miércoles 24 de junio de 2026
Cara y Cruz

Urgencias impostergables

Conscientes de la necesidad de levantar el puntaje en la consideración pública, algunos diputados parecen decididos a asumir posiciones más comprometidas con las demandas sociales con iniciativas que, si bien pueden generarles inconvenientes con el poder, resultan de impostergable tratamiento.

Tal es el caso de un proyecto de ley que acaba de obtener despacho favorable en la comisión de Ambiente, Recursos Naturales y Desarrollo Sostenible del cuerpo, que seguramente precipitará otra de esas ardorosas tenidas dialécticas que distinguen a los tribunos catamarqueños: la declaración del 5 de junio como Día Provincial del Inspector de Flora y Fauna.

Que la propuesta haya sido alumbrada por el diputado Armando López Rodríguez no hace más que corroborar su audacia. Se trata de un caracterizado oficialista cuya permanencia en la poltrona resultaba inexplicable hasta ahora, cuando viene a descubrirse que sus escasas contribuciones al debate parlamentario obedecían a la intrascendencia de una agenda que no había requerido de sus talentos. Al fin dio con un asunto acorde a su envergadura institucional y política.

La Legislatura de Catamarca es la más numerosa del país y la que más empleados tiene por legislador La Legislatura de Catamarca es la más numerosa del país y la que más empleados tiene por legislador

Por supuesto, los inspectores de Flora y Fauna merecen tener su propio día, como todo el mundo. El asunto no es ese, sino las preocupaciones que movilizan a López Rodríguez, quien transita ya su segundo mandato como diputado provincial sin mayores sucesos.

El proyecto de ley consta de dos artículos y el tercero de forma. El esforzado legislador extrema sus idoneidades en los fundamentos, donde considera que “no es casual” que haya seleccionado para homenajear a estos trabajadores el 5 de junio, fecha que coincide con el Día Mundial del Medio Ambiente declarado por las Naciones Unidas.

“Al sincronizar ambas celebraciones, se fortalece el mensaje de compromiso ambiental y se visibiliza el rol estratégico que estos profesionales desempeñan en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible a nivel local”, advierte, sin amedrentarse ante los riesgos de la hernia conceptual.

Entre las “necesidades” que hacen imperioso su proyecto, señala la de “otorgar jerarquía y reconocimiento oficial a quienes dedican su carrera profesional a la protección del ambiente, enfrentando riesgos y desafíos constantes”.

Es decir, le parece que los inspectores de flora y fauna no son suficientemente reconocidos y precisan que se los jerarquice, deuda que vendría a saldarse con declararles un día coincidente con el del Medio Ambiente.

Como reconocimiento, ha de admitirse que resulta más bien barato. Hay que ver si los trabajadores se conforman con tan económicas palmadas en el lomo.

Por lo pronto, ni en los fundamentos ni en el articulado de la iniciativa se hace mención a las condiciones en que desarrollan su valiosa labor específicamente en Catamarca. No puede deducirse de él, por ejemplo, si los recursos presupuestarios con que cuentan son suficientes para cumplir con sus funciones, elemento que hubiera demandado del autor trabajos más arduos que detectar vacantes en las efemérides locales.

Para no ensañarse demasiado con López Rodríguez, corresponde consignar que su propuesta no difiere de muchísimas otras por el estilo que se presentan en la Legislatura, con el propósito de proyectar una imagen de productividad que justifique el hecho de que diputados y senadores sesionan solo la mitad del año y la inmensa mayoría dedica el resto a rascarse, salvo cuando el Gobierno convoca a extraordinarias.

Esto, en la Legislatura más numerosa y con más empleados por legislador del país, que tiene un plantel superior en un 36% al del Poder Judicial.

Sobre tamaña evidencia de parasitismo no hay proyectos.

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