Los 115 purpurados ingresaron esta tarde a la Capilla Sixtina, donde esta tarde empiezan las votaciones para definir quién es el sucesor de Benedicto XVI.
Poco después de las 16.30 (12.30 en la Argentina), los 115 cardenales que participarán de la elección del nuevo papa ingresaron a la Capilla Sixtina, escenario de las secretas votaciones que comenzarán esta tarde para elegir al sucesor de Benedicto XVI.
Luego de que el Maestro de Ceremonias pronunciara la frase Extra Omnes (todos fuera), se dio comienzo al cónclave.
Los cardenales con derecho a voto (por tener menos de 80 años) juraron guardar silencio sobre las deliberaciones que mantendrán hasta elegir al sucesor.
A las 16.15, los purpurados se reunieron en la Capilla Paulina para una oración inicial, tras la cual el decano del cónclave, el cardenal italiano Giovanni Battista Re, les recordó en latín que están allí para elegir al Sumo Pontífice.
Vestidos con sus paramentos rojos y el birrete cardenalicio, los príncipes de la Iglesia, procedentes de 51 países, atravesaron la Sala Regia para llegar a la Capilla Sixtina, entonando la letanía de los santos y un himno de invocación al Espíritu Santo.
Una vez adentro, llegó el turno de juramento por el que se comprometen a mantener el secreto de todo lo que se diga o haga y a defender fervientemente los derechos espirituales y temporales de la Iglesia en caso de salir elegido. Comenzó a jurar Giovanni Battista Re y le siguieron los otros 114 purpurados, individualmente, con la mano sobre los Evangelios y repitiendo la fórmula en latín.
A contiuación, el Maestro de Ceremonias Pontificias pronunciará la frase Extra omnes (Fuera todos), para que los ajenos al cónclave salgan de la Capilla.
Desde entonces todos los ojos apuntarán hacia la chimenea situada a la derecha de la Basílica de San Pedro de donde se espera que por la noche salga el primer humo negro -es poco probable que la primera elección sea la definitiva-.
Mañana, en tanto, comienzan las jornada más álgidas, cuando se realizarán cuatro votaciones por día a la espera de la fumata blanca, que anuncia la elección de un nuevo papa.