viernes 29 de septiembre de 2023

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Cara y Cruz

El problema Paulón

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Fue necesaria la intervención directa del gobernador Raúl Jalil para controlar el conflicto entre los operadores turísticos de Fiambalá y la intendenta Roxana Paulón en torno a las obras de mejoramiento de las emblemáticas Termas.

El mandatario se reunió con la Asociación de Empresarios Turísticos Fiambalenses y empezó a acortar las distancias para que el proyecto, ya adjudicado por el Ministerio de Infraestructura y Obras Civiles, pueda ponerse en marcha. Los empresarios plantearon sus dudas y propuestas y ya estarían dadas las condiciones para que los trabajos se reactiven.

Las razones por las que Paulón no pudo encargarse de tan elemental gestión radican en sus severas limitaciones políticas. Lleva dos mandatos y es candidata a un tercero, pero esta continuidad induce una falsa percepción de solidez: en cada comicio primario queda en la cornisa de la derrota, y finalmente se salva porque el Gobierno provincial va en su auxilio. En esta oportunidad, los esfuerzos para rescatarla tendrán que redoblarse: Juntos por el Cambio le sacó alrededor de 600 votos de ventaja.

La fragilidad crónica de la fiambalense es un fenómeno extraño en una provincia que se caracteriza por las dificultades para vencer a intendentes que se eternizan en sus puestos si no tienen el límite de las Cartas Orgánicas. Además, cuesta encontrar un municipio que haya recibido, en términos relativos, tanta inversión en obras y respaldo del Gobierno como el que ella conduce, pero no ha sabido capitalizar estos ingredientes para afianzarse.

El incidente con las Termas condensó esta impericia. Se trata de un proyecto de importancia central para el desarrollo turístico de Fiambalá, que empezó a acelerarse desde que las tierras en las que el complejo está enclavado fueron declaradas sujetas a expropiación por la Legislatura hace dos años. La propia intendenta anunció por entonces que el Gobierno se había comprometido a invertir 100 millones de pesos para poner en valor el espacio.

Seguramente los anuncios sobre las Termas formaban parte de los dispositivos previstos para la campaña, pero la insólita controversia los devaluó como insumo.

Para colmo, en lugar de hacerse cargo de su imprevisión, Paulón descargó las responsabilidades en el Gobierno. Dijo que no tenía idea de que los trabajos iban a iniciarse –“una mañana nos desayunamos con el cartel”-, que se había encargado de pedir su suspensión y que convenía “escuchar a la gente”.

Más allá de que es inverosímil que un intendente “se desayune” con obras que se están por ejecutar en su propio distrito, de tamaña importancia y expectativa, y en un lugar con el peso simbólico que las Termas tienen, las justificaciones cayeron muy mal en el oficialismo.

Aunque prudentemente se optara por no hacer demasiadas olas, en Casa de Gobierno no podían creer que Paulón no se hubiera ocupado de edificar consenso en torno a un proyecto que implica grandes beneficios para el sector turístico de Fiambalá y que pretendiera sacudirse del lomo con tanta liviandad sus responsabilidades.

La Cámara de Empresarios Turísticos Fiambalenses elevó una nota directamente a Jalil planteando sus dudas.

“Exigimos que se respete nuestro preciado tesoro natural e identidad natural y se nos informe detalladamente qué se pretende realizar y de qué manera, en qué plazos y cuáles son las medidas que se tomarán para mitigar las molestias que toda obra ocasiona”, consignaron.

Jalil advirtió que, dado el triunfo de Juntos por el Cambio en las primarias, era indispensable restringir daños y se puso al frente de las tratativas. Ordenó, además, que le asfalten las calles a Paulón para tratar de remontar las diferencias electorales y retener la comuna, que es clave además por la actividad minera.

A los recursos destinados a Fiambalá se suma, de tal modo, la elaboración de una campaña diferenciada. Es el único lugar gobernado por el oficialismo donde se perdió.

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