martes 31 de marzo de 2026
Editorial

Fuera de Agenda

El arribo de Javier Milei al gobierno significó una transformación brusca en casi todas las áreas de la gestión pública. También en política exterior, y no solamente por el realineamiento geopolítico, que por ejemplo forzó la salida de los BRICS y el acercamiento incondicional con Estados Unidos e Israel, sino también por un cambio notable en el enfoque de los problemas globales.

Una reciente instrucción de la Cancillería argentina a todas las embajadas es consecuente con el nuevo rumbo. En ella se ordena “revisar” todo lo relacionado con la Agenda 2030 y sugiere que las representaciones diplomáticas argentinas no asuman responsabilidades o participen en eventos relacionados con ese compromiso asumido por los 193 países miembros de las Naciones Unidas. Como puede entenderse fácilmente, de profundizarse esta tendencia Argentina quedaría prácticamente aislada del mundo.

De todos modos, la instrucción es congruente con lo que piensa el propio presidente Javier Milei, que en la visita al Foro Económico de Davos aseguró que “el objetivo del viaje es plantar las ideas de la libertad en un foro que está contaminado con la agenda socialista 2030 que solo traerá miseria al mundo”.

En mayo, luego de la visita del presidente a España, Diana Mondino había dado de baja el compromiso ambiental de la página web de cancillería. Según los trascendidos, lo había hecho luego de los cuestionamientos de Vox, la fuerza de ultraderecha española que funcionó como anfitriona de Milei.

La Agenda 2030 se aprobó en 2015. Es el mayor plan de acción concebido hasta el momento para trazar un camino que lograr dar respuesta a los grandes desafíos mundiales: desde la pobreza y el hambre hasta la corrupción y el cambio climático. Contiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Expresados de un modo sintético algunos de ellos son: acabar con la pobreza, terminar con el hambre, promover la salud y el bienestar, lograr educación de calidad, la igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, trabajo decente, desarrollo de la industria y la infraestructura, ciudades y comunidades sostenibles, reducción de las desigualdades, producción y consumo responsable, preservación de los ecosistemas terrestres y la vida submarina.

El propósito de este acuerdo global es inobjetable. Sin embargo, para la extrema derecha, que se autotitula antiglobalista, es atentatorio del desarrollo de los países. En ese sentido, en Argentina la dirigencia libertaria cuestiona las políticas de defensa del medioambiente, no cree en la acción humana en el cambio climático y aborrecen las políticas de género.

No puede ser decisión de una gestión que Argentina quede fuera de Agenda, es decir, que abandone acuerdos estratégicos que sostienen la inmensa mayoría de las naciones del mundo y los organismos supranacionales, los cuales además procuran dar respuesta a los más graves problemas que enfrenta actualmente la humanidad.n

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