domingo 1 de febrero de 2026
Escasas intervenciones no dan resultados

Las calles de Valle Viejo son un problema crónico que se agrava

El mal estado de las arterias genera complicaciones diarias en todo el departamento no solo por las lluvias.

El estado general de las calles y avenidas de Valle Viejo, continúa siendo motivo de reclamos persistentes por parte de los vecinos, que aseguran convivir desde hace años con una infraestructura vial deteriorada, sin soluciones de fondo. Si bien las lluvias intensas de los últimos días volvieron a exponer la problemática con mayor crudeza, los frentistas coinciden en que se trata de una situación estructural, que trasciende los episodios climáticos y se agrava con el paso del tiempo.

En distintas localidades del departamento, como San Isidro, Santa Rosa, Polcos, Sumalao y Pozo El Mistol, se repiten escenas de calles con baches profundos, hundimientos de calzada, sectores sin pavimentar, falta de cordones cuneta y veredas inexistentes. Estas condiciones generan dificultades permanentes para la circulación vehicular y peatonal, incluso en días sin precipitaciones.

“Las calles están rotas todo el año. Cuando llueve se nota más, pero el problema está siempre”, señaló un vecino de San Isidro, quien explicó que muchos tramos se encuentran prácticamente intransitables desde hace tiempo.

Uno de los principales riesgos se presenta cuando llueve. La acumulación de agua cubre baches y pozos de gran tamaño, que quedan ocultos y provocan daños en vehículos. Según relataron los vecinos, es frecuente que automóviles, camionetas y hasta colectivos del transporte público queden varados o sufran roturas.

“Pasás y no sabés si es un charco o un pozo. Caés y rompés el auto”, comentó un automovilista que circula habitualmente por la avenida Manuel Navarro y la calle Crisanto Gómez, en Santa Rosa.

Además, en varios sectores el agua queda estancada durante días debido a la falta de sistemas de desagüe pluvial y pendientes adecuadas, lo que prolonga el deterioro de la calzada y genera barriales que dificultan aún más el tránsito.

La avenida Enrique Ocampo

Uno de los focos más críticos se registra sobre la avenida Enrique Ocampo, especialmente en el tramo que atraviesa Pozo El Mistol. Se trata de una arteria clave de conexión interna, con alto tránsito vehicular, que desde hace años concentra reclamos vecinales por su estado.

Los frentistas atribuyen gran parte de los hundimientos y roturas a las obras vinculadas a la red troncal de cloacas. Aseguran que la compactación del suelo fue deficiente y que, con el tiempo, el pavimento comenzó a ceder.

“Abrieron para poner los caños, taparon mal y asfaltaron. Después se empezó a hundir todo”, relató un vecino que vive sobre la avenida desde hace más de dos décadas.

Actualmente, la traza presenta sectores con cráteres de gran tamaño, obligando a los conductores a circular con extrema precaución. A esto se suma la falta de veredas terminadas y cordones cuneta, lo que complica el desplazamiento peatonal. “Cuando llueve no hay por dónde caminar ni dónde esperar el colectivo. Todo es barro y agua”, indicó una vecina del sector.

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