sábado 13 de julio de 2024
Editorial

Resoluciones que ponen en valor el amor y la contención

Una resolución del Juzgado de Familia N° 2 de Catamarca tiene implicancias no solo en materia judicial: es un mensaje también respecto del valor que el amor y la contención afectiva tienen en el ámbito de las relaciones humanas y también le otorga importancia a la opinión de menores de edad respecto de su futuro. La resolución de mención otorga la guarda de dos niños a sus "abuelos del corazón”, es decir, personas que sin tener vínculos familiares sanguíneos le ofrecen a dos chicos cariño y cuidado.

La decisión de la jueza Olga Amigot Solohaga se basó tanto en la petición presentada por los abuelos como en la opinión de los menores. El proceso de la resolución judicial fue complejo e incluyó una declaración de inconstitucionalidad del artículo 657 del Código Civil y Comercial de la Nación. Este artículo dispone expresamente que cuando niños, niñas y adolescentes no puedan vivir con sus progenitores “el juez puede otorgar la guarda a un pariente”, es decir, puede designar como destinatario de la guarda judicial a aquellas personas con vínculos parentales. Pero tácitamente excluye a quienes no son parientes. Como dice la magistrada en declaraciones a El Ancasti, ese artículo “veda la posibilidad de que personas que son referentes afectivos, como lo llamamos en el derecho, puedan obtener la guarda de esos niños y por eso fue mi necesidad de buscar todos los recursos a mi alcance y declarar su inconstitucionalidad, porque realmente en este caso lo ameritaba, por el interés superior de estos dos pequeños”.

Hay otros antecedentes en el país, pero es el primero en Catamarca.

Otra resolución judicial conocida en los últimos días va en el mismo sentido de reconocer el amor, el cuidado y la opinión de los chicos como factores gravitantes. En la ciudad de Cipoletti, provincia de Río Negro, un juez del fuero de Familia autorizó a un niño a cambiarse el apellido del padre biológico por el de su padrastro. El propio chico, de 8 años, había realizado el pedido, por lo que se trata de un reconocimiento a la identidad deseada.

El niño convive con su madre y su padrastro desde muy pequeño, mientras que con el padre biológico no tiene contacto desde los 18 meses de edad. Con el pedido del niño y la aprobación del padrastro, el juez ordenó la inmediata supresión del apellido paterno por el de la pareja de su mamá, “asegurando así que el niño pueda llevar un nombre que refleje su identidad y su entorno familiar actual”. El padre biológico, además, no se opuso.

Más allá de las razones vinculadas a lo afectivo, el magistrado basó su decisión en el derecho a la identidad del niño y a un nombre que refleje su realidad familiar, los que están expresados en la legislación argentina y en el Pacto de San José de Costa Rica, al que el país adhiere.

Ambos fallos, el de Catamarca y el de Cipolletti, ratifican el valor del amor y la contención como criterios para decidir lo que es más conveniente para los niños en los contextos familiares y ponen de relieve la importancia de la opinión de los chicos en esas definiciones estratégicas.

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