miércoles 1 de abril de 2026
GARAMOND 11

Viene Lamberti

Por Juan Francisco Uriarte

Luciano Lamberti es un escritor cercano, antes que nada. Es cercano porque es cordobés, está vivo, viene escribiendo en caliente hace años, y aunque hace otros tantos juega a trabajar de escritor profesional (vive en Buenos Aires, incluso), se mantiene atento en las entrevistas, amable con sus lectores y, sobre todo, activo e interactivo en sus redes. Parecería estar hablando sobre un caretón al estilo de algunos cordobeses emigrados que prefiero no nombrar, o de algunos porteños que construyen sus perfiles virtuales con una sapiencia mucho más calculada que la que aplican al fraguar y desarrollar sus tramas literarias, livianitas como likes. Pero no, Lamberti no es de esos.

Aunque vivo, Lamberti maneja la distancia (cercana) del chaqueño Carlos Busqued. De algún modo, son lo que tipos del estilo de Bukowski hubieran hecho de vivir en el siglo Veintiuno; de haber tenido redes, Bukowski hubiera tuiteado más o menos como “Carlitos”, o como este otro escritor que “juega” en Twitter, este tal Lamberti que, aunque presente online, casi siempre parece estar sumergido offline en lo que ya es una secuencia de escritura a la que, de momento, no se le observa fin.

Me es cercano Lamberti, además, porque lo conocí en Córdoba cuando él aún vivía ahí (no ya en su San Francisco natal, sino en la capital cordobesa), y su primer libro de cuentos, El asesino de chanchos, ya era mitología contemporánea de la que muchos hablábamos sin haber leído.

En esa Córdoba saturadísima de lectores todos lo leímos, ahí sí, cuando salió El loro que podía adivinar el futuro, esa colección de cuentos editados por la siempre con buen olfato editorial Nudista, que nos conquistó.

Quienes leímos El loro en ese 2013 (año en que, por ejemplo, se reeditó la mejor novela argentina de esa década, El traductor de Salvador Benesdra), quedamos no sólo obnubilados por ese realismo terrorífico y extraño que hoy ya adquirió el epíteto de lambertiano, sino por la firme sensación de que, como luego aconteció, la pluma de Lamberti estaba para otras cosas más allá de la galaxia inmensa pero aún limitante del cielo cordobés.

Desde entonces hiló una seguidilla de obras entre las que hubo dos nuevas series de cuentos, una novela biográfica sobre un episodio en la vida de Samuel Beckett, reediciones de obras antiguas y La masacre de Kruger, un policial apocalíptico que continuó cimentando su capacidad creadora.

Y así llegamos al 2023, a la vigésimo sexta edición del Premio Clarín de Novela, donde Para hechizar a un Cazador fue elegida ganadora por un jurado conformado por Ana María Shua, Samanta Schweblin y Carlos Gamerro.

Y más allá o más acá del Premio Clarín, Para hechizar a un Cazador viene a confirmar lo que ya se intuía, con Lamberti: que tiene en mente un ecosistema literario propio, con reglas que él mismo moldea y varía, con una construcción de tramas que no necesariamente buscan impactar rápido, pero que cuando pegan consiguen hacerlo con precisión quirúrgica.

El anuncio en la contratapa del libro cuenta que son palabras de Gamerro “esta obra se mete de lleno en los horrores de la última dictadura”, y si bien la trama transcurre dentro del mar de mierda que era nuestro país en aquellos años, la manera de construir el relato, con capítulos como cápsulas de voces distintas que van y vienen del presente al pasado, no es una novela dictatorial.

Con una atmósfera más policíaca más que terrorífica, y más politicona que esotérica, en lugar de emparentarse con la archileída Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez, quizás está más cerca de El huésped de la mexicana Guadalupe Nettel, sobre quien inevitablemente tendré que escribir pronto, también.

De momento, les suelto una invitación: porque Luciano Lamberti llega este sábado a Catamarca, y no sólo vendrá a presentar Para hechizar a un cazador, sino que, ese mismo día, dará un curso de escritura para los interesados en aprender ese arte que él, desde hace años, practica henchido de gracia.

La cita es este sábado a las 16hs. en la Biblioteca Julio Herrera (San Martín 429), para el taller “Nuevos monstruos”. Y a las 19, el mismo día y en el mismo lugar, el autor recorrerá su obra al presentar su última y más preciosa joyita.

Intenten no privarse de tremendo acontecimiento.

Esto fue Garamond 11. Hasta la próxima, lectores.

Por comentarios, críticas o sugerencias de lecturas venideras: [email protected]

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