La desregulación a la que está abocado el Gobierno nacional en algunos casos es necesaria y representa una simplificación necesaria de trámites. En otros casos, trae aparejados problemas que no deben subestimarse, sobre todo si se refiere a temas vinculados a la salud pública.
- El Ancasti >
- Edición Impresa >
- Opinión >
Peligroso para la salud
Una de las últimas medidas adoptadas en este sentido es la que dispone que los medicamentos de venta libre estén disponibles en las góndolas de las farmacias, y algunos, como los analgésicos y los antiácidos, también en quioscos, supermercados y estaciones de servicio. La decisión fue adoptada mediante un decreto que modifica una ley (otra vez), la 17565, que regula las condiciones de seguridad y acceso a estos productos. La reforma establece que ya no será necesario que sea un farmacéutico el que suministre el producto y la automedicación, favoreciendo de ese modo, según los especialistas, la automedicación.
Hasta antes de la desregulación, los medicamentos debían ser suministrados por un farmacéutico, profesional que está capacitado para informar sobre las características del fármaco, acción terapéutica, dosis recomendadas, contraindicaciones, etc. Es que los medicamentos, aun los de venta libre, tienen eventualmente efectos adversos. Si bien eso en la práctica no se cumplía acabadamente, con las modificaciones es inexorable que no se cumplirán.
En rigor, la flexibilización impulsada por el actual gobierno no es algo novedoso. Ya se impulsó con malos resultados en 1991, a partir de una iniciativa del entonces ministro Domingo Cavallo. Aquella experiencia demostró que, fuera de las farmacias, los medicamentos se encarecieron y se perdió el control sobre la calidad, la eficacia y la seguridad.
De hecho, para prevenir este tipo de perjuicios se sancionó en 2009, casi por unanimidad, la norma por la cual se dispuso que los medicamentos vuelvan a ser expendidos solo en farmacias, dejando de exhibirse en góndolas.
Rubén Sajem, director del Centro de Profesionales Farmacéuticos Argentinos, se pronunció sobre el tema en declaraciones periodísticas a distintos medios. “La norma es de absoluto desagrado, es absolutamente negativa, desmerece a las farmacias y los farmacéuticos. En todas las farmacias del mundo se pide la presencia de un farmacéutico para que asesore y acá se pone a la venta sin control”, dijo. Y añadió: “Se probó en los ’90 y el resultado fue nefasto, hasta con medicamentos adulterados. Los medicamentos de venta libres son un 8% de los que hay una farmacia pero tiene sus contraindicaciones, consecuencias, sus riesgos; por lo tanto es negativo ponerlos a mano de la gente, que a veces no tiene asesoramiento médico y termina comprando por la publicidad, que oculta las consecuencias”.
Sería oportuno y muy conveniente que un tema de tanta implicancia para la salud de las personas merezca un amplio y pluralista debate en el ámbito adecuado: el Congreso de la Nación, que es donde se sancionan las normas. Y que en el marco de esa discusión se adopten las decisiones más atinadas y no contaminadas por intereses comerciales.