domingo 27 de septiembre de 2026
Tinogasta

La loma de la Oración y la Cruz de los Milagros

Cuando llegué a El Pueblito, un lugar del distrito Cerro Negro, Tinogasta, donde había nacido, pero según mis padres no había vivido en ese lugar, ya que a los pocos días de mi nacimiento se trasladaron a la ciudad de Tinogasta, donde crecí, estudié, formé mi familia y he desarrollado mi vida laboral. Por motivos que no vienen al caso, en un momento de mi vida me trasladé a la Ciudad Capital de Catamarca, pero volvía con mucha frecuencia a Tinogasta, ya que desde esta localidad hasta la capital hay cerca de 300 kilómetros.

Siempre he tenido en mi mente y en mi corazón la idea de construir algo en mi pueblo natal, El Pueblito, pero como mis padres habían vendido todo, no lo podía hacer, pero en un momento dado y cuando menos lo esperaba, pude comprar las propiedades de mis primos hermanos, y luego una casona que había sido de mi tío, y que también la había vendido.

Cuando me transformé en propietario de tierras en ese lugar amado, amado por distintos motivos, especialmente porque allí vivió mi abuela paterna, una mujer llena de amor y muy inteligente, que supo enseñarme las cuestiones elementales de la vida, aunque ella se fue de este mundo cuando yo había cumplido apenas 13 años.

Cuando tomé posesión de lo adquirido fue un día muy feliz, veía a mis antepasados sonreír y estar de acuerdo con mi llegada, veía a mi abuela que me animaba para hacer algo distinto en ese lugar, veía a mis padres sonreír porque uno de los descendientes había vuelto.

Pero si bien conocía el lugar y a la mayoría de los habitantes, nunca viví allí y tampoco había compartido con ellos, de modo que era todo nuevo. Así empezó mi inserción en el lugar, tratando con todos, empezando a conocer la idiosincrasia.

La casa donde yo había nacido por muchos años fue iglesia y hoy es la casa parroquial, está al lado del callejón de la Virgen. Caminé por todos lados recordando los paseos con mi abuela, y más de una vez la emoción me embargaba, pero reía al recordar las travesuras que de niño hacía y que la abuela disfrutaba.

Pregunté y pregunté y volvía a preguntar, quería saber todo, así fui aprendiendo todo lo del pueblo, pero cuando llegué a una loma de poca altura, allí frené mi curiosidad, ya que esta loma era conocida como la Loma de la Oración y la Cruz de los Milagros.

¿Por qué?- dije. Y la respuesta no se hizo esperar, una mujer de edad avanzada sonrió y dijo: “Vos sos el curioso, el que anda preguntando de todo, aquí se sabe todo, y debes tener en cuenta el dicho que indica que a los curiosos los lleva el diablo. Yo te voy a contar, pero esto que contaré es como que perdió vigencia, ya casi nadie se acuerda, sólo los viejos recordamos el porqué del nombre de ese lugar.

La cosa es así, según nos contaban los viejos, que esa loma no había cruz, sólo una loma pelada de tierra mezclada con ripio o arena gruesa, algún cardón pequeño, plantas de ali, jarillas, alguna pichana, una que otra retama, y eso era todo. No había siembra en el lugar pues no era adecuado el suelo principalmente por su sequía permanente. Pero todos subían a la loma, por un motivo u otro subían.

Cuando una mujer no podía tener hijos, subía a la loma, quizá pensando que así estaban cerca del Señor y hacerle un pedido para que escuche, como susurrándole al oído. Cuando la lluvia no llegaba, subían a la loma, quizá para orar, porque a ese que subía a la loma, desde la distancia, se lo veía mover los brazos, elevándolos hacia el cielo. Cuando un hijo se iba a trabajar en Comodoro Rivadavia, la madre subía a la loma y rezaba pidiendo por su bienestar.

Una vez escuché a un viejo que le costó subir a la loma y cuando bajaba decía gracias Señor por escucharme, cada vez que te pido, siempre estás.

Y con el tiempo y la costumbre la simple loma, pasó a llamarse la Loma de la Oración, ya que nadie rezaba en voz alta, se sentaban en una piedra y dejaban que el pensamiento se transforme en oración.

Una tarde de verano, sorprendió al pueblo, unos visitantes que llegaban desde la localidad de Los Sauces, provincia de La Rioja, era un hombre mayor y su nieto que montados a caballo, llegaron a la loma y, en el lomo de una mula traían dos palos de garabato, tan duro como el quebracho.

Dónde los ponemos?, dijo el abuelo. Y allí contó que este joven que lo acompañaba había estado enfermo gran parte de su vida, y que había sanado después que su madre subiera a la loma, a rezar y prometer algo, señalando hacia arriba donde está el Señor.

Acto seguido, armaron la cruz con los palos de garabato, la subieron junto con Don Dionisio, un hombre del pueblo, que se encontraba en el lugar, excavaron con mucho trabajo y la pararon haciendo un gran esfuerzo pues era muy pesado. No le pusieron cruz, era sólo madera rústica para que aguante el clima del lugar, allí quedó la cruz.

Al día siguiente subió Doña Feliciana que vivía en el bajo, tenía a su marido enfermo, que se había accidentado con una rastra, dejó en la cruz, después de rezar, un pañuelo atado. A la semana siguiente el marido de Rosa ya caminaba sin problemas.

La noticia de las bondades de la loma empezó a divulgarse y de pronto fueron muchos los que concurrían a la loma a rezar, pedir, suplicar y a más de uno se lo vio llorar.

Un día que Don Antonio colgaba un rosario de la cruz, observó que de tantas visitas que caminaban por la loma, había dejado al descubierto unas piedras blancas, era, lo que se podía ver, un caminito de piedras, Don Antonio se agachó, se puso en cuclillas y con la mano empezó a limpiar para saber si ese caminito de piedras blancas seguía o estaba sólo allí, pero como le ardían las manos, cortó una rama de jarilla y con ella empezó a barrer el lugar. Fue descubriendo piedra por piedra con un gran cuidado, y continuaba.

Había pasado media hora de limpieza y advertía que esas piedras blancas daban forma a una cruz, en principio no quería dar rienda suelta a su entusiasmo de ser él quien encontrara la cruz de piedra, pero quería cerciorarse bien que era correcto lo que estaba descubriendo o lo que pensaba que era.

Al cabo de una hora, ya era nítida una “T” formada por las piedras blancas, con más entusiasmo seguía la limpieza hasta que de pronto la cruz quedó al descubierto. Reía, lloraba de alegría y su fe era tan grande que consideraba una gran señal positiva para el favor que había ido a pedir en la loma, cayó de rodillas y fue el primero, y sin proponérselo, que rezó a viva voz, casi gritando.

Luego el pueblo sabría del cumplimiento de la petición de Antonio, pues su esposa que no podía quedar embarazado, no sólo que se embarazó, sino que al momento del parto supo que eran mellizos.

Don Ramón tenía un inconveniente con su majada que no se reproducía, y algo reticente subió a la loma, pidió para que solucionara su problema, y al momento de la parición de las ovejas, estas se multiplicaron con normalidad.

Así que a partir de ese momento tanto la gran cruz de madera como la cruz de piedras blancas formaban parte del santuario popular que nadie había impuesto, nació de la oración y del lugar elegido para ese acto de fe que se fue multiplicando con el tiempo.

De pronto, desde la distancia, la cruz de madera se podía ver cargada de cosas de distintos colores, es que se había llenado de crucifijos, cadenitas, flores, ropa, mechones de cabellos, una ovejita hecha con el cuero, en fin, pendían del madero, todo tipo de cosas, de acuerdo con la petición que se realizaba.

M’hijo, quizá usted no crea lo que le digo, pero todo esto ocurría cuando había mucha gente en el pueblo y pueblos vecinos, todas esas construcciones de barro que están rotas, abandonadas, algunas en estado de tapera, y otras que si prestamos atención se puede ver sólo un montón de barro, han sido propiedad de familias numerosas que por distintos motivos se han ido en busca de mejores horizontes.

Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia albergan a gran cantidad de descendiente de estos pagos, muchos lo niegan, pero esa es la verdad. Me contaba un vecino de El Pueblito, que todos los que viajaron a la explotación petrolera en el Sur, se fueron pensando en lo mismo, trabajar un tiempo, mejorar la casa en el pueblo, y luego regresar, pero casi nadie cumplió con ese pensamiento, aunque hubo algunos que juraron volver.

Usted puede ver los rastrojos llenos de yuyos, son muy pocos los que están en producción, pues la población es muy poca y las políticas no ayudan, ya que muchos se quedan con los planes sociales y no hacen otra cosa.

Poco a poco, así como la producción fue disminuyendo, la fe, la oración en la loma fue decayendo, hasta ser olvidadas completamente. La cruz de madera se cayó, el tiempo la hizo desaparecer y nadie más volvió a colocarla. Muchas veces pienso en eso y ruego que alguien regrese con fe y pueda revivir a esa cruz que tantas soluciones nos ha dado.

Lo que le cuento m’hijo es lo que los abuelos me contaban, porque cuando yo era chica, ya la cruz estaba muy rota en el suelo, el sol, las lluvias habían causado enorme daño en la madera, al tiempo volví y sólo había una línea oscura en el lugar donde quedó tirada la cruz de madera, sólo estaba viva y brillante la cruz de piedras”.

Me quedé mirando a la señora, no podía creer todo lo que contó, y estoy seguro de que omitió muchas de las ayudas que la Loma de la Oración y la Cruz de los Milagros, concedieron. Seguramente la memoria le jugó una mala pasada, quizá para no redundar.

Pero la sorpresa de todo lo que escuché me llevó a que en ese mismo momento visitara el lugar, al llegar fue como que algo me envolvía, era como un aire muy suave que rodeaba mi cuerpo y en ese momento sentí una tranquilidad total, una paz cargada de silencio y esperanzas.

De la cruz de madera no había ningún rastro, nada, pero la cruz de piedra estaba, pero tapada en algunos lugares por la arena de la loma. La limpié con la mano y recordó lo que me contaban del señor que la descubrió y en ese momento sentí alegría.

A partir de ese momento y cada vez que voy al pueblo, sin pensarlo, voy a visitar La Loma de la Oración y la Cruz de los Milagros.

Texto Y Fotos: Colaboración de Oscar Hugo Alaniz

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