En momentos en que desde ciertos ámbitos del gobierno nacional se intenta instalar un discurso cuestionador de algunas reivindicaciones de los pueblos originarios, una representante catamarqueña de esas comunidades se convirtió en noticia por un logro muy digno de destacar, pues se recibió de abogada con uno de los mejores en la Universidad Nacional de Catamarca. Recibió el título el pasado 3 de agosto.
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Políticas para superar la exclusión
No es un hecho demasiado habitual que jóvenes que han padecido durante toda su vida situaciones de marginalidad –territorial, social, cultural- alcance éxitos de esta naturaleza.
Jorgelina del Valle Guerra, oriunda de la comunidad originaria de Corral Blanco, departamento Belén, es la flamante profesional que pudo superarse pese a las injusticias que debió padecer y que ella menciona como fuente de inspiración para su propio crecimiento.
“Para llegar a mi casa se debe recorrer un camino de cuatro horas a lomo de mula, acompañados de un burro de carga para llevar la mercadería. Mis padres subsistieron toda su vida gracias al trueque, la plata allá no se conocía hasta hace poco. De niños con mis hermanos no solo teníamos la carencia de golosinas, a veces sufríamos la escasez de la harina y mi mamá tenía que reemplazar el pan con maíz tostado o comidas con maíz molido”, relata la joven de 27 años que tiene actualmente una pasantía en la Fiscalía Penal Nº 2.
“Me acuerdo que mi papá nos sentaba y nos hablaba a mí y mis hermanos, nos decía ustedes tienen que estudiar para ser mejores que nosotros, y ese es mi mayor recuerdo siempre me dije que iba a ser abogada para ser alguien y me inspiró sin dudas la injusticia en mi comunidad y la difícil situación de vida que me tocó, en casas ajenas nadie te trata como una hija”, añade.
El contexto social, cultural y económico en el que se forman los niños y adolescentes condicionan su posibilidad de acceso a los estudios superiores. La matrícula de estudiantes de la UNCA está conformada mayoritariamente por jóvenes de sectores medio y alto de la Capital y algunos centros urbanos del interior. Y aunque es creciente la presencia de alumnos que provienen del interior merced a la implementación del programa “La Unca+Cerca” en los 16 departamentos, aún resta mucho para lograr porcentajes significativos que sean representativos de la gran cantidad de estudiantes secundarios de las comunidades más alejadas de la ciudad Capital, la gran mayoría de los cuales no ingresa al nivel terciario o universitario.
Casos como los de Jorgelina, además de elogiables, son excepcionales. Su compromiso le permitió alcanzar el objetivo que se propuso, pero la gran mayoría de los que lo intentan no alcanzan el logro.
No deberían ser los esfuerzos descomunales y aislados los que coronen el cumplimento de las metas, sino las políticas inclusivas que los hacen viables. Políticas inclusivas desde lo educativo, pero también desde lo económico, social y cultural, que remuevan las situaciones de injusticia que, como la flamante abogada, padecen millones de niños y jóvenes en la Argentina.
El contexto social, cultural y económico en el que se forman los niños y adolescentes condicionan su posibilidad de acceso a los estudios superiores.