martes 20 de enero de 2026
Cara y Cruz

Geo-megalomanía

A la espera del impacto global que Javier Milei espera obtener con su discurso en Davos, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, comenzó a calentar el clima con una carta al premier noruego en la que incorporó a los argumentos para apoderarse de Groenlandia recriminaciones porque no le otorgaron el Premio Nobel de la Paz.

“Teniendo en cuenta que vuestro país decidió no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido 8 Guerras o más, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la Paz, aunque siempre será predominante, sino que ahora puedo pensar en lo que es bueno y apropiado para los Estados Unidos de América”, le reprochó a Jonas Gahr Store.

El noruego aclaró que su gobierno tiene poco que ver con la adjudicación del codiciado premio. El Comité Nobel es una organización independiente, recordó, pero Trump consideró que “Noruega lo controla totalmente, a pesar de lo que digan”.

Una reacción más que esperable del líder norteamericano. Si por él fuera, sometería a sus designios hasta los premios escolares al mejor compañero. La cuestión es que, aunque las pretensiones sobre Groenlandia deben obedecer seguramente a objetivos relacionados con el imperialismo explícito que al mando de Trump ejercen los Estados Unidos, el incidente expone cómo la egolatría exacerbada contamina la geopolítica.

Tal vez fue esperanzada en la gravitación de este factor que la opositora venezolana María Corina Machado, titular del Nobel que Trump pretendía, se lo ofrendó en una visita a la Casa Rosada que tuvo ribetes humillantes.

Donald Trump no se siente obligado a pensar "únicamente en la paz" porque no le entregaron el Premio Nobel. Donald Trump no se siente obligado a pensar "únicamente en la paz" porque no le entregaron el Premio Nobel.

Tamaña generosidad no tuvo correlato alguno hasta ahora en el respaldo que Trump brinda a los antiguos lugartenientes del encarcelado dictador Nicolás Maduro, que siguen el frente de Venezuela de los más panchos con el sencillo trámite de acceder a que los Estados Unidos les controlen la política petrolera.

Sin embargo, dado el avance de la megalomanía en el ámbito geopolítico, no puede descartarse que el reproche de Trump al premier de Noruega se debiera a que el Instituto del Nobel aclaró después del regalo de Corina que el galardón es intransferible.

“Independientemente de lo que suceda con la medalla, el diploma o el dinero del premio, es y seguirá siendo el ganador original quien quedará registrado en la historia como el ganador del premio”, advirtió la institución. Y remarcó que un galardonado “no puede compartir el premio con otros ni transferirlo una vez anunciado”.

Qué irresponsables ¿Qué les hubiera costado allanarse a la decisión de la venezolana y dejarlo nomás a Trump como Nobel? Capaz que los países europeos que se oponen a entregar Groenlandia sufrían unos aranceles norteamericanos para sus productos menos rigurosos, o nulos. En tren de delirios, incluso podría conjeturarse que Trump desistiera de sus intenciones expansionistas.

Vaya a saberse, pero Trump disertará ante el foro de Davos mañana, el mismo día que Milei. Lo portentoso de la jornada ha de inducir en el argentino alguna prudencia retórica para que no se le vayan a escapar disparates que pueda opacar el desempeño de su admirado norteamericano, que vuelve al evento con toda la furia tras seis años de ausencia. No es lo mismo hablar el mismo día que Trump en Davos que desafinar “Amor Salvaje” con el Chaqueño Palavecino en Jesús María.

Faltaría que el quisquilloso Trump se ofenda y Milei tenga que regalarle alguno de los preciados “culos de tuna” que viene cosechando mientras aguarda por el Nobel de Economía.

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