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El origen de las Marchas del Silencio

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18 de febrero de 2015 - 04:06 Por Redacción El Ancasti
Hoy a las 18 se realizará en distintos puntos de todo el país, pero con epicentro en la Ciudad de Buenos Aires, una marcha del silencio convocada por los fiscales para pedir justicia por la controvertida muerte de su colega Alberto Nisman, ocurrida pocas horas antes de una reunión programada en el Congreso de la Nación en la que iba a dar explicaciones sobre la denuncia por supuestas maniobras de encubrimiento en la causa AMIA, en la que había involucrado, entre otras personas, a la propia presidenta Cristina Fernández.
 
La modalidad de protesta y reclamo nació hace ya un cuarto de siglo en Catamarca, para exigir el esclarecimiento del crimen de María Soledad Morales, y fue denominada "Marcha del Silencio" desde la primera vez, el 20 de septiembre de 1990, por el periodista César Atilio "Kelo" Molas, quien por entonces se desempeñaba como director de El Ancasti, que dio cuenta del fenómeno desde su origen.

Bajo el título "Padres nuestros que están en la tierra" (ver foto), el diario del 21 de septiembre de 1990 informó sobre la todavía incipiente movilización: "Multitudinaria marcha del silencio por el crimen de la estudiante María Soledad Morales. Unánime opinión: el pueblo está de pie", decía la tapa de aquella edición, cuando el desarrollo posterior de los acontecimientos era aún imprevisible. Las "Marchas del Silencio" se hicieron célebres como mecanismo de presión popular pacífica sobre el poder político y se convirtieron en un modo habitual de protesta social en la Argentina. La de hoy interpela al Gobierno nacional.

Aunque las interpretaciones de oficialistas y opositores sobre el sentido de la marcha de hoy difieren, hay coincidencia en que la concurrencia será importante.
 
En Catamarca, la concentración se realizará en la Plaza 25 de Mayo, habrá que ver con qué fortuna. Tras la movilización, vendrán los análisis cualitativos y cuantitativos.

Sin embargo, tal como ocurrió con el Caso Morales y con todos los que luego provocaron movilizaciones similares, las marchas no son garantía de esclarecimiento, sino expresión de un deseo de justicia que corresponde a los poderes de la República, Judicial incluido, satisfacer.

A nadie escapan los intereses que se cruzan y exacerban cuando incidentes polémicos ganan la agenda pública, pero sería inconveniente perder de vista la gravedad de lo ocurrido: ha muerto en circunstancias inciertas un fiscal de la Nación que había denunciado al poder.
 
Podrá objetarse la solidez de la denuncia de Nisman o sus intenciones, que ya no podrá aclarar, pero de ningún modo negar la tenebrosa incidencia que sobre el espíritu de la sociedad argentina tienen las dudas que aún pesan en torno a su fallecimiento.
 
Vale decir que, pasada la marcha del silencio del 18F, quedará en pie el desafío central para las instituciones argentinas, que es esclarecer el caso. Por el momento, sin especulaciones, puede decirse que una significativa porción de la comunidad argentina requiere esto a sus autoridades y representantes y que la pretensión es legítima. 
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