martes 17 de marzo de 2026
Editorial

Una enfermedad silenciosa

Las advertencias que en los últimos meses vienen formulando profesionales de la salud sobre el aumento de enfermedades renales en niños y adolescentes merecen ser atendidas con la seriedad que el tema exige.

Los especialistas explican que una parte importante de estas afecciones tiene un origen que poco o nada puede modificarse. En muchos casos se trata de enfermedades hereditarias o de malformaciones renales congénitas, que se manifiestan durante la infancia o la adolescencia. En otras situaciones, el daño renal puede ser la consecuencia de infecciones severas que terminan comprometiendo el funcionamiento de los riñones. Frente a este tipo de cuadros, la capacidad de prevención es limitada o directamente inexistente.

Sin embargo, los médicos advierten que existe otro grupo de enfermedades renales cuya incidencia está creciendo y que sí está relacionado con factores de riesgo cada vez más extendidos entre los más jóvenes. Entre ellos aparecen con frecuencia la diabetes, el sobrepeso y los malos hábitos alimentarios, tres variables que forman parte de un mismo problema: el deterioro progresivo de los patrones de alimentación y de vida.

La expansión de dietas dominadas por alimentos ultraprocesados, con altos contenidos de sodio, azúcares y grasas, tiene efectos que van mucho más allá del aumento de peso. Ese tipo de alimentación contribuye al desarrollo de trastornos metabólicos que, con el tiempo, pueden terminar afectando también la salud renal.

La salud renal de los niños no depende únicamente de la medicina. Depende también de decisiones cotidianas que se toman en el ámbito familiar. La salud renal de los niños no depende únicamente de la medicina. Depende también de decisiones cotidianas que se toman en el ámbito familiar.

En ese sentido, los especialistas insisten en recomendaciones básicas que parecen simples pero que muchas veces no se cumplen. Una de ellas es que los niños deberían consumir principalmente agua como bebida habitual. Las gaseosas y las bebidas azucaradas, en cambio, deberían quedar relegadas a un consumo muy ocasional.

A esta situación se suma otro factor particularmente preocupante: las enfermedades renales suelen avanzar de manera silenciosa. En numerosos casos no presentan síntomas evidentes en sus primeras etapas, lo que hace que el problema se detecte recién cuando el daño ya es significativo. Por eso los especialistas remarcan la importancia de los controles médicos periódicos y de estudios simples, como los análisis de orina, que permiten identificar a tiempo alteraciones en el funcionamiento renal.

En definitiva, los padres y adultos responsables tienen un rol decisivo en la formación de hábitos saludables, particularmente en materia de alimentación y consumo de bebidas, pero también en la promoción de controles médicos regulares.

La salud renal de los niños, como tantas otras dimensiones del bienestar, no depende únicamente de la medicina. Depende también de decisiones cotidianas que se toman en el ámbito familiar. Fomentar una alimentación equilibrada, priorizar el agua por sobre las bebidas azucaradas y garantizar controles preventivos son pasos sencillos que pueden marcar una diferencia significativa.

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