sábado 2 de mayo de 2026
Cara y Cruz

Adorni, final de juego

El informe del Jefe de Gabinete Manuel Adorni ante la Cámara de Diputados tuvo sabor a final de juego.

Todo el gabinete fue obligado a integrarse a la “barra brava” que acaudilló Javier Milei para respaldar al devaluado funcionario desde los palcos, pero la intensidad del circo no fue la que se pronosticaba.

La farsa se circunscribió a unas cuantas chicanas que Adorni enfrentó impávido, aferrado al argumento de que solo le debe explicaciones a la Justicia y a sus jefes.

Las tropas de apoyo se retiraron después de que Milei hiciera su puesta en escena de ataques a la izquierda, el kirchnerismo y los periodistas, con la tarea hecha a medias.

Las facciones de la oposición no se ensañaron demasiado con el ministro coordinador porque parecen haber asumido que ya no pueden sacar más jugo de pegarle. Cumplieron con el ritual de fustigarlo, pero ya en tono de cierre de etapa.

Que le sigan apareciendo propiedades y viajes no cambiará la escena, mucho menos tan lejos de las elecciones. Solo resoluciones imortantes de la Justicia que obligaran a los hermanos Milei a nuevos espectáculos de respaldo podrían incidir en este sentido.

La decisión de exponer a todo el gabinete en el Congreso tenía como objetivo que las travesuras de Adorni continuaran compitiendo en la agenda del debate público con asuntos de mayor gravedad, más erosivos desde el punto de vista político, pero la mayor parte de la oposición se abstuvo de morder el anzuelo. Al fin y al cabo, por muy encumbrado que sea el cargo que ostente, Adorni no deja de ser una pieza menor y su proyección está prácticamente anulada.

Adorni es es escudo manso de la Jefa de Gabinete real, Karina Milei. El costo político de sostenerlo ya fue amortizado. Adorni es es escudo manso de la Jefa de Gabinete real, Karina Milei. El costo político de sostenerlo ya fue amortizado.

Perseverar en los ataques a su figura implica contribuir a una estrategia que los estrategas libertarios diseñaron desde que el escándalo estalló y Karina decidió sostenerlo contra viento y marea: usarlo con fines profilácticos, para distraer la atención.

Adorni ha perdido la posibilidades de adquirir relevancia y a esta altura es un pasivo amortizado

Para el Gobierno, no era necesario amputar el miembro mientras la gangrena no avanzara, a tal punto que la defensa del funcionario se complementó con una ampliación de sus ya importantes potestades, que en realidad es la ampliación de las potestades de Karina y el menemismo residual.

Esto es lo que han entendido no solo los opositores, sino también los sectores reticentes al comando de Karina en el gabinete: Adorni es un escudo manso, dispuesto a soportar cualquier humillación.

El Jefe de Gabinete real es la hermanísima, pero no conviene formalizarla en el puesto. Y otras figuras podrían no ser tan dóciles como el insignificante vocero, que la semana que viene retomará las tertulias con los periodistas en la Casa Rosada como para demostrar que todavía sirve para algo.

Digerido el golpe del escándalo, pagados costos que ya no pueden ser más altos, Milei avanza en nuevas controversias para recuperar la iniciativa política.

En este sentido habría que interpretar la reanudación exacerbada de sus ataques a la prensa como institución republicana, los “empresarios” y los econochantas, en los que se regodea durante las disertaciones que ofrece a auditorios en los que la hospitalidad se confunde con el cinismo.

Mesiánico, necesita que arraigue la hipótesis del complot de la “casta” para la eventualidad de que el programa económico fracase definitivamente y se lleve puesta su reelección. Precisa responsables de que sus pronósticos no se cumplan, manipular datos, desacreditar objetores…

El eclipse del kirchnerismo y los movimientos que empiezan a desarrollarse en la oposición son inquietantes para el régimen libertario en un punto central: son muy pocos los que a esta altura cuestionan la conveniencia de sostener el equilibrio fiscal.

La discusión cambia de eje: la cuestión es cómo se reactiva la economía para no condenar a la Argentina al ajuste perpetuo.

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