¿Quién no ha escuchado hablar alguna vez del Globo, o incluso ha subido hasta ese punto emblemático del cerro Los Heladitos? Los que aún no lo hicieron están a punto de conocer su historia y, seguramente, algún día querrán visitarlo.
Recuerdos de cuando el oeste catamarqueño buscó obtener las señales audiovisuales del país.
¿Quién no ha escuchado hablar alguna vez del Globo, o incluso ha subido hasta ese punto emblemático del cerro Los Heladitos? Los que aún no lo hicieron están a punto de conocer su historia y, seguramente, algún día querrán visitarlo.
Ubicada en el distrito Minas en Capillitas, se alza una obra que no sólo transformó el paisaje, sino que marcó un momento clave en la historia de las comunicaciones del oeste catamarqueño. Detrás de esta iniciativa estuvo el Rotary Club, organismo internacional con sede en el departamento Santa María, fundado en mayo de 1945, que hacia la década de 1970 comenzó a preguntarse por qué el interior profundo de Catamarca debía permanecer aislado, mientras las grandes ciudades del país avanzaban en materia de comunicación y tecnología.
En aquellos años, la región del oeste era predominantemente rural y estaba lejos de gozar de los beneficios de las emisoras FM. La prensa escrita llegaba con retraso (cuando llegaba) y las radios provinciales apenas se escuchaban durante el día en algunos sectores. Sólo de noche, y con suerte, alguna señal AM nacional o internacional, generalmente chilena, lograba colarse en los hogares. Según relató el abogado Daniel Cisneros en una comunicación dirigida a Anita Faciano, un miembro del Rotary Club, Ernesto Salvatierra, mantuvo un diálogo con Carlos Martínez, oriundo de Concepción, de Tucumán, y reconocido entendido en materia de comunicaciones. En ese intercambio, Martínez le planteó la posibilidad de lograr una transmisión televisiva desde el cerro Ancasti, donde funcionaba una repetidora de Canal 12, mediante la instalación de otra repetidora en Los Heladitos, en Andalgalá.
La idea resultó tan viable como inspiradora. Salvatierra la llevó al seno del Club Rotario, donde fue analizada y discutida, convirtiéndose en el punto de partida de una iniciativa que, con el tiempo, daría origen a una de las obras más significativas en la historia de las comunicaciones del oeste catamarqueño.
Con esa realidad como telón de fondo, el 18 de abril de 1972, el Rotary Club dio un paso decisivo. Ese día se envió una carta al entonces gobernador Horacio Pernasetti, firmada por el presidente de la institución, Pedro Nolazco Ayala, y su secretario, Juan Carlos Popovich. En ella se planteaba con claridad una idea ambiciosa para la época: la posibilidad de instalar una estación repetidora de televisión en las cumbres de Minas Capillitas, zona considerada óptima por especialistas en la materia.
El proyecto no quedó sólo en palabras. El Rotary Club se contactó con técnicos cordobeses, quienes debían realizar un estudio de factibilidad para determinar si desde Los Heladitos era posible cubrir con señal televisiva amplias zonas de los departamentos de Andalgalá, Belén, Tinogasta, Santa María y Pomán.
En ese contexto adquirió especial relevancia el Canal 12 de Córdoba, fundado por la empresa Telecor S.A.C.I., que comenzó a transmitir el 18 de abril de 1960. Esta emisora fue la primera estación de televisión abierta del interior del país y la segunda a nivel nacional después de canal 7 de Bs.As., lo que la convertía en un referente técnico y operativo fundamental para el desarrollo del proyecto que buscaba llevar la televisión al oeste catamarqueño. La idea de instalar una segunda repetidora en Catamarca no fue tarea sencilla. Los técnicos, acompañados por baqueanos de Capillitas, ascendieron a lomo de mula hasta las mayores alturas posibles del cerro, midiendo señales en microvolts por metro y evaluando triangulaciones que permitieran una cobertura eficaz.
El 12 de diciembre de 1972, Roberto Muñoz y el ingeniero Marcelo Barbieri, junto al equipo técnico que los acompañaba, realizaron las primeras mediciones de señal, utilizando una antena de 9 metros de altura. Estas pruebas resultaron fundamentales para evaluar la factibilidad de una futura repetidora en la región del oeste catamarqueño.
Las mediciones iniciales se efectuaron en la Loma de la Rosilla, a una altura de 1.700 metros sobre el nivel del mar, ubicada en la latitud 30° 55’ sur y longitud 64° 29’ norte. Desde ese punto se irradiaba una potencia de 500 watts hacia la repetidora del cerro Ancasti, registrándose una señal de recepción de video entre 250 y 350 microvolts.
En cuanto a la repetidora de Ancasti, situada a 1.850 metros sobre el nivel del mar, las mediciones arrojaron una intensidad de campo de recepción que oscilaba entre 650 y 1.000 microvolts de video, con una posición geográfica de latitud 28° 32’ y longitud 65° 31’.
Para la proyectada repetidora de Capillitas, se consignó una altura de 1.350 metros sobre el nivel del mar, considerando en las planillas técnicas la intensidad de campo recibida más el incremento previsto de potencia efectiva de transmisión (P.E.T.). Su ubicación fue establecida en latitud sur 27° 21’ y longitud norte 66° 21’.
Durante las pruebas se determinó que la señal del canal 11, proveniente de la repetidora de Ancasti, llegaba con una orientación de 151° respecto del Norte Magnético, equivalente a 23° y 245° respecto del Norte Geográfico. En contraste, en el lugar no se logró captar señal del canal 10 de Tucumán, ni del canal 7 de Santiago del Estero.
Las tareas de medición se extendieron el día 28, entre las 16.00 y las 21.00 horas, y continuaron al día siguiente, desde las 16.00 hasta las 19.00 horas, período durante el cual se obtuvieron valiosos datos de recepción e irradiación de señales, que resultarían determinantes para el desarrollo posterior del proyecto.
El costo del estudio ascendía a $11.000, con un 50% a pagar al iniciar el trabajo y el resto al momento de su entrega, prevista en un plazo de 45 días.
El Rotary necesitaba que dos factores coincidieran: que el gobierno provincial aprovechara el tiempo propuesto por los técnicos y que se concretara un dato clave conocido por la institución. El Canal 12 de Córdoba estaba a punto de reemplazar su repetidora del canal 2, instalada en el cerro Ancasti, por una nueva que emitiría por el canal 11. El equipo retirado podía convertirse en la pieza fundamental para instalar la esperada repetidora en Capillitas.
Apenas dos días después de haber elevado su nota al gobernador Horacio Pernasetti, el presidente del Rotary Club decidió ampliar el alcance de la iniciativa. En una nueva misiva, puso en conocimiento del proyecto a los intendentes de Andalgalá, Miguel Eduardo Curi, y de Belén, Ramón Telmo Palavecino, buscando sumar voluntades locales a una causa que comenzaba a tomar forma.
La respuesta no tardó en llegar. El 4 de mayo de 1972, el intendente andalgalense Miguel Eduardo Curi se dirigió formalmente a sus pares de Belén, Tinogasta y Santa María, proponiendo que las cuatro comunas potencialmente beneficiadas realizaran un aporte de $275 cada una para avanzar con el estudio técnico. En su nota, Curi aclaraba que, si bien esa suma no estaba prevista en ninguna partida presupuestaria, sería posible recuperarla con facilidad mediante el apoyo de las fuerzas vivas, la organización de festivales, bonos de cooperación y otras iniciativas comunitarias. La carta llevaba además el aval técnico y administrativo del contador municipal de Andalgalá, Ramón José García Álvarez.
Al día siguiente, Miguel Curi informó al presidente del Rotary Club sobre las notas enviadas y expresó formalmente su respaldo a la instalación de una antena repetidora en Capillitas, confirmando que la propuesta ya estaba en movimiento a nivel regional.
El paso decisivo llegó poco después, cuando los cuatro intendentes se reunieron en el municipio de Belén. Allí firmaron los acuerdos necesarios para avanzar con la iniciativa y resolvieron invitar al municipio de Pomán a sumarse al proyecto, ampliando aún más el alcance territorial de la futura repetidora. Asimismo, se estableció que el intendente de Santa María iniciara, a la mayor brevedad posible, las tratativas necesarias para concretar el estudio técnico. De este modo, lo que había comenzado como una inquietud del Rotary Club se transformó en una acción conjunta, inédita para la época, en la que municipios e institución comenzaron a caminar juntos hacia un mismo objetivo: llevar comunicación, integración y progreso a las poblaciones del oeste catamarqueño.
Pues la ciudad de San Fernando del Valle y zonas Este de Catamarca desde el 7 de marzo de 1971 ya gozaba de los beneficios de la televisión. El 16 de febrero de 1973 teniendo el gobernador los resultados emite un decreto declarando de interés provincial la señal de difusión en el oeste, en su artículo dos encomienda a la Subsecretaría de Obras y Servicios Públicos la ejecución de todas las etapas necesarias para lograr el éxito de la obra, según el expediente B-05614-1969 de 1973
Con los acuerdos firmados y el proyecto en plena ejecución, la iniciativa para acceder a la repetidora de televisión en Capillitas comenzó a materializarse con hechos concretos. Los primeros cheques emitidos por el Banco de Catamarca, destinados a la obra denominada “Acceso Ruta Nacional N.º 63 (Hoy ruta provincial n° 47) a la repetidora T.V. Agua Chileno–Capillitas”, se libraron entre el 22 de mayo y el 15 de octubre de 1973, un monto total de $113.000, destinados al pago de obreros y proveedores.
El 31 de mayo de 1973 se registraron los primeros egresos, correspondientes a trabajos de herrería realizados por Ambrosio Bugna. En los meses siguientes se sumaron pagos a distintas firmas comerciales y proveedores, entre ellos, Bizzotto e Hijos S.C., Casa Giordani, San Cayetano y Stella Mary. A estos gastos se agregaron aportes a la obra social I.P.P.S. y el costo de diez viajes del camión municipal, fundamentales para el traslado de materiales y personal hacia la zona de obra.
Paralelamente, se emitieron facturas de pago a Pablo Vivanco, Lindor Bustos, Salvador Mercado, Raúl Ramos, Ramón Brizuela, Teófilo Fuenzalida, Armando Uribio, Pascual Molina, Paulino Bustos, Humberto Medina, Eulogio Funes, Abraham García, Roberto Alba y Darío Alba. Estos egresos totalizaron, hasta el 29 de octubre de 1973, la suma de $29.452,10.
Este monto no incluye los jornales abonados a los obreros que trabajaron directamente en la apertura del camino, tarea que se realizó entre marzo y agosto de 1973, bajo la dirección del ingeniero Máximo Amayo. En ese período, los salarios y compensaciones alcanzaron la suma de $105.985,68.
Los fondos eran enviados desde la Subsecretaría de Obras y Servicios Públicos, a cargo de Antonio Arancibia, hacia la Municipalidad de Andalgalá, entonces administrada por el intendente Pedro Silverio Sotomayor, con la intervención de su contador Néstor Dominici. El convenio entre las partes, con el aval del Honorable Concejo Deliberante de Andalgalá, fue formalizado mediante el Decreto C.P.N. N.° 570, el 4 de abril de 1973.
Posteriormente, y tras la tramitación del Expediente S-7912-1973, el nuevo gobernador, Hugo Alberto Mott, quien había asumido el 25 de mayo de ese año, ratificó lo actuado por el gobernador saliente, mediante el Decreto N° 2555, con fecha 12 de noviembre de 1973.
En el marco de las obras que se desarrollaban en Capillitas, el 17 de julio de 1973 el ministro Arturo Albarracín recibió una nota del intendente de Andalgalá, Pedro Silverio Sotomayor, en la que se proponía una alternativa poco habitual para la época: la contratación de un helicóptero con el fin de facilitar las tareas en la zona de montaña.
La aeronave dependía del Plan del NOA 1 Geológico-Minero, perteneciente al Instituto Miguel Lillo de Tucumán, y su utilización permitiría acelerar el traslado de materiales y personal hacia los sectores de difícil acceso en los cerros de Capillitas. Sin embargo, tras ser evaluada, la iniciativa no logró avanzar. Los riesgos operativos que implicaba el uso del helicóptero en un terreno agreste y de condiciones climáticas cambiantes hicieron que esa idea finalmente fuera descartada.
En la obra del camino trabajaron 35 obreros, bajo la supervisión del ingeniero Máximo Amayo. Cada trabajador percibía un jornal de $34, más una compensación diaria de $6 en concepto de comida. El camino construido alcanzó una extensión aproximada de 7 kilómetros, abriendo paso definitivo hacia uno de los proyectos de comunicación más significativos del oeste catamarqueño.
La obra avanzaba, pero lo hacía lentamente, y esa demora comenzaba a generar inquietud en las distintas comunas del oeste catamarqueño, que aguardaban con expectativa la llegada de la tan ansiada señal televisiva. El paso del tiempo y la falta de resultados concretos alimentaron la impaciencia y las comparaciones inevitables con otras provincias.
El 23 de diciembre de 1974, a las 19.30 horas, se produjo un hecho histórico llegó a la región la señal televisiva de Canal 9 de La Rioja, que transmitía para su repetidora Canal 13 de Chilecito. Dicha antena había sido instalada por el gobierno de Carlos Menem en el cerro de Famatina, recibiendo la emisión de Canal 7 de Buenos Aires.
La situación no pasó desapercibida y dio lugar a críticas directas hacia la “pachorra” catamarqueña. En ese contexto, se escucharon expresiones duras que reflejaban el clima de época:
“…no sabemos las reales y verdaderas causas de tal demora, aunque se dijo más de una vez que no se podía trabajar en invierno por la rigurosidad del mismo, pero lo cierto es que va para largo y aún no pasa nada”.
En respuesta a las gestiones realizadas, la Subsecretaría aclaró que el COMFER no había autorizado la instalación de la repetidora de televisión destinada al servicio del oeste catamarqueño, ni había asignado la frecuencia solicitada el 14 de marzo de 1973. Esta falta de habilitación oficial se convirtió en uno de los principales obstáculos administrativos del proyecto. A ello se sumaba una dificultad técnica: la antena de Los Heladitos no lograba ingresar la señal televisiva numerosos sectores bajos del departamento Tinogasta. Ante esta limitación, se evaluó la posibilidad de instalar la antena en los cercanos Nevados del Aconquija, aproximadamente mil metros más arriba, con el objetivo de mejorar la cobertura.
Sin embargo, esta alternativa también fue descartada. El COMFER no autorizó el cambio de emplazamiento, ya que la mayor altura de emisión implicaría una interferencia de señal sobre otras jurisdicciones, como Salta y Tucumán, provincias que ya contaban con canales propios de televisión. Entre todas las triangulaciones observadas Farallón Negro no podía recibir la señal por su ubicación geográfica, por lo cual a futuro se pensaba instalar una antena repetidora.
No obstante, para ese momento la obra ya mostraba avances significativos. Se habían habilitado 7 kilómetros de camino, de un total proyectado de 15,5 kilómetros, y se encontraba montado aproximadamente el 40 % de las columnas correspondientes a la línea eléctrica, sobre una traza total de 5.824 metros. Asimismo, se había adquirido el equipamiento completo, compuesto por dos grupos electrógenos de 20 kW cada uno, junto con sus tableros, accesorios, transformadores y materiales para la red eléctrica. Paralelamente, se había iniciado la construcción de la usina y de la vivienda destinada al encargado.
Quedaba aún pendiente la autorización del COMFER, organismo responsable de aprobar la instalación de antenas, equipos electrónicos, pantallas, mástiles y sistemas de protección, elementos indispensables para la puesta en funcionamiento definitiva de la repetidora.
A pesar de estas demoras administrativas, para 1976, y aun sin estar instalada la estructura definitiva del Globo, comenzaron a realizarse nuevas pruebas de transmisión, un paso clave para volver a comprobar la viabilidad técnica del sistema en plena montaña y sostener un proyecto que, pese a los obstáculos, se negaba a quedar inconcluso.
En ese contexto, el 20 de noviembre de 1976, el intendente Jorge Acevedo recibió en Andalgalá a una delegación de técnicos de Canal 12, quienes arribaron a la ciudad con el objetivo de verificar el estado y funcionamiento de los equipos. En un gesto de colaboración institucional, el jefe comunal emitió una resolución mediante la cual autorizó a Contaduría Municipal a cubrir los gastos de comida de los técnicos durante su estadía y paso por la ciudad.
El hecho, aunque administrativo en apariencia, reflejó el compromiso concreto del municipio con un proyecto que, aun sin su emblemática estructura erigida, ya comenzaba a dar señales de vida en las alturas de Capillitas.
Ante ese escenario, en julio de 1976 se convocó al ingeniero de origen salteño Augusto Avilés, recibido en la Universidad de Córdoba y radicado en Catamarca desde 1968. En ese momento, Avilés se desempeñaba en la Dirección Provincial de Arquitectura y Urbanismo, a cargo de Eduardo Gallo, dependencia que respondía a la Subsecretaría de Obras y Servicios Públicos.
Su misión fue desarrollar un proyecto técnico integral, junto a la jefa del departamento Soria de Juliani, que permitiera resolver los desafíos extremos que imponía la montaña. Avilés comprendía que construir con hormigón a 4.200 metros de altura presentaba serias dificultades: el fraguado se volvía lento, irregular y el material podía resultar quebradizo. Pues ya tenían la experiencia con la construcción de la usina que se cayó tres veces durante su construcción.
Por ese motivo, las primeras pruebas se realizaron en las dependencias de la Dirección de Aguas, en El Jumeal, donde se fabricaron las piezas que luego serían ensambladas en altura. Estas debían soportar vientos de hasta 200 km/h, nevadas superiores a los dos metros y movimientos sísmicos, condiciones extremas propias de la zona. En estas tareas lo asistieron los técnicos Vergara y Pacheco.
La solución adoptada fue tan audaz como innovadora: una estructura de superficie de doble curvatura, concebida para resistir la fuerza del viento y lograr que su centro de gravedad coincidiera con el centro geométrico, garantizando así la estabilidad frente a los movimientos de la tierra. Una vez trasladados a la montaña los moldes y las placas de cemento que darían forma a una casa ovoide, se procedió a cavar y levantar doce columnas de gran porte; entre ellas, y como si se tratara de un tejido estructural, se ensamblaron cuidadosamente las piezas de cemento armado, dando origen a una construcción tan singular como resistente.
Según datos aportados a un diario de la época, por el propio Avilés, en 1976 esta estructura ovoide era única en el mundo, al menos por su tamaño y altura de emplazamiento. Si bien el diseño recordaba al modelo de viviendas producidas desde 1968 por el arquitecto finlandés Matti Suuronen, la construcción de Capillitas fue, en esencia, una obra singular e irrepetible. No sólo por su ingeniería, sino por su ubicación: 4.200 metros sobre el nivel del mar.
Más allá de su función técnica, el lugar reúne atractivos paisajísticos excepcionales, con un enorme potencial turístico aún poco explotado. La experiencia indica que sería necesario contar con casillas de resguardo para los visitantes, ya que a esa altura y según la época del año el clima puede cambiar en cuestión de minutos, sorprendiendo incluso al viajero más precavido.
Para garantizar el funcionamiento continuo de la antena repetidora de Canal 12, fue necesario construir una usina eléctrica ubicada a 16 kilómetros en línea recta de la antena principal. Este edificio cumplía un rol clave y contaba con baño, cocina y dormitorio, además de una pequeña sala donde se alojaban dos motores diésel marca Deutz de 20 kW, destinados a generar energía eléctrica monofásica. La electricidad producida en la usina era transportada mediante un tendido de seis kilómetros en línea recta hasta la repetidora.
La Dirección Provincial de Energía, a cargo de José A. Cisneros, contrata un encargado que supervise el funcionamiento de los motores y red de alimentación de la antena. Este fue Vicente Pio Berbel “Chicho” hoy de 87 años. Recuerda que a pedido del Intendente Acevedo, y tras meditar la propuesta, Berbel renunció a su trabajo en Farallón Negro, donde se había desempeñado durante nueve años a cargo de los almacenes generales de la minera, para asumir la responsabilidad de operar la repetidora de Los Heladitos, tarea que desarrolló durante más de una década. En el lugar contaba con la asistencia de dos auxiliares de apellido Suárez.
Para la comunicación entre la usina y el Fuerte de Andalgalá se utilizaba una radio UHF/VHF, fundamental en un entorno de difícil acceso. Cada vez que Berbel debía llegar hasta la antena, recorría un camino zigzagueante de aproximadamente 18 kilómetros, una travesía que se volvía especialmente compleja cuando el clima era adverso.
En esos casos, el Globo ofrecía resguardo: en su interior no sólo albergaba los equipos transmisores, sino también un dormitorio, cocina y baño, a los que se accedía mediante una escalera externa. La estructura ovoide era de 16.060 de ancho en su radio por 7.040 de alto, una superficie de 113,0624 m2, pensada para resistir las condiciones extremas de altura y clima. La transmisión televisiva se vio interrumpida a fines de 1988, reactivándose hacia finales de 1990. Sin embargo, con la llegada de las señales satelitales en 1992, Canal 12 dejó definitivamente de transmitir su señal desde este punto hacia los sectores vinculados.
Lamentablemente, en los últimos años, parte de la estructura exterior del Globo ha sufrido roturas, posiblemente producto del vandalismo. Por ello, resulta necesario que los entes responsables asuman la reparación y el mantenimiento de esta obra, que no sólo fue clave para la historia de las comunicaciones, sino que constituye hoy un verdadero monumento departamental, símbolo de ingenio, esfuerzo y visión de futuro en las alturas del oeste catamarqueño única en el país y América.
La Usina eléctrica y la antena repetidora fue inaugurada el 23 de abril de 1977 en horas de la mañana para este importante acontecimiento vino el Gobernador coronel Jorge Carlucci, el comando del tercer cuerpo del Éjército Teniente Coronel Carlos Varela, secretario general de la gobernación Teniente Cnel. Ramón Santulario, jefe de la Policía y jefe de investigaciones mayor Juan Rauzzino y comisario inspector Antonio Guzmán. En la comitiva el director de la Universidad de Catamarca Dr. Agustín González del Pino, el Intendente de Capital Sr. Arnoldo Aníbal Castillo. El director de Energía Ingeniero José Alberto Cisneros “Tatin”. El director de Arquitectura y urbanismo Ingeniero Eduardo Gallo además del presidente del directorio de canal 12 Sr. José Domingo Bonaldi, el gerente de producción Ingeniero Alejandro Blaes, el jefe de mantenimiento Sr. Roberto Muñoz y el periodista Gustavo Tolbi, esta comitiva estaba agasajada por el Intendente Jorge Acevedo.
Esta es la historia de cómo, entre cartas, mulas, cerros y esfuerzo humano comenzó a gestarse una obra que simbolizó el esmmpeño colectivo por romper el aislamiento y acercar al oeste catamarqueño al resto del país. El Globo de Los Heladitos no es sólo una estructura en la montaña: es el testimonio de una época en la que la comunicación también se conquistaba paso a paso, cerro arriba.
Texto y Fotos: Colaboración de Claudio B. Balsa - Investigador
Fuentes: Archivo Histórico Municipal de Andalgalá
Archivo privado Carlos Gallo
Diario El Sol de Catamarca 3/1/1975
Diario La Unión 6/11/1977