lunes 27 de julio de 2026

El tembladeral kirchnerista

El presidente Néstor Kirchner construye poder en Catamarca a partir de la incertidumbre. Puede hacerlo porque la política local ha abandonado ya cualquier pretensión de contenido propio, de genuina identidad, para aspirar únicamente al mimetismo, a la condición de rémora del santacruceño, del que pretende obtener, en carácter transitivo, una potencia supuestamente invencible. Juega entonces Kirchner, y tal vez disfruta, con las expectativas de los dirigentes catamarqueños, sabedor de que en política, como en el amor, la fortuna sonríe menos a los ansiosos que a los perversos.

No hay certezas. Hace un par de semanas, la visita del operador presidencial Juan Carlos "Chueco" Mazzón y su abrazo con el otro operador, Armando "Bombón" Mercado, pareció abrir una etapa de unificación de las fuerzas opositoras en una estrategia común contra el oficialista FCS.

La señal fue entonces poco menos que contundente, aunque fugaz.

Mazzón y Mercado eran los protagonistas de una ingenua ficción que los enfrentaba como promotores de estrategias diferenciadas, cuando en realidad no son más que ejecutores de las directivas de Kirchner. El hecho de que se reunieran públicamente, sumado a algunos simbólicos gestos nacionales previos de distanciamiento con el oficialismo provincial y a la derrota del reeleccionismo perpetuo del gobernador Carlos Rovira en Misiones, apresuró las interpretaciones -nobleza obliga, también en este Mirador- de que el panorama se ponía difícil para el gobernador Eduardo Brizuela del Moral.

Sin embargo, el sadismo de Kirchner se reveló exquisito, incluso para el propio Marqués de Sade. A la semana siguiente llevó a Brizuela del Moral a la Casa Rosada y lo hizo hablar durante el acto de entrega de los fondos en representación de varios gobernadores que recibieron dineros para hacer viviendas.

Esta situación acaso protocolar, que inquietó a los acomplejados kirchneristas de la oposición, celosos y sensibles a cualquier manifestación de afecto de su objeto del deseo hacia otras personas, no sería sin embargo tan alarmante como los acontecimientos posteriores.

Brizuela se quedó varios días en Buenos Aires y participó de una serie de actos oficiales en la Rosada. Por firmar, firmó hasta el cambio de guardia de los granaderos y comentan que incluso comió en Olivos. Para desconsuelo de los opositores provincianos, arrojados otra vez a la depresión de los despechados, sin la seguridad, siquiera, de que les pasen una cuota alimentaria.



Nada es para siempre



Pero si no fueron definitivos los anteriores amoríos de Kirchner con el FCS, ni el respaldo que hizo posible el triunfo del Frente para la Victoria en octubre del año pasado, y tampoco los efectos pacificadores del abrazo Chueco-Bombón, bien podría ocurrir que este renovado idilio con Brizuela del Moral constituya otro ardid más del Presidente para mantener todas sus opciones abiertas en Catamarca hasta que decida qué hacer. Le resulta fácil maniobrar en un escenario donde el antikirchnerismo, y hasta la indiferencia del a-kirchnerismo, brilla por su ausencia.

Mientras medita, manda mensajes contradictorios a través de sus correos, Mazzón para los peronistas, Mercado para los pro-alianza con el FCS, reflotando la rencilla ficticia en la que se inserta el profesionalismo político catamarqueño a la espera de que caiga la taba y alumbre, al fin, una definición concreta.

Se pierden oportunidades preciosas para ganar un poco de tiempo. Por ejemplo, el intendente de Tinogasta, Hugo Ávila, podría haberle preguntado directamente al Presidente qué es lo que piensa del panorama catamarqueño luego de plantearle en Caleta Olivia su idea de la universidad de Tinogasta. Pero no lo hizo.

Brizuela del Moral saca partido del juego pendular kirchnerista. Ya admitió formalmente que aspira a la reelección, lo cual a nadie puede asombrar. Lo significativo es que aprovechó las declaraciones públicas que hizo al cerrar la semana para deslizar que no le parece mal ser acompañado en la fórmula por la delegada del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, Lucía Corpacci, crédito del "bombonismo" para la candidatura a gobernador del Frente para la Victoria, todavía en veremos.



Diáspora



Un análisis superficial postula que es inconveniente la multiplicación de candidatos a Gobernador por el Frente para la Victoria cuando el FCS ya tiene anclada su cabeza de lista en Brizuela del Moral.

La existencia de numerosos aspirantes al mismo casillero en la oposición obedece a la promesa nacional de que la principal candidatura la decidirá Kirchner en función de los resultados de una encuesta que se haría esta semana. Incluso quienes no tienen ninguna chance se anotan, con la esperanza de que algún punto los habilite para colgarse de una lista sábana.

La encuesta, entonces, equivale a la voluntad del volátil electorado. La cantidad de pretendientes no refleja atomización sino el sometimiento acrítico a la voluntad de Kirchner. Los pre-candidatos asumen el compromiso de desistir de sus pretensiones una vez que el Presidente señale al elegido, aunque no renuncian a ocupar otros puestos apetecibles que van desde las intendencias a las concejalías. Para lo cual, ya se sabe, no importa demasiado el color político de la lista.

Forman bajo tales principios en la pechadera, además de la ya mencionada Corpacci, el diputado nacional Eduardo Pastoriza, el auditor Mario Fadel, el diputado Raúl Jalil, el ex gobernador Hugo Mott, el vicegobernador Hernán Colombo y el tinogasteño Ávila, entre otros. Todos a la espera de que el dedo los bendiga.

Si no se incluyó en la nómina anterior al gastronómico Luis Barrionuevo, es porque es el único de los aspirantes cuyas promesas de bajarse resultan poco creíbles. Propietario de una humildad poco común, dice que renunciará sólo en caso de que surja un candidato mejor que él. O sea, nadie, porque el propio sindicalista sería juez y parte del control de calidad.

En realidad, Barrionuevo espera cobrar en alguna de las varias ventanillas que tiene, de las cuales Catamarca es sólo una: tiene su espacio en la CGT y tiene terminales en la provincia de Buenos Aires, donde fogonea a su esposa, la diputada nacional Graciela Camaño, para la vicegobernación. De modo que combina las presiones y negociaciones en un juego típico de él.

El senador Ramón Saadi, en tanto, es una incógnita. Desde su sector lo lanzaron al ring kirchnerista, pero hubo contactos y enviados también a un acto del ex ministro de Economía Roberto Lavagna.



La generosidad de los extraños



Los catamarqueños, en tanto, ven transcurrir sus existencias sin involucrarse en las rencillas de sus presuntos representantes. Asisten, por momentos divertidos, por momentos indignados, siempre decepcionados, a las acrobacias que los dirigentes ensayan para lograr el favor de Kirchner, de vuelo gallináceo en su obsecuencia.

Atrás quedó la crisis, y Catamarca recibe como provincia la mayor cantidad de recursos de su historia, no sólo en concepto de coparticipación y fondos con destinos específicos, sino también por la minería, en forma de regalías o de utilidades de YMAD.

Semejante flujo no ha servido para incrementar los márgenes de autonomía, sino, paradójicamente, para acentuarlos.

Y lamentablemente, nadie se plantea el objetivo de revertir la situación. Por el contrario, se reincide en los mecanismos que consolidaron la dependencia.

La indignidad del felpudo parece ser el norte.

Al ser conducida a una clínica psiquiátrica, Blanche Dubois, la protagonista de la obra de Tenesse Williams "Un tranvía llamado Deseo", reflexiona impotente: "Siempre he dependido de la generosidad de los extraños".

Blanche Dubois vivía tal destino como una condena oprobiosa. La dirigencia catamarqueña, en cambio, parece considerarlo una bendición.
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