lunes 8 de agosto de 2022

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Cara y Cruz

Tahúres en el Senado

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21 de abril de 2022 - 01:05

La fractura del bloque de senadores nacionales del Frente de Todos, impostada para arrebatarle un casillero a la oposición en el Consejo de la Magistratura, fue celebrada como otra jugada maestra por los acólitos de la vicepresidenta Cristina Kirchner, con las exageraciones de rigor. Algunos elementos permiten, sin embargo, encuadrarla como un nuevo síntoma de su retroceso político e impotencia, lo cual muestra a su vez algo mucho más grave: la degradación institucional del Senado, cuya mayoría se prestó a una maniobra más propia de tahúres que de estadistas.

El ardid reglamentario fue impugnado por los tribunos de Juntos por el Cambio, que pidieron al presidente del Consejo y de la Suprema Corte de Justicia, Horacio Rosatti, que se abstenga de incorporar a cualquier senador que no provenga de allí. Era tan previsible como el eslabonamiento de chicanas leguleyas que los actores desarrollarán en lo sucesivo en el interminable cuesta abajo.

Las controversias le servirán a la vicepresidenta y los suyos para continuar con el despliegue de su verba inflamada, cuya temperatura ascendente resulta indispensable para intentar disimular que la “jugada maestra” no es más que una rendición: al designar al cristinista Martín Doñate, Cristina legitima la toma de la Presidencia del Consejo por parte de Rosatti, que hasta el lunes caracterizaba como un “golpe de Estado” inadmisible.

Al sometimiento de la insumisa titular del Senado al criterio establecido por la Suprema Corte para integrar el organismo se suma que Sergio Massa, como presidente de la Cámara de Diputados, aceptó el pedido del interbloque opositor y designó como consejera a la santacruceña Roxana Reyes, cuyo suplente es el catamarqueño Francisco Monti.

Es decir: por muy vistosa que haya sido la gambeta de Cristina, el Congreso acaba de allanarse a lo decidido por la Suprema Corte golpista y su titular, “Rambo” Rosatti según el senador Oscar Parrilli.

“Jogo bonito” y gol en contra, a Cristina le queda el consuelo de robarse la pelota: el Consejo de la Magistratura quedó compuesto de tal forma que ninguna de las facciones tiene el quórum para habilitar su funcionamiento sin la anuencia de la otra, de modo que lo único que está garantizado es la parálisis.

A este enjuague, menos inconducente que grotesco, ha contribuido la Cámara de Senadores de la Nación, augusto reducto de padres de la Patria y representantes de las Provincias, supuestamente menos propensos a los infantilismos que los diputados. Con tal de consentir a Cristina, los oficialistas le hicieron de comparsa en la fantochada. Si así defienden los derechos de sus distritos…

El cuerpo cumple un rol principal en la configuración institucional del país; presta acuerdo para la designación de magistrados y diplomáticos, para los ascensos militares, para el presidente del Banco Central.

Los integrantes oficialistas se plegaron sumisos al mandato de la Vicepresidenta para una mentira ostensible. Como para que después se anden quejando del repudio social a los políticos y el crecimiento de alternativas como la que encabeza Javier Milei.

Lo ocurrido es consistente con la conducta cristinista de los últimos años. También la designación de Alberto Fernández fue aplaudida como el colmo de la solvencia política y concluyó revelándose como una mascarada.

Pero no es culpa de Cristina. Fernández renunció a afirmarse como líder para resistir las arremetidas de su madrina. No significaba necesariamente romper con ella; sí, equilibrar cargas.

Como Fernández, los senadores abdicaron de sus responsabilidades institucionales y se allanaron al desatino. Un espectáculo tan lamentable como el derrumbe del prestigio del Poder Judicial, que precisará mucho más que trampas de boliche para revertirse.

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