domingo 26 de junio de 2022

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28 de mayo de 2022 - 01:10

Comparar el estado edilicio de los templos permite constatar que la Iglesia Universal cumple con mayor unción que su colega Católica el precepto cristiano popular “a Dios rogando y con el mazo dando”

Una semana atrás, El Ancasti publicó un artículo sobre la ruinosa situación de la capilla del Señor de los Milagros, ubicada en La Tercena, Fray Mamerto Esquiú, que fue levantada en 1793, es Monumento Histórico Nacional y conserva nada menos que la pila bautismal del Beato.

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Rumbo a la ruina. La Iglesia del Señor de los Milagros, en La Tercena, que guarda la pila bautismal de Esquiú.

Rumbo a la ruina. La Iglesia del Señor de los Milagros, en La Tercena, que guarda la pila bautismal de Esquiú.

Ante el evidente deterioro material del edificio, el año pasado se hicieron las habituales promesas de intervenciones para evitar que la infraestructura siga avanzando hacia el colapso, hasta el momento incumplidas. A estos inconvenientes edilicios se suma la inseguridad: ya se robaron una campana de bronce y la pila de Mamerto debe ser guardada bajo llave para no correr la misma suerte que el corazón sustraído del templo de San Francisco.

En contrapartida, el templo de la Iglesia Universal ubicado en Vicario Segura y República está impecable. Obviamente es más moderno, pero el asunto pasa por una concepción diferente a la católica, apostólica y romana en el ejercicio de la fe.

El sitio donde se celebran las ceremonias evangelistas se sostiene con el diezmo de los fieles, que los líderes espirituales destinan a mantener las instalaciones en condiciones dignas, sin descuidar otras funciones.

No se sabe si el diezmo de los católicos será de volumen similar, pero sí que sus líderes espirituales se limitan, en lo que a mantener los templos se refiere, a pedigüeñar el auxilio estatal. Así es como la iglesia del Señor de los Milagros se suma a la lista de templos que rumbean hacia el derrumbe mientras la Madre Iglesia aguarda que el Gobierno los salve, confiados en que la providencia divina los mantendrá en pie mientras tanto. El caso de San Francisco, en el casco céntrico capitalino, es paradigmático en este sentido.

Hay una diferencia abismal en términos de compromiso. Los evangelistas no mezquinan lomo y bolsillo para sostener los lugares en las que celebran su credo; a los jerarcas católicos no les aflige oficiar misas, casamientos, bautismos y comuniones aunque los feligreses tengan que participar atajándose de revoques desprendidos y goteras, esquivando cables pelados.

Y eso que a la Iglesia Católica no le faltan recursos como para tener sus edificios hechos un chiche y encima es financiada por el Estado.

Esto, por no hablar de que abdica de la responsabilidad de preservar un patrimonio histórico y cultural valiosísimo que pertenece a toda la sociedad, independientemente de la posesión material. n

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