domingo 9 de agosto de 2026
PABLO RODRÍGUEZ

"La mejor guitarra todavía no la hice"

Comenzó a construir instrumentos de manera autodidacta, mientras estudiaba Medicina Veterinaria. Con el tiempo, sus guitarras llegaron a Europa. Hoy, desde su taller en el barrio San Ramón, combina la investigación, la construcción y la docencia.

La mejor guitarra todavía no la hizo. Pablo Rodríguez lo dice después de 25 años dedicados a la luthería, un oficio al que llegó casi por casualidad y que terminó convirtiéndose en una forma de vida.

Cuando tenía poco más de 20 años estudiaba Medicina Veterinaria en la Universidad de Río Cuarto y comenzó a acercarse a la construcción de instrumentos a partir de una inquietud por la madera y la música. El comienzo fue autodidacta, en una época en la que internet recién empezaba a abrirse camino y conseguir información técnica era mucho más difícil que hoy.

La luthería, además, era un oficio de secretos. El conocimiento pasaba de generación en generación o se transmitía dentro de los talleres a quienes lograban ingresar como ayudantes. Rodríguez comenzó desde otro lugar: buscando, probando, investigando y aprendiendo con las herramientas que tenía a su alcance.

Con los años, la curiosidad se convirtió en método. Sus primeros trabajos fueron reparaciones, restauraciones y arreglos que llegaron de boca en boca. Pero el desarrollo de su trabajo lo llevó a estudiar instrumentos históricos de grandes constructores como Enrique García, Francisco Simplicio y Manuel Ramírez.

Ese recorrido le permitió comenzar a vender sus guitarras en Europa a partir de 2015. Uno de los momentos más importantes de su trayectoria llegó con la reconstrucción de una guitarra de Francisco Simplicio, uno de los grandes nombres de la luthería de comienzos del siglo XX. El instrumento, basado en un modelo de 1924 y con una compleja talla de Orfeo tocando la lira en ébano, fue uno de los desafíos más importantes de su carrera y llegó a ser exhibido en una galería especializada de Francia.

La historia de Pablo Rodríguez no es la de un artesano que busca irse para crecer. Aunque reconoce que muchos luthiers argentinos desarrollaron su carrera en Europa, él lo dice con claridad: “Yo pertenezco acá”.

- ¿Cómo llegaste a la luthería?

Cuando era adolescente tenía la inquietud de aprender a tocar la guitarra. Esa inquietud de músico aficionado después me llevó a despertar la pasión por la luthería. Yo estudiaba Medicina Veterinaria en la Universidad de Río Cuarto y siempre tuve la inquietud de trabajar con la madera. Siempre estaba haciendo algo con madera y trabajar con la madera, con las manos y la música, todo se va encontrando y va tomando forma en uno.

Comencé aproximadamente a los 22 o 23 años, de forma autodidacta. En esa época recién comenzaba internet y era muy difícil conseguir información desde el punto de vista técnico. La luthería siempre fue un oficio de cierto hermetismo: los conocimientos pasaban de familiares o de gente cercana que trabajaba como ayudante en los talleres.

Después tuve una pequeña formación académica en la Escuela de Luthería de Tucumán, donde aprendí sobre las herramientas, las técnicas de construcción, el afilado, la tecnología de las maderas y todo lo relacionado con cuestiones específicamente técnicas. Eso fue mi punto de partida para desarrollar el oficio.

- ¿Cómo fueron tus primeros pasos hasta convertir esa inquietud en un trabajo?

Básicamente, comencé con muchos arreglos, muchas reparaciones y restauraciones. Todo fue progresivo. Fui mejorando con los años. Los primeros trabajos llegaron de boca en boca, por recomendación de un músico a otro y así se fue dando.

Yo básicamente lo vi siempre como un desafío y una inquietud. Para mí, la luthería es una pasión, una cosa en la que realmente toda mi vida está basada: ir al taller, comprar madera, proyectar instrumentos. Hacer un instrumento lleva varios meses y hasta años, porque hay que comprar las maderas y dejarlas varios años para que estén estabilizadas, bien estacionadas y sean óptimas para construir un instrumento profesional de calidad.

-En ese camino también tuviste que construir el lugar desde donde trabajar. ¿Cómo fue conseguir tu propio taller?

Yo estoy acá en el barrio de San Ramón hace dos años y medio. Compré una propiedad. Son muchos años para poder comprar una propiedad y poder tener mi propio taller.

Para un artesano es muy difícil tener su lugar propio. Es un cuesta arriba muy complejo. A mí me llevó muchos años, muchos años de trabajo y de desarrollo lograr tener mi propio taller.

Hoy en día hay mucha accesibilidad a las herramientas. Antes era prácticamente imposible conseguirlas. Hoy, manejando cierto presupuesto, uno puede armar un taller con herramientas profesionales y específicas para este oficio. Pero llegar a tener ese presupuesto y ese espacio también lleva mucho tiempo.

- ¿Qué significa para vos construir una guitarra?

Para mí la luthería es una pasión. Es una cosa en la que realmente toda mi vida está basada: ir al taller, comprar madera, proyectar instrumentos.

Yo me especializo en la fabricación de guitarras clásicas, de concierto, españolas. Para construir un instrumento de calidad se necesita mucha técnica y mucha práctica, y eso se logra con los años.

Es importante que el luthier sepa tocar la guitarra. Yo trabajo con mucha gente que toca música académica, concertistas de guitarra. Esa gente tiene el oído y el tacto muy desarrollados y sabe específicamente lo que quiere. Lograr entender eso para poder hacer un instrumento profesional requiere muchos años de desarrollo, investigación e intuición.

- ¿Qué papel juega la investigación en tu trabajo?

Yo soy una persona que investiga muchísimo. Mi taller es prácticamente un laboratorio de acústica, porque estoy investigando constantemente cómo funciona un instrumento y cómo puedo sacar el máximo provecho de la madera sin irme de lo tradicional.

Tuve la fortuna de poder estudiar instrumentos históricos, tenerlos en mis manos, medirlos y escuchar cómo suenan. A partir de ahí fui desarrollando mi propia construcción.

La guitarra española funciona como una orquesta. Tiene que tener potencia, sustain, buena separación de voces y un sonido equilibrado entre los graves, los agudos y los medios. Tiene que ser un instrumento que responda a la obra y a la ejecución.

-Uno de tus trabajos más importantes fue la reconstrucción de una guitarra de Francisco Simplicio. ¿Qué significó ese desafío?

Hice una réplica de una guitarra de Francisco Simplicio de 1924. En la cabeza tiene tallado en ébano a Orfeo tocando la lira. Es un trabajo de marquetería muy complejo y fue un desafío muy grande.

También tuve la fortuna de conocer al maestro Luis Soria, un guitarrista que vive en Francia y que en una época dictó clases en la Universidad de La Rioja. Él era coleccionista de guitarras antiguas e históricas y me mostró sus instrumentos. Fue un gran maestro porque me permitió conocer cuál era realmente el sonido de una guitarra profesional, de concierto, de élite.

-Tus instrumentos llegaron a Europa, pero elegiste seguir trabajando desde Catamarca. ¿Por qué?

Tengo amigos que se fueron a vivir a Europa y les va muy bien construyendo instrumentos. Pero eso no está en mi plan porque yo pertenezco acá.

Además, soy maestro en la Escuela de Artesanía y quiero dejar un legado de enseñanza. Hace muchos años que doy talleres de construcción de guitarras y charangos. Era una enseñanza que básicamente no existía acá en Catamarca.

Yo formé a varios que están trabajando. Hay mucha inquietud, mucha gente capaz, con muchas posibilidades y mucho potencial.

- ¿Qué lugar ocupa la luthería dentro de la identidad artística y cultural de Catamarca?

La luthería es un eslabón importantísimo dentro del desarrollo cultural. Todas las personas que hacemos cultura, cualquiera sea la incumbencia que tenga cada uno, somos parte de un patrimonio vivo. Somos parte de una comunidad y de una sociedad.

La idea mía es compartir el conocimiento, transmitirlo y que en Catamarca pueda haber más constructores de instrumentos musicales. Es una provincia que tiene mucha tradición y mucha cultura folklórica.

- ¿Qué estás desarrollando actualmente?

Estoy desarrollando un modelo de guitarra más moderno y contemporáneo: una guitarra de nylon, una guitarra criolla, pero con caja semihueca. Tiene la forma del cuerpo de una guitarra eléctrica, pero cuerdas de nylon.

Es un instrumento que tiene la parte tradicional de la guitarra clásica y también la parte tecnológica que necesita el músico hoy.

La idea es proyectarla hacia el músico que toca música folklórica y música nacional. Busco lograr un instrumento con buen sentimiento acústico y sonoro, cómodo y construido con buenas maderas y buena microfonía.

Hay instrumentos similares que son muy costosos y no están al alcance de todos. Entonces lo que busco es hacer una guitarra accesible, pero que tenga las prestaciones, la calidad y las características de un instrumento profesional.

Ese es el proyecto en el que estoy trabajando ahora. Ya llevo dos años desarrollando prototipos y el concepto del instrumento. La mejor guitarra todavía no la hice. Mi mejor guitarra todavía no la hice. Está por venir.

Por último, dejó una reflexión: "Todas las personas que hacemos cultura somos parte de un patrimonio vivo, de una comunidad. A veces no se nos ve, no se nos valora como se debería. Me refiero a artesanos, a artistas muy talentosos que no tienen la visibilidad suficiente para mostrar lo que hacen".

Texto: Pablo Vera

Fotos: Ariel Pacheco

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