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Mirador Político

Larreta y la estrategia de la sandía

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6 de marzo de 2022 - 02:15

Del Caso Morales y su enrevesado trámite jurídico y político en adelante, Catamarca prefiguró en más de una oportunidad situaciones y escenarios que luego se proyectaron a nivel nacional. Ocurre ahora con el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, quien asumió para tratar de concretar sus aspiraciones presidenciales a la exitosa estrategia que le valió al extinto exgobernador Eduardo Brizuela del Moral el mote de “Sandía”.

El fruto crece echado, sin mayores esfuerzos, pero cuando se lo abre tiene adentro solo agua. Del mismo modo prosperó Brizuela del Moral y lo mismo pasa con Rodríguez Larreta.

Las características “sandiezcas” del mandatario porteño se hacen particularmente notorias en estos tiempos de tensión sostenida. Las rispideces se manifiestan en la coyuntura en torno al acuerdo alcanzado por el Gobierno con el FMI para refinanciar la voluminosa deuda contraída por el ingeniero Mauricio Macri, que debe ser aprobado por el Congreso.

El radicalismo y la Coalición Cívica tomaron posiciones tan fuertes como nítidas a favor de allanar el camino al entendimiento, en contra de sus socios del macrista PRO, que con grandes aspavientos se retiraron cuando presidente Alberto Fernández cuestionó a su antecesor en su mensaje a la Asamblea Legislativa y recordó que había ordenado iniciar la querella penal para deslindar responsabilidades por la toma del crédito, que a su criterio y el de los kirchneristas tuvo objetivos fraudulentos.

Mientas los actores de la alianza opositora dirimen sus diferencias, Rodríguez Larreta se mantiene indefinido, pese a que la narrativa del Gobierno nacional desacredita el liderazgo que aspira a heredar.

Su fe en la estrategia de la sandía es irrenunciable.

El prescindente

Tampoco se lo advirtió demasiado guerrero cuando el mismo presidente Alberto Fernández le podó la coparticipación a la CABA, ni ahora que lo perjudica con los subsidios al transporte.

Disposiciones como las mencionadas pueden ser adecuadas para mermar las asimetrías entre el interior postergado y la próspera Buenos Aires, cosa que la Casa Rosada se apresura a subrayar cada vez que las toma, pero lo que interesa marcar es la conducta de Rodríguez Larreta.

Se trata de recursos de los porteños que él representa. Si se resigna tan mansamente a que los recorten, ¿Qué cabe esperar si llega a la Presidencia? La solución que ha encontrado es la habitual: más presión impositiva a sus electores.

Nótese, además, que tampoco atinó a explicar su defección como gobernante con el argumento de que se trataba de medidas propicias a reducir las brechas entre los argentinos que pretende presidir.

O sea, independientemente de las discusiones decimonónicas aún vigentes: ni defiende a los porteños que lo votaron, ni acierta con un discurso federal de cara al interior, ni propone una síntesis para los intereses encontrados.

Hasta el chirle Alberto Fernández, porteño que gobierna para el Conurbano administrado por los kirchneristas, advierte que por lo menos tiene que hacer la mímica federal y no le mezquina nalga a la jeringa del ridículo cuando presume que debe imitar tonadas del interior en algunos de sus “stand-up”.

La indefinición es la marca de Rodríguez Larreta. Sandía pertinaz, ya caerá la taba y tratará de acomodarse cuando llegue el momento.

Interrogantes

Esta prescindencia le ha servido al Jefe de Gobierno de la CABA para posicionarse como presidenciable por la sola inercia de evitar meterse en conflictos que puedan esmerilarlo.

Del mismo modo, Brizuela del Moral mantuvo sus niveles de imagen íntegros y accedió a la Gobernación de Catamarca en 2003 con el único recurso de no intervenir en las virulentas reyertas de la grieta sadismo-antisaadismo que signaron la década de 1990. Otra prefiguración.

Gobernar es ya son otros cantos.

Rodríguez Larreta apuesta a que se lo valore por su gestión municipal sin inmiscuirse en asuntos espinosos, pero en función de gobierno es incapaz de resolver hasta el problema de los piquetes que incordian a los porteños permanentemente. Falla hasta en organizar el tránsito para estas tan sistemáticas como previsibles movilizaciones.

No obstante, parece convencido de que su imagen de lord mayor trascenderá las fronteras de CABA espontáneamente, y que el país no advertirá las enormes diferencias que hay entre administrar un municipio, por muy grande que sea, y conducir un país en las condiciones que está la argentina. Como si fuera lo mismo emprolijar plazas y tapar baches que sacar a millones de argentinos de la miseria.

Un dirigente “sandía” puede ser lo que se necesita para ganar una elección ¿Será eficaz para gobernar?

No se trata solo de la reticencia de Larreta a someterse a la agenda de la fractura nacional.

Los problemas que agobian al país tienen envergadura trágica, y comenzar a revertirlos demandará mucho más que astucias de marketing. Es urgente recomponer el Estado fallido.

Pobreza del 40,6%, indigencia del 10,7: más de la mitad de la población en la miseria, que se ceba con más saña en los menores de 14 años.

Inflación irrefrenable, gasto público social rígido para atender las legiones de pauperizados, una deuda monstruosa por administrar bajo monitoreo trimestral del FMI, mercado cambiario caótico.

¿Qué tiene para decir el presidenciable Rodríguez Larreta al respecto? ¿Qué horizonte propone? Acaso suponga que reempinar semejante fracaso colectivo es posible desde la zen pasividad de la sandía y la exhibición de sus política municipal.

Los beneficios de hacerse el sota vienen de lejos. Una vez le preguntaron a Julio Argentino Roca sobre las posibilidades de un candidato de provincias que cultivaba la indefinición como virtud. No le dió muchas chances. “Para que a un líder lo sigan, debe marchar adelante”, respondió.

En momentos tan críticos, el déficit de Rodríguez Larreta es de liderazgo.

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