lunes 9 de febrero de 2026
EDITORIAL

Aumentar por las dudas

Por Redacción El Ancasti

Los economistas de ideas más o menos ortodoxas, como los que pueblan los planteles oficiales del Gobierno nacional, suelen atribuir como causa casi excluyente de la inflación a la emisión monetaria.

Seguramente la experiencia de estos dos meses de gestión habrá operado para que contemplen que influyen en la disparada de los precios, tanto o más que aquel factor, otros, como la especulación comercial o los márgenes de ganancias absolutamente excesivos.

Los precios de la canasta familiar han tenido, desde que Mauricio Macri se empezó a perfilar como el candidato mejor posicionado para ganar los comicios presidenciales, y luego, desde que asumió el gobierno y cumplió con la promesa de la devaluación, un incremento desmedido, que no guardan relación con la estructura de costos o la incidencia del aumento del dólar verificado desde mediados de diciembre.

La costumbre de "aumentar por las dudas” es bien argentina. Y esta maniobra se ha generalizado en varios de los eslabones de la cadena de intermediarios que intervienen en el proceso de comercialización desde el productor hasta el vendedor minorista.

La carne, un producto muy presente en la mesa de las familias en la Argentina, ha sufrido un incremento cuya magnitud, otra vez, no tiene relación con la estructura de costos.

Si bien una medida del gobierno -la eliminación de las retenciones para la exportación de carne vacuna- incidió lógicamente en la disparada de los precios de los cortes más caros, el aumento fue resultado de una doble especulación: la de los productores y la de los intermediarios, tanto los frigoríficos como los vendedores minoristas.

Luego de un salto brusco, el precio de la hacienda en pie disminuyó hasta un 18%, pero esa rebaja no se verificó en la misma proporción en el precio de la carne el mostrador de las carnicerías de los supermercados o de los barrios.

Así lo confirmó en su último informe sectorial la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), que especificó que en enero el descenso de los precios de los cortes vacunos fue apenas del 1,9% para los consumidores finales.

Si bien el gusto argentino por la carne de vaca es de una tradición bien arraigada, de todos modos los hábitos de consumo parecen variar en función del movimiento de precios.

Un informe conocido en los últimos días indica que en lo que va del año cayó un 20% la cantidad de clientes en los restaurantes donde el principal plato es la carne, sobre todo en las parrillas, en comparación con la misma época del año pasado. 

Comprender de un modo cabal que entre las causas inflacionarias se encuentran las maniobras especulativas, favorecidas claro está por la ausencia de controles, es un aliciente y un paso necesario para corregir las distorsiones.

El Estado tiene un rol central en combatir esa especulación, pero también por cierto los consumidores, que pueden castigar al comerciante inescrupuloso con el arma de la que disponen, que es la facultad de decidir qué comprar y en qué momento.

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