Aumentos de suicidios, violencia escolar y retroceso de políticas públicas: la salud mental de los adolescentes en peligro
Casos recientes en distintas provincias exponen un escenario de creciente malestar entre los jóvenes. Profesionales alertan sobre el impacto de la tecnología, la falta de contención y el deterioro de las políticas públicas en salud mental.
En Mendoza, una alumna entra al colegio con un arma en la mochila y dispara dos veces. Meses después, en una escuela de Santa Fe, un chico mata a un compañero con una escopeta. En los días siguientes se multiplican amenazas de tiroteo en instituciones educativas de todo el país. En San José, Entre Ríos, se registra una “epidemia” de suicidios. Y en Merlo, la muerte de Maitena, encontrada ahorcada de un árbol, conmueve al país. “Todos pensamos alguna vez si vale la pena seguir viviendo”, dice Aimara, su compañera de 15 años.
Son escenas y geografías distintas, pero en todas hay adolescentes atravesando situaciones límite en contextos de fragilidad social, escolar y emocional. Se repiten antecedentes de violencia, aislamiento y un uso intensivo de redes sociales. Según especialistas, el malestar juvenil se volvió más frecuente y se mantiene en niveles comparables a los de 2020, en plena pandemia.
“Los adolescentes nos cerramos, pero eso no significa que no nos guste que nos pregunten: ‘¿cómo te fue?, ¿cómo la pasaste?, ¿tenés amigos?’. Sin embargo, nuestros padres llegan estresados, laburan 12 horas al día. Tiene que haber un trabajo de prevención en las familias y en las aulas, porque todos podemos ser Maitena”, resume Aimara.
Según profesionales, el uso intensivo de redes sociales y la hiperconectividad profundizan el malestar y el aislamiento de adolescentes que no encuentran contención en adultos, desorientados frente al avance acelerado de la tecnología y absorbidos por el pluriempleo, que en los últimos ocho años creció un 40%, según datos de la CTA. En ese contexto, la inversión en salud mental pasó de representar el 10% del presupuesto sanitario en 2023, al 1,4% en la actualidad.
El último relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA indica que el 6,5% de la población presenta riesgo de trastorno mental, con mayor impacto en jóvenes de 18 a 29 años y en sectores de menor nivel socioeconómico. Solo el 29,15% está en tratamiento psicológico y, entre quienes no acceden, el 50,05% considera que lo necesita, con la barrera económica (43,44%) como principal obstáculo. Además, el 58,69% reporta problemas de sueño y el 52,40% atraviesa una crisis vital, en niveles de malestar similares a los registrados durante la pandemia.
“La soledad, el vínculo con la tecnología, el acceso a drogas y la violencia familiar son las principales preocupaciones. Hay un aumento de intentos de suicidio y de autolesiones, que es un mecanismo que alivia la ansiedad, cada vez más presente en jóvenes”, advierte Pedro Kestelman, psiquiatra infantojuvenil y ex presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto Juvenil.
Los suicidios: una preocupación creciente
En la Argentina, las muertes por suicidio mantienen una tendencia en alza. En 2023 hubo 4.197 casos frente a 3.955 muertes viales, mientras que en 2024 fueron 4.249 contra 3.539, según el Ministerio de Seguridad. Tras una baja entre 2018 y 2020, los casos crecieron de forma sostenida, con un aumento acumulado cercano al 28% desde 2017. Hoy es la principal causa de muerte violenta.
Por edad, se observa un corrimiento hacia los jóvenes en las muertes por suicidio: aumentan los casos en el grupo de 15 a 25 años, mientras descienden en adultos mayores, según la Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto Juvenil. A su vez, la Facultad de Psicología de la UBA advierte que las personas de 18 a 29 años presentan los niveles más altos de ansiedad, depresión y riesgo suicida.
“Aumentaron las crisis anímicas y los intentos de suicidio en adolescentes, que están muy solos y el mundo adulto no sabe cómo acompañarlos. La pospandemia y el avance de la tecnología nos dejaron descolocados. Es difícil separar lo positivo de lo dañino”, señala Kestelman.
“Hoy la palabra tiene poco valor, está devaluada, no encuentra ni tiempo ni espacio para ser compartida en un lazo que la sostenga”, dice Eugenia Serrano, psicóloga y docente de la Maestría en Clínica Psicoanalítica de la UNSAM.
“Hay en la época un gusto compartido y aceptado por la exhibición y espectacularización del odio y la crueldad, donde las adolescencias bucean en esa oscuridad de manera ilimitada”, suma Soledad Arrieta, psicóloga que creó y coordinó el dispositivo del 0800 de Salud Mental Nacional del Hospital Bonaparte y fue desplazada recientemente de ese puesto.
Retroceso de políticas públicas en salud mental
En Mendoza, la alumna que ingresó armada a la escuela en septiembre de 2025 quedó luego vinculada a un abuso sexual por parte de un celador. En Santa Fe, el ataque que terminó con la muerte de un alumno expuso la participación del agresor en comunidades digitales que promovían masacres escolares. En San José, Entre Ríos, una ciudad de 22.000 habitantes, se registraron 16 suicidios entre 2024 y 2025 —con víctimas de entre 15 y 40 años— y decenas de intentos, con una internación diaria en 2024 por ideación suicida, por depresión y apatía. En Merlo, el caso de Maitena sumó indicios de hostigamiento en redes sociales.
En todos los casos aparece un patrón común: el peso de las tecnologías, el aislamiento progresivo y la dificultad para establecer canales de diálogo con adultos. “Sufrimos en silencio”, advirtió la compañera de Maitena. En este contexto, especialista advierten un retroceso del Estado en políticas de salud mental. A esto se le suma despidos y renuncias por bajas condiciones laborales, y el cierre de instituciones de formación profesional, como las Residencias Interdisciplinarias en Salud Mental (RISAM).
“No vamos a contar con profesionales formados en hospitales escuela, como el Bonaparte, que es una institución de referencia”, advierte Soledad Arrieta.
La línea –un dispositivo telefónico federal y gratuito de atención en urgencias de salud mental– mostró un fuerte crecimiento en la demanda en 2023 y 2024. Sin embargo, esa tendencia se revirtió en 2025 y lo que va del 2026. “La merma en los pacientes atendidos de los últimos dos períodos –2025 y 2026– se debe a los despidos y renuncia de personal especializado del 0800 perteneciente al Hospital Bonaparte. Pasamos de una dotación de 31 profesionales a 19 en la actualidad”, explicó.
En este contexto, el Gobierno envió al Senado el proyecto de reforma de la Ley de Salud Mental, que propone reemplazar el concepto de “padecimiento mental”, flexibilizar las condiciones para la internación involuntaria –con mayor intervención del psiquiatra– y reorganizar el sistema en una red por niveles de complejidad, en lugar de avanzar en el cierre de hospitales psiquiátricos.
Las provincias cuestionaron la iniciativa por considerar que fue elaborada sin participación federal. Autoridades sanitarias advierten que, en un contexto de fuerte aumento de la demanda –con subas en la provincia de Buenos Aires del77% en internaciones y del 134% en consultas ambulatorias en 2025–, el proyecto presenta problemas de financiamiento y podría introducir nuevas barreras de acceso, especialmente en situaciones de urgencia. Además, señalan que implica un retroceso en el enfoque comunitario de la ley vigente.
“El problema de la ley es por un lado su precarísimo financiamiento y por otro los intereses en juego de las grandes corporaciones y prestadoras de salud”, resume Arrieta. En esa línea, Eugenia Serrano advierte: “El proyecto de reforma actual tiene como eje fundamental una vuelta al paradigma de la hegemonía médica por sobre los abordajes interdisciplinarios que plantea la ley vigente y en este sentido es reduccionista”.
Tecnología y malestar
Un relevamiento de la UBA indica que el 97,19% de los jóvenes usa redes sociales y el 58,98% herramientas de inteligencia artificial, con niveles más altos de ansiedad y malestar asociados a su uso. Incluso, un 7,37% preferiría interactuar con IA antes que con un profesional, grupo que presenta los peores indicadores de ansiedad, depresión y riesgo suicida.
“Hay malestares de época –ansiedad, depresión, soledad– que en la adolescencia se intensifican y amplifican en las plataformas digitales”, señala Santiago Stura, coordinador de comunicación de Faro Digital.
Experiencias como el rechazo o la exclusión ya no se tramitan en espacios visibles para adultos, como la escuela o la familia, sino en intercambios entre pares dentro de redes sociales. “Muchas veces ocurren por fuera del radar del mundo adulto”, advierte.
Plataformas como TikTok funcionan como motores de búsqueda donde circulan explicaciones sobre salud mental entre jóvenes, una lógica que empieza a trasladarse también a la inteligencia artificial. “Se utiliza con fines casi terapéuticos”, señala Stura.
“Por ahora no estamos viendo la parte positiva de la inteligencia artificial. Muchos adolescentes están sustituyendo la consulta profesional. Ahí hay una zona de riesgo que ya se está estudiando”, concluye Kestelman.