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Editorial

En los márgenes de la historia

Debe aun escribirse la historia completa de los Pueblos Originarios. La historia oficial la escamotea, la ignora...

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19 de abril de 2022 - 01:10

Debe aun escribirse la historia completa de los Pueblos Originarios. La historia argentina -la oficial por supuesto pero incluso también la revisionista- la escamotea, la ignora o la considera desde una perspectiva ajena a la cosmovisión y los intereses de las comunidades aborígenes. De modo que no es casual que ya bien entrado el siglo XXI haya reivindicaciones que se deberían haberse resuelto hace mucho tiempo, y, sin embargo, permanecen pendientes. No aludimos solamente a los derechos que, aunque reconocidos por ley, son ignorados en la práctica, ni a las miserables condiciones de vida de un porcentaje mayoritario de las personas que integran estas comunidades, sino también a hechos puntuales que son históricos por el tiempo transcurrido, pero actuales por su irresolución.

Valgan dos ejemplos para ilustrar la reflexión.

Hoy, fecha en que se celebra el Día del Aborigen Americano, instituido por el primer Congreso Indigenista Interamericano, comienza en Resistencia, Chaco, el Juicio por la Verdad por la Masacre de Napalpí, ocurrida hace 98 años contra los pueblos Qom y Mogoit. No hay muchos antecedentes en el mundo respecto de juicios que intentan revelar la verdad acerca de hechos ocurridos hace casi un siglo. El carácter inédito de este proceso judicial habla, al mismo tiempo, mal y bien de la Argentina. Mal porque la historia, que la escribe siempre los que ganan, enterró este suceso y quienes lo ejecutaron murieron impunes. Bien porque, pese al tiempo transcurrido, la lucha de las comunidades originarias actuales ha logrado que el Estado, a través del Poder Judicial, investigue y termine revelando una verdad histórica ocultada deliberadamente.

El juicio por la Masacre de Napalpí, perpetrada por fuerzas de seguridad y agentes paraestatales que fusilaron a cientos de personas (hubo entre 500 y 1.000 víctimas directas) es histórico además porque es la primera vez que se debate en un estrado judicial un genocidio sobre pueblos originarios.

Para corroborar la crueldad de los victimarios, baste decir que el comisario de Resistencia Roberto Sáenz Loza, que comandó el operativo, ordenó el degüello y luego la mutilación de los muertos y heridos. Los testículos, las orejas y los pechos fueron tomados como “trofeos de guerra”.

El Estado provincial será querellante a través de la Secretaría de Derechos Humanos y Géneros.

Otro hecho es el reclamo de restitución a sus comunidades originarias, de restos óseos de dos ancestros del cacique Calfucurá que se encuentran entre las colecciones más antiguas del Museo de la Plata. Ese museo contiene 300 cráneos de hombres, mujeres y niños originarios que aun no fueron restituidos. Son restos de personas que, hace más de un siglo, fueron separados violentamente de sus familias y sus comunidades y ni siquiera tuvieron un funeral de acuerdo con sus creencias. El proceso de restitución de restos comenzó hace ya un tiempo, pero lejos está de concluirse.

La historia argentina debe añadir permanentemente nuevos capítulos que expliquen el devenir nacional de una manera más amplia, incluyendo hechos ignorados y perspectivas novedosas que incluyan a todos los sectores de la población, aun, y sobre todo, a los que han vivido casi siempre en los márgenes de la historia.n

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