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Hosterías a tiro de decreto

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29 de septiembre de 2006 - 00:00
Por lo visto, en verdad hacía falta revisar la situación en que se encuentran las hosterías provinciales para no tocar fondo, como sucedió en La Merced. El miércoles, la secretaria de Turismo de la Provincia, Catalina Krapp, anunció que en los próximos días el Gobierno rescindirá los contratos de concesión de otras dos hosterías del interior, las de Ancasti y Santa María. Ambos casos, dijo, están “a tiro de decreto” por “incumplimiento en el plan de inversiones”, aunque se excusó de dar más detalles por razones formales. En los papeles, el primer emprendimiento turístico está a nombre de la firma Cielos del Oeste S.A., pero tanto en el pueblo del departamento como en el organismo provincial -y en el ámbito político en general- ven detrás de la concesión la figura del senador de Ancasti, el castillista Ricardo Boggio. Su nombre es vinculado también con otros emprendimientos económicos de la zona, que dieron a luz en forma coincidente con su incursión en los primeros planos de la política, a principios de la década pasada.



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En efecto, a poco de andar el gobierno del Frente Cívico y Social, Boggio fue electo senador departamental, una banca que le sonríe hasta estos días y lo seguirá haciendo hasta 2009. Aprovechando su pertenencia al grupo selecto de dirigentes que acompañaban a Oscar Castillo, hoy senador nacional, Boggio se consolidó como caudillo político excluyente de Ancasti. Desde entonces nunca perdió una elección en la que se juegue su pellejo; ni siquiera peleando contra un aparato oficialista adverso, como sucedió en la interna de la UCR del 12 de marzo pasado, donde se impuso al huracán brizuelista por un respetable margen de votos. Aún así, desde que el castillismo dejó el poder, el senador ancasteño se replegó en cuanto a protagonismo y optó por mantener un perfil tan bajo que a veces ni siquiera se sabe si está o no en la Legislatura. Algunos dicen que, en realidad, va muy poco, a lo sumo aparece en las sesiones importantes, y que el resto del tiempo lo dedica a sus asuntos particulares. Son las ventajas de tener la vaca atada, o de creerlo de ese modo.



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Es que la política, más aún en estos pueblos chicos y pobres como Ancasti, nunca está sola. Siempre el poder busca al poder, es decir, la forma de sustentarse, crecer y ramificarse en otras áreas, para abarcarlo todo. Tal búsqueda, naturalmente, desemboca indefectiblemente en el campo económico. Porque para hacer política, dicen con razón en este país, lo que más falta hace es la plata. Entonces, a la par de los cargos electivos suelen florecer fuentes de sustentación tales como los diferimientos impositivos, las privatizaciones y el negocio de la proveeduría al Estado. Rubros difíciles de acceder, ciertamente, sin una buena influencia política. A Boggio, por caso, no lo ven sólo como el senador y caudillo del lugar, sino como el dueño en la práctica de la mitad más uno de Ancasti. Son pocos los espacios en esa villa que no están ocupados por Boggio o alguien de su entorno. Su omnipresencia es innegable.



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Por ello, la decisión anunciada por la secretaria Krapp de rescindir el contrato al concesionario de la hostería de esa localidad afecta los intereses del senador, en forma directa o indirecta. Y lo que es peor, no se trata de una vendetta política -como se acostumbraron a suponer en el castillismo post interna-, sino de la comprobación lisa y llana de que quienes se encargan de explotar el negocio no hicieron las inversiones comprometidas y, por lo tanto, no están en condiciones de ofrecer un buen servicio. Si bien hay un abismo que separa la experiencia del empresario Andrés Castro Casado en la hostería de La Merced, la que se transformó en un improvisado geriátrico y hasta terminó funcionando como un depósito de armas de guerra, el concesionario de la hostería de Ancasti seguirá el mismo destino de fracaso y castigo. Será, tal vez, la primera gran derrota del senador Boggio en sus pagos.
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