sábado 28 de marzo de 2026
Cara y Cruz

Síntomas evidentes

El Estado que fracasa sistemáticamente en sus funciones es un Estado fallido. Los indicadores en la Argentina son cada vez más evidentes.

Episodios como el de la muerte de 24 desahuciados sociales por consumir cocaína adulterada marcan cada vez con más frecuencia la involución del país hacia la categoría de Estado fallido. La fugacidad de las conmociones que desencadenan consigna la naturalización del fenómeno. Acostumbrada al fracaso, la sociedad precisa acontecimientos de impacto creciente para conmoverse.

En este espacio se intentó una reflexión hace dos días sobre el caso del adolescente adicto que casi mata a su vecina a puñaladas para robarle.

El fiscal de Menores Guillermo Narváez resumió la vida “penosa vida que llevó a delinquir ferozmente” al muchacho, para concluir que la única alternativa es mantenerlo encerrado. “Perdió el ejemplo y la autoridad. Necesita un abordaje interdisciplinario; evaluar su vida y ayudarlo a que cese en el consumo. Desde los 12 años consume marihuana y a los 14 se inició con las pastillas. Nadie desconoce el hecho. El sistema punitivo debe dar una respuesta para la mujer y el chico”, dijo.

La asesora de Menores Sandra López, resignada: “Como Estado, hemos llegado tarde”.

Un reflejo de autoconservación psicológica induce a detenerse en los matices de intensidad. Ciertamente, lo de la cocaína adulterada no es lo mismo que lo de las más de 40 puñaladas que el joven catamarqueño descargó sobre su víctima. Sin embargo, en la tardía llegada del Estado a la vida del chico resuenan los ecos impotentes del desesperado pedido del ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni cuando los que se habían metido la cocaína envenenada empezaban a caer: “Los que compraron droga en las últimas 24 horas tienen que descartarla”.

El Estado que sistemáticamente fracasa en sus funciones es un Estado fallido.

El Estado que fracasa sistemáticamente en sus funciones es un Estado fallido. Los indicadores en la Argentina son cada vez más evidentes. El Estado que fracasa sistemáticamente en sus funciones es un Estado fallido. Los indicadores en la Argentina son cada vez más evidentes.

Corrupción e ineficacia judicial; altos niveles de criminalidad e inseguridad; informalidad laboral, pobreza e indigencia extremas; crisis económica, inflación y desempleo; bajo acceso a la educación superior, gran parte de la población con educación básica incompleta y deficiente; pérdida del control del territorio; incapacidad para suministrar servicios básicos…

Los elementos que caracterizan al Estado fallido vienen profundizando su arraigo en la Argentina desde hace años. Es más evidente en las zonas donde la miseria se aglomera, como la villa Puerta 8 donde se vendió la cocaína adulterada, en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Rige ahí la ley del narco, como en tantos otros feudos de la marginalidad del país. Rosario y la violencia desenfrenada muestran un horizonte no tan lejano.

“Acá está todo podrido, no hay solución”, se lamenta el joven, mientras ceba un mate y muestra una foto del muchacho asesinado. “Lo más triste es que a nadie le importa un carajo que nuestros pibes caigan como moscas, porque los consideran basura, todos los días matan a uno y no sale en ningún diario, tuvieron que morirse veinte de los que vienen de afuera a comprar para que aparezcan las cámaras”, masculla entre el dolor y la bronca”.

El testimonio fue extraído de una nota del periodista Mauro Federico sobre Puerta 8, publicado en el sitio DataClave.

Se lo reprodujo en el Mirador Político del 6 de febrero. También se señaló allí como lo más probable que la conmoción que el caso de la droga adulterada había provocado remitiera rápidamente “hasta que otro episodio reúna elementos de alto impacto emotivo suficientes para colocar a los marginados, circunstancialmente, en el centro de las aflicciones sociales”.

No había que ser Nostradamus para acertar. Es lo que ha ocurrido.

Se asiste al sostenido retroceso estatal con la misma indiferencia resignada que se soportan los fenómenos climáticos. Los síntomas del Estado fallido son ya demasiado ostensibles. Asumir la condición es indispensable para empezar a revertirla.

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