sábado 28 de marzo de 2026
Volvió a delinquir en menos de un mes

Novena reincidencia: el círculo en caída libre

Un mes. Eso es lo que duró Lucas Nahuel en libertad antes de volver al penal. El 23 de febrero fue condenado por octava reincidencia.

El 24 de marzo cometió un nuevo delito. Ayer fue declarado reincidente por novena vez. El plazo entre reincidencias ya no se mide en años ni en meses. Se mide en semanas. El círculo de multirreincidencias no solo se acelera: está en caída libre.

El joven de 29 años, padre de una niña de seis años, fue condenado a ocho meses de prisión efectiva por intento de robo en el marco de un juicio abreviado ante el Juzgado de Control de Garantías de Segunda Nominación, a cargo de la jueza Cecilia Mas Saadi. La investigación estuvo a cargo del fiscal de Instrucción de Sexta Nominación Facundo Barros Jorrat.

Durante la audiencia, el Ministerio Público Fiscal y el defensor Penal Oficial de Primera Nominación, Daniel Carrizo, acordaron la calificación legal y el monto de pena.

El joven reconoció reconoció su responsabilidad. El fiscal solicitó que se declare la reincidencia por novena vez. La jueza homologó el acuerdo.

Finalizada la audiencia, el acusado fue trasladado al Servicio Penitenciario Provincial. La sentencia constituye antecedente computable. Volverá a salir y probablemente volverá a entrar.

De 10 meses a un mes

El dato temporal es demoledor. Entre la séptima y octava reincidencia de este muchacho pasaron diez meses (entre abril de 2025 y febrero de 2026). Entre la octava y la novena pasó apenas un mes (entre febrero de este año y marzo que está en curso). El círculo no solo se repite: se acelera exponencialmente. Cada vez que sale, tarda menos en volver a delinquir. Cada vez que regresa, la situación es peor.

En febrero, cuando fue declarado reincidente por octava vez, la sentencia reconoció que el joven "ostenta un nivel económico de pobreza" como "motivo que lo determinó a delinquir". Le dieron dos meses de prisión efectiva por robar un peluche y una sierra caladora. Cumplió la condena. Salió. No había programas de reinserción esperándolo. No había seguimiento territorial. No había acompañamiento social. No había tratamiento para consumo problemático. No había capacitación laboral.

Solo había libertad sin red. Un mes después, intentó robar ropa de una casa. Fue sorprendido, perseguido, reducido por vecinos. Volvió al penal. Novena reincidencia.

El hecho

El 24 de marzo, alrededor de las 18.30, el imputado se presentó en un domicilio ubicado en pasaje Jujuy al 1600 de la ciudad Capital. Ejerció fuerza sobre la puerta de acceso principal, doblándola entre el marco y la cerradura, logrando ingresar al inmueble.

Una vez adentro, se dirigió a un dormitorio con la intención de apoderarse de prendas de vestir. No logró consumar el robo porque fue sorprendido por la propietaria, quien alertó a su hijo.

Este lo persiguió y, con la colaboración de vecinos, logró reducirlo hasta la llegada del personal policial. Intentó robar ropa. Fue atrapado. Volvió preso. En un mes completó el ciclo que antes le llevaba diez meses.

La trayectoria de este joven reincidente es la prueba empírica más brutal del fracaso del sistema penitenciario sin reinserción. A los 29 años acumula nueve reincidencias declaradas formalmente. Probablemente lleva alrededor de una década entrando y saliendo del penal. Tiene una hija de seis años que está creciendo sin padre presente.

Cada condena es más larga que la anterior. En febrero le dieron dos meses. Ahora le dieron ocho. Sin embargo, la pena más alta no cambia nada si cuando sale no hay sistema que lo sostenga.

Este joven condenado fue niño del viejo Juzgado de Menores. Llegó al sistema judicial por vulnerabilidad social. Hoy es un adulto atrapado en un círculo del que no puede salir. No porque las penas sean blandas —lleva nueve condenas— sino porque no existe un sistema de reinserción.

Cuando cumpla estos ocho meses y salga del penal, ¿qué va a cambiar? Seguirá siendo pobre. Seguirá sin trabajo. Seguirá sin formación. Seguirá sin tratamiento para su consumo problemático. Seguirá sin red familiar. Seguirá sin nada. Volverá a delinquir. Probablemente en menos de un mes y será la décima reincidencia.

El problema no es la falta de castigo. Es la ausencia de reinserción. No se debate presupuesto para programas. No se discute creación de dispositivos de medio camino. No se habla de equipos de seguimiento territorial. No se proponen tratamientos garantizados para consumos problemáticos ni capacitación laboral.

Se legisla encierro. No se legisla salida. El círculo se acelera. El muchacho salió del penal en febrero. Volvió en marzo.

La próxima vez el plazo posiblemente sea aún más corto. Sin sistema, el círculo no se rompe. Solo gira más rápido hasta colapsar. Nueve reincidencias a los 29 años. Una hija de seis años. Un mes en libertad. El círculo en caída libre.

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