Si no se avanza en reformas de fondo, al sistema educativo catamarqueño le sobrarán dentro de tan solo cuatro años alrededor de mil cargos docentes y 500 secciones escolares debido al desplome de la matrícula primaria.
Si no se avanza en reformas de fondo, al sistema educativo catamarqueño le sobrarán dentro de tan solo cuatro años alrededor de mil cargos docentes y 500 secciones escolares debido al desplome de la matrícula primaria.
El desfasaje, que por mera inercia se eslabonará con el ciclo secundario y los niveles terciario y universitario, lleva al primer plano el desatino de sostener un paradigma de inversión pública obsoleto. La transformación en la estructura demográfica provocada por la sostenida baja de la natalidad y la mayor longevidad de la población es indefectible. Incluso en el improbable caso de que la tendencia a la baja de los nacimientos se revirtiera, tardaría lustros en impactar de modo significativo y debe considerarse la contraparte: la población vivirá más años, no menos.
El fenómeno supone profundos cambios en las demandas de la sociedad, que plantean desafíos de primer orden en la gestión del sector público.
Los problemas en los sistemas de salud y previsional son ya ostensibles y se vienen resolviendo con el incremento de fondos derivados a contenerlos. Los ingresos y las coberturas sanitarias de los jubilados retroceden en términos individuales, pero los montos presupuestarios globales son mayores, porque los pasivos son cada vez más mientras que los aportantes activos son cada vez menos, por el efecto combinado de la natalidad en baja y la informalidad laboral. La demanda en estos campos crece, mientras los recursos disponibles para atenderla se restringen.
En el frente educativo gravita una diferencia sustancial: es la demanda la que se reduce a velocidad cada vez mayor, frente a una oferta estructural de sobredimensionamiento creciente, rígida y renuente a discutir reformas principalmente por el temor a perder ventajas de la corporación sindical.
Es decir: lo que es un problema de “manta corta” en la salud y el régimen previsional, se traduce como de “manta larga” en el campo de la educación.
Carencia de recursos por un lado, exceso por el otro.
2030 fue establecida como la “deadline” educativa en el último informe elaborado por la prestigiosa “Argentinos por la Educación”, que proyecta una caída del 27% en la matrícula primaria nacional para ese año: 1,2 millones de alumnos menos en todo el país. En Catamarca la baja sería levemente inferior, 26,3%, pero la cantidad de alumnos por docente pasaría del 12 a 1 actual a 7 u 8 por maestro.
El informe tiene una virtud adicional a la seriedad de sus datos, que es política: cuantifica con exactitud el colapso y le pone fecha. La crisis viene amasándose desde hace años, a nadie escapa el deterioro de la calidad educativa, pero “Argentinos por la Educación” da cuenta de su inminente carácter terminal.
Es un tema obvio para la Comisión Demográfica que coordinará en Catamarca el Ministerio de Gobierno. La transformación demográfica impone reformas en múltiples aspectos, pero tal vez sea en el educativo donde esta necesidad se manifieste manera más urgente.
Faltan apenas cuatro años para el “deadline”. Que sean muchos o pocos, depende de los reflejos que tengan los actores del sistema.
Es insensato esperanzarse en aumentos de la natalidad. Tendrían que ser desaforados y, aún así, los nacidos en el hipotético reverdecer de la pasión procreadora recién entrarían al sistema primario en seis años. Absurdo, salvo que alguien esté pensando en poner granjas intensivas de madres y escolarizar a neonatos para que no sobren personal e infraestructura.
Lejos de anunciar el apocalipsis, “Argentinos por la Educación” considera que el fenómeno ofrece oportunidades para mejorar la menesterosa calidad educativa.
Martín de Simone, coautor del informe, destaca la ventaja de poner destinar más recursos por estudiante, sin incrementar el gasto total.
“La evidencia demuestra que, si esos recursos se orientan, los niveles de aprendizaje pueden mejorar de manera considerable”, señaló, aunque advirtió que “reducir alumnos por docente como objetivo en sí mismo no garantiza mejores resultados educativos”.
Para 2030, “más de la mitad de los alumnos estaría en secciones de menos de 15 estudiantes”.
“Este escenario representa un desperdicio de recursos si no se acompaña de una redefinición pedagógica profunda”, señaló “Argentinos por la Educación”.
Tal es el desafío que interpela a la familia educativa, que viene sacándole la nalga a la jeringa desde hace décadas. Que los recursos económicos, humanos y edilicios sobren o falten también depende de las decisiones políticas que se tomen y de la capacidad de adaptación al cambio de las sociedades.
La cuenta regresiva se acelera, la mecha se acorta. Puede ser para un estallido, o para un despegue.