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Editorial

Guerras visibles y guerras invisibles

Por distintas razones, la guerra Rusia-Ucrania capta la atención preferencial de la prensa mundial...

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23 de marzo de 2022 - 02:10

Por distintas razones, la guerra Rusia-Ucrania capta la atención preferencial de la prensa mundial. La devastación que sufre ese país, el número de muertos y refugiados, la intervención de otros países, las declaraciones de los principales líderes mundiales todos los detalles de la contienda bélica están presentes en las pantallas de la televisión, las páginas de los diarios, los portales de noticias y las redes sociales. Hay una idea generalizada de que es la única guerra que se libra en el mundo en este momento porque afecta intereses geopolíticos de las principales potencias, o porque el terreno de disputa es un país europeo. Pero es un error: más de una decena de conflictos bélicos ocurren simultáneamente en el mundo –en el tercer mundo- sin que se conozca mucho de la naturaleza o las características, mucho menos el saldo mortal, de estos enfrentamientos. Sin embargo, las secuelas de esas guerras son mucho peores que la que se libra en Ucrania por estos días.

La más espantosa de todas es la que tiene como territorio de combate a Yemen, que hace siete años es bombardeado y bloqueado por Arabia Saudita. Más de la mitad de los habitantes de este país (algo así como 17 millones de personas) padecen de hambre extremo. Hasta diciembre de 2021 la cantidad de muertos por la guerra en Yemen –en acciones directa o por la miseria que causa- era de 380.000, de los cuales casi 250.000 eran niños o adolescentes. A diferencia de Ucrania, no hay refugiados, porque la población civil no puede escapar de la guerra, y los habitantes no reciben casi ayuda internacional, porque el conflicto está invisibilizado, también por intereses geopolíticos.

Y también hay confrontaciones bélicas en otras naciones de África y Asia, con escasísima repercusión pública.

En Camerún una guerra civil con participación internacional que estalló en 2017 y ya causó más de 6.000 muertos directos. Algo similar sucede en Etiopía, Mozambique, República Democrática del Congo, Uganda y Malí. En este último país los muertos suman por lo menos 25.000. En Somalía han muerto más de 300.000 personas desde 1991, la misma cantidad que en Sudán desde 2003.

También hay tremendas crisis humanitarias y violaciones reiteradas de los derechos humanos más básicos por guerras en la Región de Lago Chad, en Nigeria, y en la Región Sahel Occidental, al norte de Malí y Burkina Faso, siempre en el continente africano.

En Asia hay conflictos armados abiertos en Myanmar, Afganistán, Siria e Irak. En Afganistán murieron desde la invasión de EE.UU en 2001 alrededor de 46.000 civiles; y en Irak, país también invadido por las tropas de la OTAN, son más de 350.000 las bajas entre la ciudadanía no combatiente. En Siria hay 5,6 millones de refugiados y 6,7 millones de desplazados internos, además de decenas de miles de fallecidos.

Las guerras son terribles: generan muerte, destrucción, dolor inconmensurable y crisis humanitarias. Pero estas son las secuelas de todas las guerras, aunque los intereses geopolíticos visibilicen solo algunas e invisibilicen otras.

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