La Educación Sexual fue la clave para descubrir el abuso contra una niña pequeña
La víctima tenía cinco años. Tras una clase en el jardín, mientras hacía la tarea, espontáneamente comenzó a contar sobre el abuso por parte de su padrastro.
La clase de Educación Sexual Integral (ESI) fue la herramienta que ayudó a descubrir un hecho de abuso sexual en la infancia (ASI). “Julieta”, una niña de cinco años, pudo relatar los ultrajes que había sufrido mientras hacía la tarea del jardín. Su madre realizó la denuncia contra el abusado de la niña, su pareja. “Julieta” lo llamaba “papá”. Días pasados, el padrastro de “Julieta” confesó los ultrajes que cometió. En la Oficina de Gestión de Audiencia (OGA) del Poder Judicial se tramitaba la causa para realizar un juicio por jurado. El acusado debía responder por “abuso sexual gravemente ultrajante” y “abuso sexual con acceso carnal”, ambos hechos “agravados por ser encargado de la guarda y por el aprovechamiento de la situación de convivencia preexistente”. Los ultrajes habían sucedido en octubre de 2020, durante la pandemia por COVID-19. Él quedaba a cargo de la niña.
En los fundamentos de la condena, el juez Silvio Martoccia valoró el testimonio de “Julieta” –nombre ficticio para resguardarla-. La niña había contado sobre los ultrajes luego de una clase de Educación Sexual Integral (ESI). Junto con su tía, la pequeña “Julieta” realizaba la tarea sobre violencia. “Fue ese el disparador para que la pequeña, en su corta edad, identifique situaciones y hechos vivenciados con su padrastro. La señora manifiesta, que posterior a una clase de ESI del jardín de la niña, ella relata episodios de abuso, de parte de su padrastro hacia ella”, precisó el magistrado.
La madre había contado que por entonces la convivencia con su pareja no era fácil. Se encontraba en una situación de violencia de género. Pese a ello, jamás pensó que su pareja, quien había compartido la crianza de su hija desde que tenía un año, podría abusar de ella.
Mientras hacían la tarea, la tía le decía a “Julieta” que nadie podía tocarla y que tampoco debía tocar a otras personas. “Entonces lo que me hace ‘mi papá’ está mal”, expresó la pequeña.
“Este testimonio de la niña víctima, por su naturalidad y espontaneidad, es absolutamente creíble y verosímil. En efecto, se hizo entender perfectamente, sumado a su comportamiento gestual acorde a la situación sobre la existencia de las vivencias abusivas sufridas por parte de su padrastro. Su declaración es válida y contundente”, valoró Martoccia.
La niña se hizo entender. La tía puso en aviso a la madre y se efectuó la denuncia penal pertinente. El protocolo de abuso realizado constató la violencia sexual contra la niña.
Además, el magistrado remarcó una “circunstancia del especial afecto” de la niña para con el imputado, a quien llamaba “papá”. “Infiero que tal vínculo afectivo surge por haber ocupado el lugar de su padre biológico en la frecuencia del trato diario, al convivir con su madre en un mismo techo en familia ensamblada desde que ella tenía un año de edad. Este hecho tira por tierra cualquier atisbo o sospecha de interés mezquino en pretender perjudicar al imputado sino todo lo contrario, se infiere que la niña lo quiere independientemente de los hechos sufridos”, consideró.
La confesión de un ultraje
De acuerdo con información a la que pudo acceder El Ancasti, mientras se llevaba a cabo el proceso para la realización del juicio por jurados, el acusado manifestó su intención de confesar. Sentado en el banquillo admitió que abusó de la hija de su pareja, una niña de cinco años.
La audiencia fue presidida por el juez director Silvio Martoccia. El Ministerio Público Fiscal fue representado por el fiscal de Cámara Miguel Mauvecín, quien estuvo acompañado por la asesora de Menores, Daniela Faerman Cano y la abogada de la querella, Silvia Barrientos. El acusado fue asistido por la defensora Penal Oficial de Tercera Nominación, Valeria Olmedo.
Dada la confesión, la Fiscalía y la Defensa acodaron una pena de 11 años. El magistrado, tras escuchar el planteo de las partes, declaró culpable al acusado y lo condenó a 11 años, como se había acordado.
Ante la sospecha o duda de un abuso a un niño, niña o adolescente, se debe denunciar. La Línea 102 funciona las 24 horas, los 365 días. A la vez, el Servicio Local de Capital de Promoción y Protección de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes cuenta con la línea 3834 606915.