ver más
|| CARA Y CRUZ ||

Triunfo faccioso

1 de diciembre de 2016 - 04:05 Por Redacción El Ancasti
Sin la mayoría calificada necesaria para aprobar la reforma constitucional, el único camino que le quedaba al oficialismo ayer en la Cámara de Diputados, si pretendía sostener un debate público que en cada episodio confirmaba la mezquina reticencia de los opositores, era devolver la iniciativa a comisión. Pero el núcleo duro del radicalismo consiguió sepultar el proyecto y obtuvo así una victoria cuyas consecuencias en el mediano plazo están por verse. Para este sector, el objetivo fue desde un principio ganar tiempo para tratar de revertir un escenario electoral general que es por el momento favorable al Gobierno y evitar que el año que viene se eligieran convencionales constituyentes. Dos metas de corto plazo, pero son las que se propuso y cumplió: no habrá elecciones en marzo y tampoco tiene ya el Gobierno chances de llamar a una constituyente, separada de las nacionales o en simultáneo, en la que podría haber postulado a sus figuras más taquilleras para reforzar la tracción de sus boletas. A cambio de estos logros facciosos, el radicalismo duro pagó el costo ante la sociedad de anular una enmienda que, entre otras cosas, erradicaría rémoras como la reelección indefinida.


Aunque sea imposible pronosticar la incidencia que esto tendrá en el campo electoral, sí pueden señalarse contradicciones flagrantes y medulares: el FCS, de raíz antisaadista, mantiene la vigencia de la Constitución saadista y, además, intentó en 2011 hacer uso precisamente de la reelección indefinida que tantos reproches precipitó al ser instituida en 1988, con la frustrada aspiración a un tercer mandato gubernamental de Eduardo Brizuela del Moral. Al Gobierno le queda lo testimonial. Intentó por todos los medios que la reforma alumbrara y es caprichoso enrostrarle intereses puramente electorales. Giró la propuesta a la Legislatura en 2014 tras una serie de consultas en las que la UCR se negó a participar, le dio media sanción en un Senado en el que tiene mayoría aplastante y se allanó a incorporar todas las sugerencias que los opositores realizaron. El peronismo jugará con insistencia el naipe de su voluntad reformista, vaya a saberse con qué rédito: toda la culpa del fracaso de la reforma es del FCS-Cambiemos, que se movió durante el proceso priorizando en todas las instancias sus intereses electorales por encima de la calidad institucional. Cierto es que hay matices en el bando opositor, pero al grupo denominado "los díscolos”, que parecía más permeable a las negociaciones con el oficialismo, le faltó empuje para diferenciarse con claridad del viejo radicalismo en un tema clave y perdió terreno. Frustrada la reforma, el Gobierno no los necesita para conformar mayoría especial; y como no hay propuestas inmediatas que requieran mayoría especial, tampoco pueden presionar a los radicales duros con la amenaza de pactar con el oficialismo. En la sesión de ayer, apenas osaron mostrar una fisura en el bloque FCS-Cambiemos con la abstención. Ni chicha ni limonada. Muy tímidos para aspirar a representar el cambio que dicen ser.


Round para el radicalismo duro, entonces, por dos motivos: frustró al Gobierno y desnudó los límites de la rebeldía de sus objetores, que no se deciden a provocar un hecho político determinante. Pero no deja de ser un round y queda andar hasta el compromiso de agosto-octubre. Hasta que alumbren los resultados electorales, PASO y generales, lo que queda claro es que el FCS-Cambiemos impidió la reforma, en abierta contradicción no solo con su historia sino con el discurso de mejoramiento de la calidad institucional que esgrime la Casa Rosada. Por intereses de facción y cálculo cortoplacista, Catamarca mantiene excentricidades como la reelección indefinida y la obligación de que el Gobernador sea católico, apostólico y romano. Una contribución de nota a la institucionalidad.
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar