martes 23 de julio de 2024
Editorial

La crisis no es para todos

La crisis económica que vive la Argentina no es para todos. Hay algunos actores centrales que no solo no se ven afectados por ella, sino que, por el contrario, han obtenido, y lo siguen haciendo, cuantiosas ganancias. Cuáles son los sectores que ganan y cuáles los que pierden se definen a partir de decisiones políticas. O también de omisiones políticas, es decir, de omitir regulaciones o medidas que gravitan en la distribución del ingreso.

En la Argentina se ha verificado desde diciembre a la fecha un fuerte incremento de la pobreza y la indigencia. Según los datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, la pobreza se disparó del 44% del tercer trimestre del año pasado al 55% del primer trimestre de 2024. La indigencia, al mismo tiempo, creció del 9,6% al 17,5%. Mientras millones de personas caían en la pobreza y en la indigencia, las ganancias de las grandes empresas alimentarias se multiplicaron por seis, según las estadísticas de la Comisión de Valores.

Las tres empresas alimenticias más grandes del país que cotizan en bolsa acumularon durante los primeros meses del gobierno de Javier Milei ganancias por más de 75.000 millones de pesos, con un incremento del 598% respecto a las del año pasado. Si a esos números exorbitantes se le suma la ganancia financiera y la participación en sociedades, entre otros conceptos, la ganancia es de 201.000 millones, con un crecimiento superior al 1.330%. Así lo consigna un estudio elaborado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).

Otros sectores han logrado en el mismo período sustanciales dividendos, aunque nunca tan altos como el que alcanzaron las alimenticias: las empresas ligadas al mundo financiero obtuvieron beneficios superiores al 945% y las hidrocarburíferas del 790%.

El informe del IPyPP explica las razones de esta situación: “Los exorbitantes excedentes económicos que cosecharon las compañías alimenticias durante el primer trimestre fueron fruto del desmantelamiento de los mecanismos regulatorios vigentes hasta el año pasado, permitiendo a los grandes operadores del mercado captar amplios márgenes de rentabilidad por vía de la fijación oligopólica de precios en los alimentos que conforman la canasta básica familiar”.

Estas empresas son ampliamente dominantes del mercado. Concentran entre el 60 y el 80% de las ventas, según el tipo de alimento. La falta de regulación favorece la concentración y pulveriza la libre competencia. Los efectos son palpables para el consumidor argentino: los precios de los alimentos subieron en los últimos meses muy por encima de la inflación general. El resultado global es, en este contexto, el esperado (y el provocado por las medidas económicas): una formidable transferencia de ingresos desde el sector asalariado hacia las empresas alimenticias oligopólicas.

Las estadísticas vinculadas al consumo en los últimos meses son una prueba concluyente de la necesidad de que el Estado asuma un rol regulador en la economía para evitar una tendencia a la concentración y la desigualdad.

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