La guerra en Medio Oriente que se desató después del ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, el sábado 28 de febrero, provocó "la mayor crisis energética" de la historia, según lo reconoce la Agencia Internacional de Energía (IEA) y otros especialistas. Para la Argentina, sus efectos ya se sienten en los bolsillos de la población y en las cuentas públicas, con implicancias diversas.
El primer impacto, más directo y que se verifica desde los primeros días de marzo, es el aumento generalizado y fuerte en los precios de la nafta y el gasoil. Con la misma cantidad de ingresos y más gastos, el argentino tiene que recortar consumos para hacer frente a estos incrementos.
Durante este mes el precio tocó los US$ 120 por barril y en los últimos días se estabilizó en torno a US$ 110, un 57% más. En promedio, los combustibles subieron un 10% en todo el país y en una de las petroleras, que prefiere no ser identificada, sostienen que, además, todavía existe un atraso en los precios largamente superior al 30%.
Otro de los efectos que se sentirá en el país es el aumento del gas natural licuado (GNL). Hasta febrero, el gas licuado se comercializaba en torno a los US$ 9 a US$ 10 por millón de BTU (la unidad de medida); este mes el precio llegó a superar los US$ 23. El Gobierno decidió demorar las compras de gas licuado este año para licitar la importación privada, a través de un comercializador. Esa licitación se adjudicará el 21 de abril.