viernes 3 de abril de 2026
Chinta

Un jardín para dialogar

Editorial El Guadal presentó su nueva colección de poesía de escritoras catamarqueñas contemporáneas. Celia Sarquís y Estefanía Herrera mostraron sus nuevas obras.

Las chinitas florecen en muchos colores; desordenadas son hermosas, aunque también se las puede ordenar: juntar todas las naranjadas, las rosadas, las violetas, las amarillas; zinnias, estoy escribiendo sobre las zinnias, por si en sus provincias no las llaman así. Las chinitas también son esas niñas o mujeres que dependiendo de la voz que la diga puede ser un halago, un mimo o bien un reto. Aquí en Catamarca, El Guadal Editora pensó en la poesía de las chinitas poetas que están escribiendo actualmente. “He construido un jardín para dialogar”, dice Diana Bellessi y eso es Chinita, la nueva colección de poesía que propone El Guadal con poetas catamarqueñas contemporáneas. Chinitas que escriben y viven poesía. Poesía en mil distintos tonos de verdes.

Se emprendió la tarea de unir las chinitas Celia Sarquís y Estefanía Herrera en una colección de poesía en verde. Esta colección, que reúne en un principio a dos poetas destacadas del medio literario de Catamarca y sumará, más adelante, otras poetas mujeres, surge de la necesidad de dar cuenta del nuevo mapa literario. Las poetas han adquirido una presencia tan fuerte que es indispensable dejar registro. Si bien hay registros emblemáticos de mujeres pioneras como Emilia Azar de Hurtado, Hilda Angélica García, Rosario Andrada y María Elena Barrionuevo, en este momento están coexistiendo generaciones de poetas mujeres que están trabajando en una nueva sensibilidad dentro de la poesía catamarqueña.

Los dos primeros títulos de Chinita son La tierna ferocidad de los días de Celia Sarquís y Diestra de Estefanía Herrera. Ellas, poetas de reconocida trayectoria en el medio literario, cuentan con libros publicados, premios y distinciones. Celia Sarquís ha publicado los libros de poesía La voz del río (1988), Y le tira la lengua a la memoria (1996) y El Hueco en la piedra (2008). Sus dos novelas más recientes Eulalia, la rebelión de las polleras –que editada hace cuatro años, lleva ya cuatro reediciones- y Felipe Varela, caudillo de la libertad, centradas en las figuras emblemáticas de Eulalia Ares de Vildoza y del caudillo federal, respectivamente. Además su producción abarca antologías, ensayos y literatura infantil, dirige grupos literarios y actualmente está a cargo de la Dirección de Bibliotecas y Archivo de la Provincia.

Por su parte, Estefanía Herrera cuenta con su libro Desnuda (2021), libro que lleva ya tres ediciones por parte de la editorial tucumana Puerta Roja y ha sido becada por el Fondo Nacional de las Artes para completar su próximo libro Escribir la muerte; dirige el Ciclo de Poesía Verde Comunión y colabora en revistas regionales.

“Como me enseñó Celia, una suerte de madre literaria, con las chinitas hay que cosechar y repartir sus semillas, plantarlas, regarlas y dejarlas florecer. Ellas harán lo suyo. Estefanía, mi hermana de la poesía, me dijo que las manos como las palabras, aunque heridas, pueden reparar otra herida, mientras tejemos, bordamos una nueva idea de libro o poema. Estos vínculos, forjados allá en el 2011 bajo el ala del taller literario Los Innombrables que dirigía Celia y que Estefanía y yo asistíamos con la premura de escribir y ser guiados, se refuerzan hoy en estos libros de poesía. Esa madre literaria que es Celia para nosotros nos resuena completamente cuando leemos: quiero inventar unos zapatos/cómodos, blandos, transparentes, /quiero ver a mis hijas andar por la vida/con zapatos transparentes porque en el andar se ve lo andado”, expresó Víctor Aybar, uno de los cerebros de El Guadal.

Incluso estos vínculos se extienden no solamente en el valle catamarqueño sino que cruzan la Ruta Nacional 38 para llegar a Tucumán, pasa el verde Totoral y llega a Santiago. Las poetas Zaida Kassab y Gabriela Álvarez, en el prólogo de Estefanía, escriben: “Diestra se lee entre versos cargados de una profundidad que nos obliga a cuestionarnos qué tanto hemos cargado y cargamos como mujeres con el poder de nuestras manos. La irreverencia se contagia y nos nutre”.

Celia Sarquís dice, al consultarle sobre su nuevo libro: “Siento que La tierna ferocidad… es casi una concepción de vida: asumir esa mixtura de sensaciones extremas que se da en la cotidianeidad de los días, no ya como una tensión, sino más bien como elementos integrados. Contiene mucho de contemplación, del ida y vuelta entre la naturaleza y el paisaje interior, de la relación entre poeta y mundo”.

En tanto que Estefanía Herrera sobre Diestra cuenta que “es el entretejido de historias de manos, desde donde escribo, son las manos que trazaron tramas en mi vida y en la de otros. Quizá también sea una manera de homenajear este instrumento que nos hace felices y nos conecta con un ‘otre’: escribir, tocar, abrazar, rozar, cocinar, acariciar. Esta propuesta llega en un momento donde reafirmo que la escritura también es una herramienta de resistencia, comunión y compromiso”.

“Frente a este momento adverso para la cultura por los recortes a nivel nacional, como editor rescato el esfuerzo de El Guadal Editora por aventurarse a definir y redefinir la escena literaria catamarqueña y les presento, a manera personal, pero apoyado incondicional e indiscutiblemente por esta hermosa casa que hemos hecho de Guadal con Gonzalo Reartes, José Astrada y Laura Sali la Colección Chinita. ¿Qué hacer en estos tiempos de caos, individualismos y presiduende absurdo y violento? Las mujeres de mi vida me enseñaron lo siguiente: mirar el cielo y el horizonte para ver lo que se viene; guardar la fruta, la proveeduría, las semillas; proteger el brote nuevo, sostener el que quedó en pie. Sostener. Unir esfuerzos y también, ¿por qué no? los refuerzos; y sobre todo tejer, tejer mucho para el invierno que se viene”, consideró el editor.

Un nombre, una metáfora

Gonzalo Reartes, Laura Sali, Víctor Aybar, José Astrada y Walter Reartes, un grupo de amigos, tuvo un proyecto. Tenían interés en publicar trabajos que amplíen el corpus de estudios sobre historia, literatura, arte y filosofía. “Escritos de nuestra situación histórica que nos permitan comprender, transformar y valorar este territorio. Somos un proyecto independiente que aporta a la bibliodiversidad. Destinamos la producción a jóvenes estudiantes y profesionales de las humanidades, a organizaciones y movimientos sociales, a agrupaciones de trabajadores y comunidades rurales. Como naciente industria cultural ofrecemos nuestros servicios a interesados. La línea editorial se inscribe en las humanidades, y atendemos a diferentes voces, saberes y escrituras de estos valles, quebradas, ríos y guadales”, explicaron.

El nombre “El Guadal” tiene un significado muy importante. Los guadales son ese infinito polvo finito, tierra suelta como talco, sinuosas, agresivas e incómodas superficies inertes, suelo blandito; le dicen “caza bobo” de distraídos en los caminos. Sin embargo, en los costados aparece pasto cortito a flor de tierra, y en los márgenes las gramíneas van dando lugar a las tusquitas, algarrobitos, chañarcitos, jarillales y maravillas. El Guadal nació como nacen las ideas, por azar, por accidente, por fuerza, por confluencias o coincidencias de inquietudes e interese. Emergió con la certeza que incluso en zonas tan estériles y áridas como la que plantea nuestro nombre editorial, hay fertilidad a flor de tierra. Quizá sea una metáfora de Catamarca.

Texto: Basi Velázquez

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