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Algo en que pensar mientras lavamos los platos

Sommelier

Por Rodrigo L. Ovejero

13 de mayo de 2026 - 00:30

En “Tres días en el bar”, una de las novelas más olvidadas de la literatura catamarqueña –tan pródiga en olvidos- uno de los personajes se refiere a los sommelieres como las personas que te dicen qué vino tomar con cada comida. Puede ser una definición precaria, pero no está desencaminada. En todo caso, está claro que la función del sommelier tiene necesariamente que ver con el disfrute y el análisis del sabor, y que la actividad tarde o temprano iba a exceder el campo de la enología.

Actualmente existen sommeliers de yerba mate, o de café o –en una jugada un tanto arriesgada y, por qué no decirlo, de carácter delincuencial- de agua. Está visto, entonces, que los límites solo están dados por la capacidad de cada persona para llevar adelante una actividad comercial sosteniendo en su rostro una actitud pétrea, imperturbable. Es por ello que me dispongo a solucionar una ausencia largamente sentida en nuestra comunidad catamarqueña, convirtiéndome en el primer sommelier de nueces confitadas de nuestra ciudad.

El lector se preguntará si cuento con credenciales para desarrollar una tarea de tamaña responsabilidad. Pues sucede que cuento con numerosas credenciales: el carnet del colegio de abogados, el de la liga de veteranos, el de OSEP etc. Puede objetarse su atinencia al tema, pero su número es indiscutible. Cuento, eso sí, con una vasta experiencia en el tema, pues llevo comiendo nueces confitadas desde que tengo uso de razón y he procurado mantenerme al margen de la elaboración de las mismas para que mi juicio no se vea nublado por circunstancias propias de la producción.

La mecánica de esta nueva faceta en la que pienso desarrollar mi actividad en los próximos años es muy sencilla, mi meta es probar cada nuez confitada producida en mi querida Catamarca –cuna indiscutible de esta golosina- y elaborar un informe concienzudo de sus virtudes y defectos, empezando por el envoltorio –las que tengan celofán pegoteado arrancan perdiendo uno a cero, por supuesto- y terminando por la memoria gustativa de la nuez consumida. Mi análisis será objetivo y riguroso, aunque desde ahora mismo anticipo que seré permeable a todo tipo de sobornos y beneficios.

En definitiva, aunque sostengo que el conocimiento en cualquier área debe ser valorado, considero que hace cosa de treinta o cuarenta años un vanguardista del alcoholismo dedicó sus mañanas, sus tardes y sus noches a pergeñar una estrategia para que otras personas le pagaran por tomar vino, y al cabo de esas interminables horas de reflexión se le ocurrió el concepto de sommelier. Pretendo llevar a cabo algo similar en el terreno más familiar y azucarado de las nueces confitadas. Puede que sea un objetivo demasiado ambicioso, no lo sé ni me importa, estoy dispuesto a pagar el precio del pionero. Pueden enviar sus nueces confitadas cuando deseen, pienso trabajar sin descanso porque, al fin y al cabo, ser sommelier de nueces confitadas, más que un trabajo, es un apostolado.

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