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EDITORIAL

Luces amarillas

19 de diciembre de 2016 - 04:03 Por Redacción El Ancasti

Un año después de asumir el nuevo gobierno nacional, los números fríos revelan una situación económica con luces amarillas de alerta. La caída de la actividad económica, el incremento de la inflación, la pobreza y el desempleo, la expansión del déficit fiscal y el nivel de endeudamiento son indicadores que corroboran los perfiles estadísticos de la crisis.

Nadie discute la contundencia de los números, y ése sí es un mérito de la actual gestión, que comenzó un proceso virtuoso tendiente a devolverle la transparencia a las estadísticas después de casi una década, aunque aún persistan algunas diferencias –menores- respecto de algunas mediciones privadas.

La estrategia elegida por el gobierno de Cambiemos no ha dado hasta el momento sus frutos. El modelo elegido funciona a nivel macroeconómico solo en la medida en que exista un flujo continuo de inversiones extranjeras –la tan mentada "lluvia de inversiones”-, fenómeno que por diversas causas no ha sucedido y difícilmente suceda en el corto plazo.

Para compensar la falta de dólares que deberían haber traído –y no trajeron- las inversiones, el gobierno ha recurrido al endeudamiento, llevándolo a niveles que los analistas económicos ortodoxos y heterodoxos consideran excesivo.

Cifras oficiales difundidas por el Ministerio de Hacienda y Finanzas consignan que la deuda del Estado Nacional, tanto interna como externa, alcanzó los 264.622,8 millones de dólares al 30 de septiembre último y representó el 53% del PBI.

Por el proceso de desendeudamiento de la economía argentina operado entre 2005 y 2010, la incidencia de la deuda respecto del PBI bajó considerablemente. En 2011, el porcentaje de la deuda sobre el Producto Bruto era del 38% pero hacia fines de la gestión kirchnerista se había incrementado al 44%. De todos modos, el salto grande se registró este año, hasta llegar al 53% mencionado.

A principios de diciembre se conoció un estudio del Observatorio de la Deuda Externa que indica que en el primer año del gobierno de Mauricio Macri la Argentina emitió deuda externa por 53.527 millones de dólares, equivalente al 11,1% del PBI.

Lo más preocupante es que un alto porcentaje de esta deuda no tiene como destino inversiones productivas, sino cubrir el déficit fiscal de nación, provincias y municipios. Un déficit fiscal que no para de crecer: en octubre, medido con igual mes del año pasado, se incrementó en un 336%.Los argentinos conocemos muy bien los riesgos del endeudamiento para tapar agujeros fiscales, pues fue el proceso iniciado en la década del noventa que culminó con el estallido del 2001.
Los efectos de este proceso se empezarán a sentir con fuerza no en lo inmediato, sino en el mediano y largo plazo, cuando el peso de los intereses sea mayor.
De modo que urge la puesta en marcha de una estrategia de reactivación de la economía que permita prescindir del endeudamiento como única medida para evitar el desequilibrio fiscal. Y no parecen ser las inversiones extranjeras las que financien el desarrollo.
Mientras el mundo se vuelve más proteccionista, la apertura indiscriminada de nuestra economía parece ser más un problema que una solución. Lo marcan los números fríos de este primer año de gobierno.

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