martes 22 de noviembre de 2022

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El Mirador Político

Las crisis demandan adaptaciones

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Con elogios parejos al gobernador Raúl Jalil y el intendente capitalino Gustavo Saadi, la senadora nacional Lucía Corpacci terció salomónicamente en las tensiones que traman el oficialismo catamarqueño en la víspera del año electoral, parecidas a las que atraviesan otros gobiernos provinciales emparentados con la Casa Rosada y estimuladas por las especulaciones sobre el efecto que la fragmentación del Frente de Todos en el área metropolitana podría provocar en la escena local.

La discusión en torno a las estrategias más idóneas para neutralizar eventuales perjuicios venía desarrollándose larvada desde hace meses, en conciliábulos de dirigentes y militantes.

Saadi la hizo emerger cuando trascendió que Jalil descartó el movimiento preventivo que parece más lógico: celebrar las elecciones provinciales en marzo, desdobladas de las nacionales, y convocará para octubre, con primarias en agosto, junto con las Presidenciales.

El intendente ya se había expresado antes en favor tanto del desdoblamiento como de las PASO, pero la decisión de Jalil sacó sus conceptos del campo teórico, de manera que se ocupó de recordar explícitamente que cuenta con la prerrogativa de llamar a comicios municipales por separado.

Calma, peronistas

La insinuación del desacople capitalino es la manifestación pública más alta hasta ahora de una divergencia que es lógica: el electorado de la Capital, cuyo volumen supera el 45% del padrón provincial, es el más permeable a las fluctuaciones nacionales.

Saadi no solo proyecta la recuperación de las expectativas nacionales de Juntos por el Cambio, sino también el calado que podrían alcanzar fenómenos como el de los libertarios de Javier Milei y la izquierda. El último discurso de Cristina Kirchner, sal sobre las heridas del Frente de Todos, no contribuyó a atenuar sus inquietudes.

San Fernando del Valle, entiende el intendente, es el frente más expuesto a ser arrastrado por el fracaso del Gobierno nacional. Como los riesgos de octubre son para él mayores, concluye que debería tener mayor gravitación en la toma de decisiones sobre la estrategia electoral.

Tal es el trasfondo de las declaraciones que Corpacci concedió a Radio Ancasti, en las que asumió el rol de garante de los equilibrios internos en la alianza provincial, asignado cuando dejó el Sillón de Avellaneda y Tula en beneficio de Jalil.

Calma, peronistas. La senadora celebró la gestión municipal de Saadi como “excelente” y subrayó el carácter estratégico de la que Jalil lleva adelante a nivel provincial, virtud que será más ostensible, calculó, el año próximo. También adelantó que las decisiones que se tomen en términos electorales serán las que más convengan “al conjunto”, y recomendó “trabajar como si las elecciones fueran a ser mañana”.

Es una especie de división de tareas.

Las administraciones de Jalil y Saadi son, a criterio de la exgobernadora, complementarias, y a las diferencias de opinión circunstanciales no deben atribuírseles mayor profundidad de la que en realidad tienen.

Recordó que también se produjeron cortocircuitos cuando ella gobernaba y Jalil era intendente, que no pasaron a mayores ni afectaron la integridad, y el éxito, de la coalición oficialista.

Los memoriosos se remitieron de inmediato a uno de ellos: Jalil también esgrimió la idea de desdoblar las elecciones municipales de las provinciales en 2015, año de la victoria Mauricio Macri sobre Daniel Scioli.

Analogías

Si las elecciones provinciales son en marzo u octubre se sabrá en breve, por mera expiración de los plazos para la convocatoria a los que Jalil debe ajustarse. En cualquier caso, lo que parece evidente es que el Frente de Todos catamarqueño requiere reformular su gestión política para adecuarse a la tóxica deriva de su referencia nacional.

La coyuntura muestra algunas similitudes con la que en 2003 enfrentó el FCS.

En aquel entonces convergieron sobre el Gobierno de Oscar Castillo la crisis económica por el estallido del sistema de Convertibilidad y la crisis política por la disolución de la Alianza nacional y la salida anticipada de Fernando de la Rúa.

Ahora incide sobre el Gobierno de Jalil la crisis económica y la inflación indomable en simultáneo con el derrumbe del experimento que Cristina pergeñó con la candidatura presidencial de Alberto Fernández.

Por casualidad o no, esta simetría coincide con otras.

El oficialismo actual es desafiado por conmociones nacionales cuando está por cumplir 12 años en el poder, que es el ciclo que cumplía en 2003 el FCS.

Más curiosidades. La amenaza se cernió sobre el FCS tras dos mandatos de Arnoldo Castillo y la sucesión pactada y pacífica que recayó en Oscar.

En el Frente de Todos, ex Frente para la Victoria, ocurre lo mismo: dos mandatos de Lucía Corpacci, sucesión pactada y pacífica para Jalil.

Contra estas analogías, se alzan las diferencias, que son también ventajas para el Gobierno.

Diferencias

No se registra en Juntos por el Cambio, heredero del FCS, un fenómeno de la potencia desestabilizadora que tuvo en 2001 la victoria de Luis Barrionuevo sobre Ramón Saadi en las internas peronistas.

De la caída del diseño armado por Castillo en las primarias del año pasado no surgieron liderazgos suficientemente sólidos para suplantarlo.

La UCR anticastillista, el PRO y la Coalición Cívica-ARI, miembros de la alianza ganadora, no consiguen todavía una síntesis operativa que trascienda la lectura de encuestas. Esta deficiencia afecta al propio castillismo, donde a falta de un sucesor adecuado para Castillo se consagró una conducción colegiada.

Es sintomático que todos los sectores de Juntos por el Cambio hayan concurrido el fin de semana pasado a esta ceremonia, en la que Castillo reapareció y convocó a subordinar las reelecciones al diseño de una alternativa electoral competitiva. Sobresalió la presencia en el acto del peronista disidente Hugo “Grillo” Ávila.

La falta de un liderazgo como el de Barrionuevo es una diferencia central con el ciclo 1991-2003.

Luego de vencer a Saadi por la candidatura a senador nacional en 2001, el gastronómico aceleró su acumulación en aras del apoyo decidido del presidente interino Eduardo Duhalde.

El trastorno que provocó la primera derrota interna de Saadi en el tablero provincial fue de tal magnitud, que obligó a Castillo a rediseñar su estrategia para dar la batalla por las primeras legislativas nacionales de su mandato. Eduardo Brizuela del Moral renunció a la Intendencia para encabezar la lista de senadores nacionales que enfrentaría a Barrionuevo, secundado por Marita Colombo. Ganaron, pero la reorientación robustecedora en el peronismo no se detuvo.

El sindicalista coronó su consagración como líder del PJ catamarqueño en enero de 2003, con otra victoria en internas sobre Saadi que se proyectó en el jaque a la Casa de Gobierno.

Parecía «jaque mate», pero Castillo logró sortear el tsunami con una jugada a dos puntas: delegó la candidatura a Gobernador en Brizuela del Moral e impugnó a Barrionuevo en la Justicia Electoral.

La maniobra judicial finalmente dio resultado.

Programadas para el 2 de marzo, con el peronismo sin candidatos a raíz de la inhabilitación de Barrionuevo, las elecciones provinciales se suspendieron en la célebre y polémica jornada de la quema de urnas. El arribo de Néstor Kirchner a la Presidencia dos meses después acabó con las expectativas que Barrionuevo tenía de ser habilitado por la Suprema Corte menemista, que el santacruceño desarticuló.

El retorno del peronismo al poder terminó de frustrarse en agosto, con el triunfo de Brizuela del Moral sobre Liliana Barrionuevo, hermana de Luis.

A la ausencia del factor Barrionuevo se suma otra diferencia respecto de 2003.

Oscar Castillo no tenía a disposición a esa altura la figura de su padre y antecesor, Arnoldo, para incorporarla al juego.

Lucía Corpacci, en cambio, está vigente y, como acaba de demostrarlo, en operaciones.

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