El 12 de junio de 1974, el general Juan Domingo Perón se entrevistó a la mañana con el doctor Ricardo Balbín, se franqueó con su viejo adversario y le confesó que se sentía muy mal, luego habló por televisión y dijo: Cuando acepté gobernar lo hice pensando que podría ser útil al país, aunque ello implique un gran sacrificio personal. Pero si llego a percibir el menor indicio que haga inútil este sacrificio, no titubearé un instante en dejar este lugar a quienes lo puedan llevar con mejores posibilidades. El general lo hacía sinceramente, harto de un esfuerzo cuyos frutos se le desgranaban en las manos a cada momento.
La C.G.T. reaccionó debidamente, paro general y concentración en la Plaza de Mayo en apoyo al presidente.
Aunque era un día muy frío, Perón habló desde el balcón si interferencias antibalas. Sus palabras fueron una virtual despedida cargada de nostalgia. Mi único heredero es el pueblo, reiteró en esa oportunidad, utilizando una de sus frases favoritas. Sin lugar a dudas, uno de los momentos más emocionantes del discurso fue el final, cuando dijo: Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que para mí es la palabra del pueblo.
Cuando el general Perón regresó definitivamente al país se propuso superar ese antagonismo con un largo desencuentro argentino, del que todos hemos participado con nuestra cuota de errores. Procuró evitar el duro enfrentamiento que frustró las mejores posibilidades del país y reemplazarlo por una convivencia madura que rescatara el disenso como una distribución a la búsqueda de soluciones en una democracia pluralista.
Hoy más que nunca es necesario alcanzar esos objetivos. La propuesta del último gobierno de Perón expresó un proceso político irreversible para alcanzar la Argentina industrial, participativa, integrada y solidaria. Seguirá siendo válida para lograr el cambio social en paz, sin perjuicio de su adecuación a una nueva circunstancia histórica, hoy más que nunca siguen vigentes los preceptos del líder. Por eso, este humilde recuerdo de aquella fecha en la que fue el último encuentro del pueblo con el general Perón.