisis, incluso los del Fondo Monetario Internacional. De modo que las perspectivas no son alentadoras en el corto plazo. 

El problema es que detrás de las estadísticas hay personas de carne y hueso que ven diariamente perder su salario, en el mejor de los casos, o su puesto de trabajo, lo que es aún mucho más dramático. 

Revertir el proceso de deterioro de la economía rápidamente, mientras se generar políticas de contención social para los sectores más afectados por el modelo, deberían ser prioritarios para el Gobierno, que no puede darse el lujo, en las actuales circunstancias, de encandilarse con las luces primermundistas del G20.

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