El Papa pidió "nuevas reglas" y "respeto a la persona", frente a la crisis financiera
El papa Benedicto XVI pidió ayer a la comunidad internacional que aproveche la actual crisis financiera mundial como un acicate para reflexionar sobre los mecanismos que gobiernan la vida económica y darse nuevas reglas que garanticen una vida digna para todos.
En su tradicional discurso ante los 179 embajadores y representantes acreditados ante la Santa Sede, el Papa hizo un balance sombrío de la actual situación mundial, marcada lamentablemente por un profundo malestar y por diversas crisis: económicas, políticas y sociales, que son su expresión dramática, dijo.
El Papa reconoció que no podía dejar de mencionar ante todo las graves y preocupantes consecuencias de la crisis económica y financiera mundial, que ha golpeado a las familias y empresas de los países económicamente más avanzados, en los que ha tenido su origen, comentó.
Desde la elegante Sala Regia del Palacio Apostólico, Benedicto XVI, que se dirigió en francés ante los diplomáticos, advirtió que la crisis repercute profundamente en la vida de los países en vías de desarrollo, dijo.
No nos debemos desanimar sino reemprender con decisión nuestro camino, con nuevas formas de compromiso, subrayó.
La crisis puede y debe ser un acicate para reflexionar sobre la existencia humana y la importancia de su dimensión ética, antes que sobre los mecanismos que gobiernan la vida económica: no sólo para intentar encauzar las partes individuales o las economías
nacionales, sino para dar nuevas reglas que aseguren a todos la posibilidad de vivir dignamente y desarrollar sus capacidades en bien de toda la comunidad, recalcó.
El Papa admitió también que la crisis dejó desorientados y frustrados a los jóvenes, tanto aquellos de los países ricos como de los países en vías de desarrollo y de diversas regiones, subrayó.
Su malestar ha sido la causa de los fermentos que en los últimos meses han golpeado, a veces duramente, diversas regiones. Me refiero sobre todo a África del Norte y a Medio Oriente, donde los jóvenes que, al igual que otros, sufren la pobreza y el desempleo y temen la falta de expectativas seguras, han puesto en marcha lo que se ha convertido en un vasto movimiento de reivindicación de reformas y de participación más activa en la vida política y social, aseguró.
En su discurso, el Papa admitió que el mundo vive un momento de transición y cambio, y que parece evidente que el modo adecuado de continuar el camino emprendido pasa por el reconocimiento de la dignidad inalienable de toda persona humana y de sus derechos fundamentales.
El respeto de la persona debe estar en el centro de las instituciones y las leyes y debe contribuir a acabar con la violencia, clamó.