jueves 2 de abril de 2026
|| CARA Y CRUZ ||

Industria: no va más

Por Redacción El Ancasti
Las suspensiones en la fábrica de discos compactos Industrias Plásticas Catamarca (IPC), la incertidumbre laboral en NorTextil y la reanudación de las hostilidades en la SAPEM PRODUCAT se suman a una larga cadena de indicios que marcan una crisis terminal de la industria catamarqueña en las condiciones en que viene trabajando. Las dificultades que impone la política económica nacional aceleraron una agonía que comenzó a agravarse con la caída definitiva del régimen de Promoción Industrial en 2012, después de varios amagues que comenzaron durante la Presidencia de Fernando de la Rúa, y el incremento desmesurado del precio del flete en alas de las presiones del sindicato de Camioneros que conduce Hugo Moyano. Privada de la muleta que era la Promoción, la industria catamarqueña quedó expuesta sin atenuantes a las impiadosas fluctuaciones del mercado, cada vez más asfixiada por los costos del transporte a los centros de consumo masivo y exportación. La situación se ha tornado insostenible. Las quejas y apelaciones a la sensibilidad son inútiles. Ya no es un problema de rentabilidad en baja por las desventajas comparativas que regiones como Catamarca padecen frente a otros distritos: se trata de que ni siquiera pueden cubrirse los costos de producción. En tal contexto, el cierre de las fábricas es indefectible.


La política se regodea en el intercambio de imputaciones, pero lo concreto es que el Gobierno provincial tiene muy pocas herramientas disponibles para revertir la situación, que lo excede largamente. En tren de generar alternativas laborales para quienes se quedan sin trabajo, podría tratar de avanzar, por ejemplo, en un proceso de reconversión de las actividades industriales hacia otras que ofrezcan perspectivas mejores para la inversión, pero carece de margen para subsidiar lo que hay. Se ha llegado al límite de la política industrial edificada sobre el sistema de Promoción y se impone cambiar. Intentos como el de PRODUCAT han demostrado ya su corto vuelo. El Estado, su cliente exclusivo, está muy restringido para poder comprar lo que produce y encima debe auxiliarla permanentemente con aportes del Tesoro.


Si la experiencia ha de servir para algo, lo ocurrido con el sistema de Promoción Industrial puede ser de provecho para empinar políticas alternativas. El régimen, en sus orígenes, apuntaba a alentar la industrialización de las materias primas de las regiones en que se implementaría. Por eso es que en Catamarca la primera en radicarse fue Alpargatas, para procesar fibra de algodón. Era una concepción consistente, pues suponía que de este modo, en algún momento, las industrias podrían prescindir de la Promoción y caminar solas. Luego la idea se distorsionó y se pasó a promover cualquier actividad, con lo que se favoreció la especulación y, en los casos de inversiones genuinas, la Promoción se hizo imprescindible; de auxilio coyuntural pasó a ser un elemento perpetuo en la estructura de costos. Ya no está y hay que diseñar otro modelo, que no necesariamente tiene que excluir el apoyo estatal pero sí considerar los profundos cambios que el mundo experimentó de la década del ’70 a esta parte. El Gobierno no puede hacer esto solo. Requiere la participación de todos los actores afectados para generar consenso político y tender puentes que permitan incidir sobre el poder nacional. Es un desafío mucho más difícil ahora, pero ineludible.
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