miércoles 1 de julio de 2026

Riquelme y Fabbiani, dos que siguen en duda

Román está con un problema en su pie derecho y hace diez días que está entre algodones, mientras que el Ogro iría al banco por cuestiones tácticas. Ambos, podrían ser claves para sus equipos en el superclásico.

Que Juan Román Riquelme tiene un problema en el pie derecho, está inactivo hace diez días y está más afuera que adentro. Que Radamel Falcao García tiene una contractura en el aductor izquierdo y tampoco podría jugar. Al fin y al cabo, las principales figuras de ambos conjuntos están enmarcadas en un gran signo de interrogación.

Sin dudas, los jugadores que los reemplacen (seguramente Nicolás Gaitán o Leandro Gracián en Boca y Cristian Fabbiani en River) si ellos no juegan intentarán potenciar su rendimiento para cumplir las expectativas depositadas en ellos. Y aquí es donde termina de explicarse el argumento antes mencionado, en el esfuerzo extra de cada uno de los protagonistas para no defraudar.

Lo mismo para Gaitán y Fabbiani, quienes también podrían tener su estreno en Superclásicos, aunque el de River deberá pagar la cuota con un precio superior debido a sus advertencias de buen rendimiento en La Boca.

Si en la previa de la nueva edición del Boca-River se atomizaran los problemas de uno y otro, y se analizaran sus contenidos, se llegaría a la conclusión de que las bacterias potencialmente más peligrosas están del lado de los de Núñez.

Es que el tránsito lento de Boca por el torneo Clausura no impide que su sistema digestivo siga su curso normal por las poderosas fuerzas que le otorga su andar armonioso por la Copa Libertadores.

En cambio, en River el alimento siempre queda atascado en la garganta por el andar irregular tanto en el ámbito doméstico como en el internacional, y un resultado adverso en este Superclásico podría darle lugar a un escenario más bien complicado.

Pues bien, clarificado este asunto, podrá volverse al popular los clásicos son partidos aparte sin caer en el abuso de frases fabricadas en cadena de producción.

Uno de los argumentos, quizás el más importante, para sostener esa teoría, comienza en la cantidad de inconvenientes que deberán sortear los entrenadores para conformar las alineaciones iniciales.

Es por eso que Daniel Vega, en su primer Superclásico, deberá responder con creces, sobre todo por el piso resbaladizo en el que caminan los arqueros de River.

Luego se podrá hablar de la motivación que generará La Bombonera colmada, de las posibilidades de uno u otro equipo de acercarse a los líderes del torneo (River suma 15 puntos y Boca, 11) y las consecuencias que una victoria o una derrota puede traer consigo.

En el mientras tanto, 1.100 policías controlarán un partido que será arbitrado por Gustavo Bassi, juez del último Boca-River en La Bombonera, con victoria local por 1-0 con gol de Sebastián Battaglia.

Lo cierto será que a las 15, cuando la pelota empiece a rodar, comenzará a vivirse un espectáculo de lujo. Mientras tanto, bacterias, gérmenes o demás partículas, contaminantes o no, deberán congelarse hasta el final del partido, o en el mejor de los casos sentarse en un microscópico lugar a disfrutar de él.
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