martes 25 de enero de 2022

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Triste final de una aventura empresaria

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22 de septiembre de 2006 - 00:00
La Fiscalía de Estado ha puesto un poco de cordura en el manejo de la hostería provincial de La Merced, que desde hace casi dos años viene funcionando como un improvisado geriátrico. En las últimas horas, según se informó, el organismo resolvió anular la concesión de la hostería en poder del empresario Andrés Castro Casado, porque determinó que no cumple con el objetivo para el cual fue cedida al sector privado para su explotación, es decir, con fines estrictamente turísticos. Lo que resta para proceder con el desalojo final es un inventario del lugar cuyo informe debía estar ayer en manos del fiscal de Estado, Simón Hernández. De aquí en más queda convocar a una nueva licitación, establecer reglas de juego claras y, sobre todo, asegurar que esta otrora bella hostería paclinense sea recuperada (porque su abandono hoy es pasmoso) en favor de una infraestructura turística que sigue siendo insuficiente en toda la provincia.



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El tema surgió a partir de una investigación periodística realizada por El Ancasti, a fines de 2004, que reveló que dicha hostería estaba siendo utilizada como un geriátrico. Curiosamente, la Secretaría de Turismo de Catamarca, organismo a cargo de las hosterías y hoteles provinciales, desconocía totalmente la situación. Catalina Krapp, titular del área, declaró entonces que le habían llegado algunas versiones al respecto, pero que no tenía una confirmación formal, para lo cual recién había dispuesto que se realice una inspección de rigor. Pero más curioso que ello era que quienes sí tenían conocimiento del asunto eran las autoridades del Ministerio de Salud de la Provincia, las que habían autorizado a Castro Casado, quien también posee dos geriátricos en la ciudad Capital, a trasladar temporariamente a los ancianos internados en una de esas casas a la hostería de La Merced, debido a que había sido clausurada por los daños ocasionados por el terremoto del 7 de septiembre de ese año. Pero Salud tomó la decisión de autorizar la mudanza y no se lo comunicó a Turismo. Toda una muestra de la falta de coordinación existente entre los organismos oficiales, y también del paupérrimo control del segundo de ellos sobre la suerte de su patrimonio.



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La publicación de la investigación desató un revuelo de regulares proporciones. El senador de Paclín, Jorge Agüero (FCS), pidió informes al Poder Ejecutivo sobre el estado de ésta y otras concesiones de hosterías y hoteles en todo el territorio provincial, y reclamó una urgente solución oficial. A él se sumó el intendente René Noriega, quien también cargó contra el manejo de la hostería, la cual, recordó, además de no cumplir con el fin específico -el turístico- estaba abandonada. La respuesta que mandó Krapp al Senado fue formalista en cuanto a los datos e irrespetuosa en los términos, ya que entre otras cosas fustigó a las autoridades del departamento por desconocer lo que sucedía en su hostería. Nada, sin embargo, alcanzaba para disimular su ignorancia respecto a qué estaba sucediendo con estas concesiones. A la polémica se sumó luego el ministro de Salud, Arturo Aguirre, quien llegó a afirmar en tono demagógico que, si por él fuera, mandaría a todos “nuestros viejos a un hotel cinco estrellas”. La hostería de La Merced no sólo no había sido acondicionada para funcionar como geriátrico, sino que además se había convertido en un edificio decadente y lúgubre como alojamiento.



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Según el empresario Castro Casado, quien adelantó que iniciará acciones contra el Estado provincial en reclamo de un resarcimiento económico por la anulación del contrato, pagó 123 mil pesos para quedarse con la propiedad de la hostería e invirtió casi 300 mil en el edificio. El informe que el fiscal Hernández tendrá en su despacho sobre el inventario de la hostería dirá si hubo o no tal inversión. La razón principal por la cual se rescindió el contrato está en el cambio de fin. Es que el pliego de bases y condiciones establece como uno de sus requisitos que no se puede variar “el destino turístico” de la hostería. Y hace casi dos años que ha dejado de ser hostería para funcionar como un internado de abuelos. Es más, en lugar de arreglar el geriátrico dañado por el sismo o buscar otro en reemplazo, el concesionario parece haber confiado en que comprando la hostería podía hacer lo que quisiera. La familia Llampa compró el hotel de turismo de Andalgalá para explotarlo como tal, y esto es lo que debe alentarse. No así las aventuras empresarias como las de La Merced, que no obstante habrían carecido de éxito si existiera un férreo control de gestión en el Estado.

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