miércoles 1 de abril de 2026
Cara y cruz

Circuitos impunes

La recuperación de 50 kilómetros de tendido eléctrico robado y la detención de 6 personas devolvió al primer plano de la agenda policial el tema del saqueo de las redes energéticas y las dificultades que las fuerzas de seguridad y la Justicia tienen para combatir este tipo de delitos.

Los pesquisas estiman que la banda habría comenzado a operar en diciembre, desmantelando la red eléctrica en un tramo comprendido entre Saujil y Andalgalá, sobre la ruta provincial 46.

Los registros dan cuenta de un incremento de la modalidad, que obedecería menos al rigor de la crisis económica que a la relativa facilidad con que puede llevársela adelante en Catamarca. La relación riesgo-beneficio es muy atractiva y surge de los mismos operativos que lograron las últimas incautaciones: la banda llegó a acumular 50 mil metros de cable, cuya venta arrojaría utilidades superiores a los 150 millones de pesos.

Pocos días después de que cayera esta pandilla, el robo de un transformador y decenas de metros de cable especial que estaban instalados en la Costanera Este de la localidad de San Isidro, departamento Valle Viejo, aguó las celebraciones oficiales por el golpe propinado al delito. El transformador sustraído pertenecía a la Municipalidad de Valle Viejo y el perjuicio superaría los 44 mil dólares, ya que antes se habían robado equipamiento para media y baja tensión, incluyendo aisladores, lámparas y cables.

Robar cables y transformadores requiere de algún grado de competencia para no electrocutarse y de logística para transportar lo robado, lo cual ya debería reducir bastante el universo de sospechosos.

El transformador de la Municipalidad de Valle Viejo, por ejemplo, estaba ubicado aproximadamente a tres metros de altura. Los saqueadores se tomaron el tiempo necesario para sacarlo. Después de desconectar los equipos de la alimentación, los vacían del aceite refrigerante para alivianar el peso. Luego les quitan los soportes o agarres y si no pueden tumbarlos empujando, con una soga los atan a vehículos o caballos para luego tirarlos al suelo y llevarlos.

Todo un trabajo, pero es más llamativo que no se pueda dar con los reducidores de los botines en Catamarca, que por lógica deberían ser menos que los ladrones.

Los elementos se roban para extraer y comercializar el cobre y el aluminio, de modo que se requiere una tarea para despojar a los artefactos de lo superfluo. Piénsese en lo que demanda sacar el plástico de 50 kilómetros de cable de media tensión, aún quemándolo.

Podría ser que se transportara todo a otras provincias, donde se realizaría la limpieza, pero esto también demandaría una organización para asegurar la circulación de utilitarios con transformadores y rollos de cable. En teoría, no debería ser difícil de localizar.

En febrero de 2021, un clan familiar fue capturado cuando trasladaban tres bobinas de cobre de 40 kilos cada una, siete rollos de cable subterráneo de alta tensión y otros tantos de distintas medidas, junto a herramientas como una escalera extensible fibra de vidrio de 10 metros y una pértiga (vara) aislante de alta tensión.

El hallazgo generó expectativas de que la Justicia pudiera avanzar en el combate a una modalidad delictiva que hacía estragos. Decenas de emprendimientos productivos ubicados a la vera de las rutas 33 y 38 habían presentado denuncias penales luego de que sus instalaciones eléctricas fueran saqueadas.

Los resultados de las investigaciones fueron menesterosos o nulos. En cualquier caso, nunca se pudo desmontar un circuito completo.

Este reverdecer del negocio indica que las bandas continúan operando y que hará falta bastante más que un golpe espectacular para neutralizarlas.

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