lunes 4 de julio de 2022

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Editorial

Brecha que se expande

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24 de mayo de 2022 - 01:10

La educación pública es una herramienta que empareja, que otorga oportunidades a las niñas, niños y adolescentes que provienen de sectores vulnerados y que es facilitadora de movilidad social ascendente. Sin embargo, los déficits que presenta, los escollos que enfrenta a diario, la colocan en desventaja frente a la educación privada, a la que acceden los sectores de mayores ingresos. En ese contexto, la educación pública no termina de cumplir acabadamente su función igualadora y la inequidad termina expandiéndose.

Un informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano reveló que hay una gran diferencia entre la cantidad de estudiantes graduados de las escuelas públicas con respecto a la de los colegios privados. Esa distancia se registra a nivel nacional y también en Catamarca.

En Argentina solo egresa el 39,2% de los estudiantes de las escuelas públicas, mientras que en los establecimientos privados asciende al 75.7%. En nuestra provincia, los porcentajes son de 36,1 y 63,8, respectivamente. El estudio hace un corte en el 2019, pero otros trabajos con datos contundentes confirman que la pandemia, que comenzó un año después, ha profundizado la brecha.

El informe consigna que en Catamarca, entre 9.389 alumnos que comenzaron primer año del colegio secundario en 2014, solo 4.205 lo finalizaron seis años después, en 2019. La Rioja graduó al 58% de sus alumnos secundarios en el lapso estudiado. Ciudad de Buenos Aires lo hizo con el 54%, y San Luis, con el 52%. En Santa Fe esa cifra fue de apenas 31%; en Santa Cruz, de 35 %, y en Salta, de 36%.

Los colegios privados, muchos de los cuales reciben subsidio estatal, tienen más recursos que las escuelas públicas, cuyo presupuesto no alcanza para cubrir los cuantiosos gastos en sueldos, equipamiento, mantenimiento de la infraestructura existente y construcción de nueva infraestructura. Esa diferencia incide, más temprano que tarde, en profundizar la desigualdad.

Las históricas dificultades económicas que padecen los sectores más empobrecidos de la sociedad repercuten en la tasa de escolaridad de la educación pública. Muchas niñas, niños y adolescentes deben abandonar la escuela por este condicionamiento: o porque no tienen ni siquiera los recursos mínimos para asistir, o porque deben salir a trabajar desde edad temprana para aportar a los gastos del hogar.

Son estos condicionamientos presupuestarios y económicos los que determinan las diferencias, y no otras basadas en factores de incidencia menor. El esfuerzo y el mérito siempre son valiosos, pero las restricciones derivadas de la pobreza siempre influyen más en el progreso de la trayectoria educativa.

La brecha educativa solo podrá acortarse en la medida en que el presupuesto de la educación pública sea suficiente para garantizar la calidad en la prestación, y siempre y cuando, también, los niveles de pobreza bajen de tal manera que las chicas y los chicos no deban desertar para colaborar con la economía de sus propias familias.

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