jueves 2 de abril de 2026
|| CARA Y CRUZ ||

El calavera no chilla

Con la definición de las listas se sucedieron las tradicionales quejas de quienes vieron frustradas sus..

Por Redacción El Ancasti
Con la definición de las listas se sucedieron las tradicionales quejas de quienes vieron frustradas sus aspiraciones y los reproches por supuestas "presiones” ejercidas sobre posibles postulantes para hacerlos desistir de sus pretensiones o cambiar de bando. Fue lógico el pequeño escándalo que se generó por una grabación que le hicieron al operador del Ministerio del Interior, Enrique Braun, primo del jefe de Gabinete Marcos Peña, mientras advertía que los intendentes que se rebelaran contra las instrucciones de la Casa Rosada no recibirían Aportes del Tesoro Nacional "en la puta vida”, ya que "Cambiemos” del presidente Mauricio Macri venía supuestamente a depurar la actividad política, entre otras cosas, de prácticas propias de chantajistas. Pero como se ha dicho, el escándalo fue pequeño nomás. Con el tiempo quedó demostrado que este "Cambiemos” cambia cuando y hasta donde le conviene. Los mismos catamarqueños tuvieron la oportunidad de asistir a folclóricas repartijas de elementos para auxiliar a los pobres protagonizadas por dirigentes del PRO. Señalar que en esto de manipular ATN y fondos públicos son más bien pocos los que pueden arrogarse el derecho a tirar la primera piedra, y no implica justificación. Mal de muchos es consuelo de tontos y desde todo punto de vista resulta repudiable que se utilicen los recursos del Estado para forzar posicionamientos políticos.



Hay matices, sin embargo. En la escena catamarqueña, tanto la oposición al oficialismo radical como quienes no pudieron presentarse como alternativa por el peronismo, denunciaron presiones sobre sus dirigentes para inducirlos a bajarse de las listas. Son pertinentes algunas discriminaciones. Presiones sobre los precandidatos y operaciones para desarticular las propuestas adversarias siempre hay. Los oficialismos partidarios podrían por su lado calificar como "presiones” las tratativas de sus antagonistas para captar referentes. Lo que puede decirse al respecto es que, si tan sensibles a las presiones preelectorales son los postulantes de uno y otro lado del cerco, mejor es que no sean electos, pues no es difícil prever la escasa firmeza que tendrán sus convicciones una vez que accedan a los puestos públicos que persiguen. Otro aspecto de la cuestión es el de los funcionarios políticos que se disponen a jugar en campo electoral contrario a sus jefes, a quienes también se habría "presionado” con la amenaza de quitarles los cargos que ostentan. Como tales cargos no fueron ganados por concurso, sino otorgados exclusivamente en base a la identificación política del agraciado con quien lo designó, es comprensible que la situación se modifique cuando las simpatías varían. ¿O se conoce algún ministro, secretario o director que sea opositor al Gobierno? Lo que se gana por política, se pierde del mismo modo.



Queda la presunta compra de voluntades con designaciones en el Estado. Es un injustificable mecanismo de coerción, pero podría consignarse lo mismo que se dijo antes sobre los aspirantes a puestos públicos demasiado sensibles a las "presiones”, con un agregado: quienes se afligen por la filistea práctica, nada dicen sobre el clientelismo electoral endémico que trafica alimentos, becas, subsidios y dádivas de todo tipo a cambio de votos, especulando no ya con el cuero de dirigentes, sino de pobres y excluidos; y no solo no se alarman, sino que incurren en las maniobras con bríos notorios cuando la ocasión se les presenta y en cuanto pueden rapiñar un bolsón. Que hay que avanzar hacia reglas de juego democrático más republicanas y claras nadie puede negarlo, pero cuando la consistencia entre las conductas y las palabras depende del lado del mostrador en que el declarante se ubica eventualmente, el llanto de las súbitas vestales se entinta de hipocresía. En Catamarca, las artes del tahúr se aplican de modo demasiado extendido como para que alguien reclame inocencia. No es elegante que el calavera chille.
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