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EDITORIAL

En sentido contrario

3 de octubre de 2016 - 04:03 Por Redacción El Ancasti
Un factor que afecta especialmente a la industria textil, tanto local como nacional, además de la notable caída en las ventas como consecuencia del enfriamiento de la economía, es el ingreso de mercadería del exterior.

Los productos de este rubro ingresan legalmente, a través de los mecanismos habituales de importación, muchos más laxos este año que los anteriores, pero también de manera ilegal a través de tráfico hormiga por la frontera norte del país.

Esta última vía de ingreso es la principal fuente de abastecimiento de los sistemas de comercialización informal, no solo del rubro textil sino también de otros, que parece crecer a medida que se multiplican los despidos de la economía formal. 

Si las denominadas "saladitas” –versiones más pequeñas de la gran feria ubicada en Lomas de Zamora- tenían una fuerte presencia en todo el país en los últimos años, en lo que va del actual se ha potenciado. Inciden en la expansión de estos mercados la escasez de controles, el aumento de compradores buscando mejores precios por la caída del poder adquisitivo y el ya mencionado crecimiento del desempleo, que empuja a ex trabajadores formales a esta actividad como un modo de supervivencia. 

Según un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) conocido en los últimos días, la venta ilícita ascendió a 5.557 millones de pesos en agosto del corriente año. El dato surge de un relevamiento efectuado en 455 ciudades del país, que también detectó 88.791 puestos clandestinos y la existencia de 656 "saladitas” (ferias permanentes o semipermanentes) en 109 ciudades, con más de 60.000 vendedores.

A través de un comunicado, sostiene que "en medio de la recesión y la caída generalizada en las ventas minoristas, el comercio ilegal sigue expandiéndose en el país. En seis meses, la cantidad de vendedores irregulares creció 11,4% aumentando la oferta de mercadería ilícita y generando un mayor desplazamiento del consumo desde el sector formal al informal".

Para tener una idea más acabada del impacto económico de estos emprendimientos informales, bastará señalar que las ventas superan por mes los 5.500 millones de pesos, llegando prácticamente a los 70.000 millones en todo el año.

Atacar la economía informal erradicando las saladitas y los puestos de ventas callejeros, lejos de ser una solución, agravaría los problemas, pues dejaría una enorme secuela de desempleo y marginación al suprimir los ingresos de decenas de miles de familias que encuentran en esta actividad un modo de ganarse el pan. 

La solución de fondo es crear las condiciones necesarias para recuperar el sendero del desarrollo sustentable, que genere empleos formales y funcione al mismo tiempo como una herramienta de restricción, sin costos sociales indeseables, de la economía informal.

Pero deberán aplicarse medidas que vayan en sentido contrario de las asumidas en los últimos meses. No parece viable un fortalecimiento de la potencialidad productiva de la Argentina si no hay una recuperación del poder adquisitivo y consecuentemente del mercado interno, y si no se morigera la ola importadora que compite con ventajas comparativas respecto de la producción local.

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